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UNA AMBICIÓN QUE NUNCA TUVE

UNA AMBICIÓN QUE NUNCA TUVE

Como lo anuncié en carta publicada en EL TIEMPO el 27 de agosto, deseo referirme al contenido de la extensa grabación dictada por el ex presidente Guillermo León Valencia y publicada en L. D. del 24 de agosto p.p., que por ser inexacta e inverídica en su mayor parte, es necesario clarificar para precisar hasta donde sea posible la verdad histórica de lo ocurrido según la expresión del ex presidente.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de septiembre 1997 , 12:00 a. m.

Reitero mi incomodidad por tener que referirme a personas ya fallecidas, pero para la redacción de la presente he consultado a algunos de los protagonistas que aún viven y que me han ayudado a reconstruir la secuencia de los hechos que para mí fue desconocida en su mayor parte. Procuraré seguir el mismo orden en el que el ex presidente se refiere a los hechos.

Fui nombrado ministro de guerra por el ex presidente sin previa consulta, el nombramiento me cayó de sorpresa; posteriormente me explicó que lo había hecho así porque tenía algunos problemas políticos al respecto. Con muchos meses de antelación y por solicitud del ex presidente, ya presidente electo, habíamos sostenido una conferencia en la casa de un amigo común en la que le informé sobre la situación del Ejército, del cual era Comandante, sus problemas y algunas de las posibles soluciones. No tuve otro contacto hasta ser nombrado ministro.

El Plan Lazo no fue conocido por el doctor Alberto Lleras Camargo bajo cuya presidencia serví como Comandante del Ejército durante más de dos años. Estoy seguro de que si lo hubiera conocido lo habría aprobado porque el doctor Lleras conocía muy bien mis ideas sobre las causas sociales, políticas y económicas de la violencia, que había conversado con él cuando recién nombrado Comandante del Ejército di a la prensa unas declaraciones exponiendo esas ideas, que causaron especiales comentarios en los círculos políticos y en los medios. Dicho Plan lo presenté al Comando General de las FF.MM. unos dos meses antes de terminar el mandato del doctor Lleras y me fue devuelto sin aprobación por dicho Comando. Debo dejar aquí mi expresa constancia de gratitud y respeto por el insigne mandatario que se preocupaba personalmente por los sucesos que alteraban el orden público y con quien me mantuve en permanente contacto durante su presidencia.

El Plan Lazo elaborado con la colaboración del Estado Mayor del Ejército que contaba con oficiales muy eficientes, algunos de los cuales habían integrado el Batallón Colombia en la campaña de Corea, contenía elementos nuevos para enfocar la lucha contra la violencia y se basaba en el reconocimiento de las causas políticas, sociales y económicas del fenómeno y, en consecuencia, buscaba luchar contra esas causas. Para su acción involucraba la colaboración de otros ministerios y necesariamente requería tanto la aprobación y respaldo del Presidente como de la buena voluntad de los ministros. El Plan fue presentado en el primer Consejo de Ministros que se celebró en el Palacio de San Carlos y fue aprobado por el Gobierno en pleno.

Coincido con el ex presidente que la aprobación del plan y el apoyo que le dio fueron decisivos para la pacificación del país que se logró a fines de 1964 y sin reserva alguna reconozco que el respaldo del ex presidente a la labor del Ministro de Guerra y de las Fuerzas Armadas fueron determinantes para el éxito que se obtuvo. El Ministerio de Guerra y las Fuerzas Militares tuvieron el respaldo y apoyo del Gobierno, sin interferencias de ninguna clase y al mismo tiempo unieron sus responsabilidades. Es importante anotar que también en el Congreso se le brindó importante respaldo al Plan Lazo, a pesar de algunas voces disidentes que no causaron impacto.

Como constancia histórica es de anotar que el Plan no fue totalmente comprendido y aceptado en sus aspectos novedosos por algunos de los Altos Oficiales, que tenían reservas sobre la aplicación de la Acción Cívico Militar, la Acción Sicológica, la transformación de todo el Ejército en una Fuerza antiguerrillera. Esta incomprensión es posible que haya sido determinante en la actitud de los generales que intervinieron directamente en la crisis de enero de 1965. En cambio, la oficialidad subalterna que sufría más de cerca la acción del bandolerismo puso en práctica todos los aspectos tácticos nuevos del Plan porque palparon inmediatamente la forma como cambiaba favorablemente la actitud de la población civil y especialmente del campesinado para con las tropas especialmente en el ofrecimiento de colaboración para la captura de los bandoleros. Se cumplía así la filosofía del Plan que era la de sustraerle al bandolerismo el caldo de cultivo que significaba la simpatía de la población civil. Se le quitaba el agua al pez de la guerrilla que, según la frase de Mao Tsé Tung, era indispensable para el éxito guerrillero.

