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SUEÑOS DE LIBERTAD

SUEÑOS DE LIBERTAD

El día que ingresé a la celda lo primero que hice fue ponerme a escribir las sensaciones de miedo que me rodearon al ver que había perdido la libertad. Las peleas con cuchillos se veían por todas partes y la guardia se vendía por un peso. Recuerdo que la primera frase que escribí fue: cuando yo me encontraba afuera , dice Hernán Casanova, uno de los internos de la penitenciaría La Picota y que junto con otros veinticinco compañeros, asiste cada martes a las 10 a.m., a la biblioteca del penal para tomar el taller de elaboración de libretos para televisión que dicta el libretista Gustavo Bolívar.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

El día que ingresé a la celda lo primero que hice fue ponerme a escribir las sensaciones de miedo que me rodearon al ver que había perdido la libertad. Las peleas con cuchillos se veían por todas partes y la guardia se vendía por un peso. Recuerdo que la primera frase que escribí fue: cuando yo me encontraba afuera , dice Hernán Casanova, uno de los internos de la penitenciaría La Picota y que junto con otros veinticinco compañeros, asiste cada martes a las 10 a.m., a la biblioteca del penal para tomar el taller de elaboración de libretos para televisión que dicta el libretista Gustavo Bolívar.

La mayoría de ellos purgan penas entre quince y treinta años. Unos por secuestro, otros por asesinato y algunos alegan que están allí por errores de la justicia. Saben que físicamente no tienen posibilidad de disfrutar de la libertad. Pero desde que están asistiendo a este curso, estos hombres han logrado liberar sus ilusiones en las historias que plasman en los cuadernos escolares.

Casi todos sueñan con que estas sean adaptadas para TV y el público advierta sus frustraciones, sus arrepentimientos, pero también conozca que a pesar de los errores cometidos en contra de la sociedad, tienen la esperanza de rehabilitarse y volver a hacer parte de ese mundo que hoy los rechaza.

Para Gustavo Bolívar, libretista de Pandillas: guerra y paz afirma que la idea no es descabellada porque ha encontrado historias que fácilmente pueden ser llevadas a la pantalla. Tienen mucho contenido humano y conmueven porque describen sus sueños de libertad .

Angel García que hace parte de las mesas de trabajo de resocialización, dice que cada uno de ellos tiene historias para contar con estilos diferentes. Su compañero Luis Vera advierte que en las cárceles han nacido grandes historias de la literatura. Yo en particular no tengo una historia específica, pero don Gustavo nos está dando herramientas para crearla .

Oscar no quiere fotografías. Cuenta que nunca ha escrito una frase. No soy ducho como algunos de mis compañeros, pero quiero aprender y acepté venir porque creo que en un programa como Pandillas se muestra la realidad de la vida. Allí se muestra cómo algunos delinquen no porque les guste sino porque las necesidades los obligan como ocurre en la realidad. Y sí me gustaría escribi r una historia en la que muestre que así como algunos tuvimos el valor de cometer un delito y por eso estamos pagando, también tenemos la debilidad para llorar por un hijo enfermo o por la muerte de la mamá .

Las historias.

El primer muerto en la historia de Antonio Bravo, condenado a 20 años por lesiones personales, según se queja, e s un perro. El animal muere atropellado por un lujoso carro, un regalo que un pudiente comerciante le envía a una joven amante. El rico comerciante se inventa una rifa ficticia para entregárselo. Pero la muchacha tiene un accidente en ese carro. Es auxiliada por un hombre que resulta ser el chofer del comerciante. Este luego descubre que su mujer lo engaña y cuando saca su revólver para... Dejemosla ahí porque entonces se pierde el misterio del cuento , aclarando que la historia es imaginada.

Abelardo Lesmes paga una condena de 21 años, pero por buen comportamiento y trabajo se la han rebajado a 18. Dice que mató a un hombre accidentalmente. Perdió a su esposa y estuvo a punto de ahorcarse cuando estaba en La Modelo. Mi idea es escribir mi historia y mostrarle a la gente que no todos los que estamos en una cárcel somos delincuentes y que esta desgracia le puede pasar a cualquiera .

La clase termina dos horas después. Gustavo les deja como tarea elaborar el perfil sicológico de un hombre que planea fugarse de una cárcel (tema planteado por ellos mismos) para demostrar que es inocente. También les pide que definan si debe ser un político, un gamín, un profesor o un comerciante.

Los alumnos se levantan y salen del aula con sus ilusiones bajo el brazo.

FOTO/Carlos Julio Martínez EL TIEMPO.

Angel García, Abelardo Lesmes y Hernán Casanova y Luis Vera se sienten útiles con estos talleres.

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