Tiene razón el ex presidente cuando afirma El general nunca pensó en aspirar a la Presidencia, sino en ser un excelente ministro pacificador del país . Quien se dirigió a mí como el Ministro de la Paz fue el director de EL TIEMPO, en ese momento Roberto García-Peña, en un almuerzo en el Hotel Tequendama, al que asistía el Presidente y el Embajador de Estados Unidos, señor Freeman. Pero considero que el título de Presidente de la Paz que ha recibido el ex presidente Valencia es merecido porque desarrolló una política de Estado contra la violencia, aplicó las normas constitucionales y legales a su disposición para la conservación del orden público y no interfirió en forma alguna las atribuciones del Ministro de Guerra para adelantar la acción restauradora del orden público, que a principios de 1965 estaba completamente normalizado. Con motivo de la conmemoración del centenario de la Policía Nacional, en una publicación esta institución expresó que durante dicho año de 1965 la Policía Nacional no tuvo un solo muerto por causa del desorden público.

Aspiración honesta Parece que el distanciamiento con el ex presidente vino a raíz del discurso del Tequendama por su apreciación de que dicho discurso entrañaba una ambición política ulterior, ambición que tengo que reiterar nunca tuve durante el ejercicio de mi cargo como Ministro. Posiblemente los prejuicios se incubaron del lado del ex presidente y de los políticos que le dieron esa equivocada interpretación. Cuando el señor Manuel Castellanos, ciudadano eminente y patriota, presidente de la Sociedad de Agricultores, me manifestó su deseo de ofrecer un homenaje al Gobierno y a las Fuerzas Armadas con motivo de la pacificación del país, obviamente lo consulté con el Presidente, quien fijó la fecha para su celebración. Al mismo tiempo me manifestó que me comisionaba para contestar el ofrecimiento del doctor Castellanos. Debo advertir que el homenaje no era para el Ministro de Guerra y en las invitaciones se decía como un homenaje en honor del señor Presidente y de las Fuerzas Armadas . Ya está confirmado por las declaraciones del doctor Alberto Zalamea, actual embajador en Roma a la revista Semana, que él no intervino para nada en la elaboración del discurso. Debo reiterar que no tuve contacto alguno personal o político con el doctor Zalamea, mientras estuve en el Ministerio y que nuestras relaciones se iniciaron después de mi salida cuando fundamos con otros amigos el Movimiento Democrático Nacional. Esto deja sin piso toda la especulación del ex presidente sobre la posible influencia que Alberto Zalamea habría estado ejerciendo sobre mí, pero sí parece revelar las consejas que personas interesadas pudieron estar llevando al ex presidente sobre este particular.

En cuanto al texto del discurso, que tanto elogio merece al ex presidente, debo declarar que fue elaborado exclusivamente por mí y no fue influido en cuanto a su contenido por nadie. Desde luego que no quise limitarme a hacer un discurso inocuo, sino que pretendí contribuir al esbozo de unas soluciones al remedio de las causas sociales, políticas y económicas de la violencia, que ya había tratado en otras ocasiones, como en un reportaje que fue profusamente comentado recién posesionado del Comando del Ejército. La reforma de las estructuras ya la había mencionado en una entrevista televisada que me hizo la doctora Esmeralda Arboleda de Uribe al regreso de mi viaje a Israel en 1964. La propuesta de adoptar la Justicia Social como un Propósito Nacional la había hecho en un editorial de la Revista del Ejército en febrero de 1962. Al recopilar todas esas ideas en un solo texto y en la oportunidad en que se agradecía a las Fuerzas Armadas sus sacrificios en sangre y esfuerzos por la pacificación, mi discurso estaba inspirado en mi honesta y tal vez ingenua aspiración de que la paz obtenida sirviera para que la situación mejorara en beneficio de los campesinos que habían sido los más golpeados con la tremenda violencia fratricida. Nunca pasó por mi mente en esa ocasión o después el pensamiento de una intervención en política, de una posible candidatura y menos de un golpe de estado. El discurso lo entregué personalmente al Presidente con la debida anticipación y también se lo di a conocer al General Rebeiz, quien no le hizo comentario alguno.

El Retiro La forma como se produjo mi retiro causó en mí una enorme repulsión que no me permitió tratar posteriormente este tema con los generales que fueron en algún grado protagonistas del hecho. No quise averiguar nada y solo la publicación de la grabación del ex presidente me ha impelido a preguntarles lo que recuerden, con la desventaja que representan 32 años de distancia, ante el imperativo de dejar establecida la verdad histórica . He consultado con los generales Jaime Fajardo, Gerardo Ayerbe, Alfonso Mejía, Alvaro Valencia Tovar, Gabriel Puyana, José Jaime Rodríguez, Vicealmirante Orlando Lemaitre, general Mariano Ospina Navia, Tte. Coronel Jorge Méndez Galvis, entre otros. Por este motivo los recuerdos no han sido uniformes, pero permiten establecer el cuadro general con bastante exactitud, dejando en la oscuridad los motivos profundos, subjetivos y verdaderos que llevaron al General Rebeiz a proceder como lo hizo para llegar al Ministerio de Guerra con tanta facilidad.

Como antecedente se presentó un paro general convocado por la UTC que algunos apreciaron como subversivo, que llevaba envuelta una amenaza contra la estabilidad del gobierno. En el Ministerio se celebró una reunión de Comandantes de Brigada, en la cual se analizó la situación nacional en relación con el paro. El suscrito recomendó a los Comandantes desarrollar el máximo de prudencia en las intervenciones de las tropas para evitar derramamiento de sangre o ejercicio excesivo de la fuerza. Expresé mi concepto de que el paro era ilegal, pero que no le concedía el carácter de subversivo. En esta conferencia parece que surgieron algunas dudas que el General Rebeiz, como Comandante General, aclaró en una reunión posterior, de la cual me informó. El paro no se llevó a a cabo, entre otras causas, por mi posición como ministro que fue expresada al doctor José Gutiérrez, asesor político en esa época de la UTC. La forma como expresé esta posición al doctor Gutiérrez, por teléfono desde el mismo recinto del Consejo de Ministros, se la comuniqué inmediatamente al presidente Valencia, añadiéndole que en mi concepto ya no habría paro, como efectivamente sucedió. El doctor José Gutiérrez, con quien almorzaba en el Club Militar, cuando fui llamado por el Presidente el 28 de enero, consignó el siguiente testimonio sobre ese suceso en una columna que publicó posteriormente con motivo de la negativa que en un principio dio el Senado a mi ascenso al grado de General: Pero se dice que (Ruiz) fue desleal al presidente Valencia y que fue conspirador ... Impotentes para saber la verdad estamos obligados a aportar cuanto conozcamos a fin de dilucidar tan graves hechos ante la conciencia de los hombres responsables, que son los que no condenan ni absuelven sin haber juzgado. He aquí, por lo tanto, un testimonio personal: como organizador de la amenaza de paro nacional hace un año en mi calidad de asesor político de la UTC tuve que ver de cerca con las actuaciones del general Ruiz Novoa y pude formarme un juicio de sus actuaciones como funcionario y militar, así como de sus intenciones políticas... Fue mi intención protestar ante el general Ruiz Novoa por la ligereza del Presidente, cuando divulgó una conversación privada con quién (el R.P. Vicente Andrade) había concurrido a Palacio preocupado por la situación y deseoso de prestar su colaboración. Ruiz me aseguró entonces que a más de transmitir al Presidente las consideraciones de esta propuesta, le informaría sobre la opinión que había podido formarse respecto a las intenciones del proyectado paro, que él juzgaba pacíficas. En el curso de la conversación avanzó su concepto diciendo que él no daría orden al ejército de disparar contra el pueblo si las intenciones del movimiento eran tales (pacíficas). En conversación posterior y ante la incomprensión demostrada por otros ministros en el curso de las discusiones finales destinadas a llegar a un acuerdo con el Gobierno, pude apreciar que quien mejor comprendía las intenciones obreras era precisamente Ruiz Novoa. Por esta razón me permití comunicarme con él la víspera del proyectado paro y le pedí que hiciera públicas las informaciones que había hecho en privado y divulgara sus intenciones pacíficas. Me respondió que él ya había hecho esto en sus conversaciones con el Presidente y en un discurso ante los oficiales de las Fuerzas Armadas. Agregó el general que yo podía hace de estas conversaciones el uso que a bien tuviera. Argí entonces al ministro que, en cuanto a lo primero, consideraba que la conciencia pública no había podido aún formarse una opinión porque desconocía estas actitudes, y que en cuanto a mí se refería, no estaba en posición de divulgar las afirmaciones de mi interlocutor ante personas que evidentemente no participaban de su criterio y por el contrario demostraban contra él un antagonismo que después se hizo evidente. Entonces el general se negó rotundamente a dar a la publicidad sus intenciones, por cuanto juzgó que coincidirían con otros hechos y podrían prestarse a erróneas interpretaciones. En vista de lo cual y cumpliendo con mis funciones de asesor sindical comuniqué a los dirigentes obreros la contradicción política de Ruiz; y estoy seguro de que esto contó en el ánimo de ellos de manera definitiva, pues hasta entonces habían visto en él no sólo al funcionario justo sino al hombre pacifista dispuesto a cualquier renunciación para mantener los derechos populares... Estos son los hechos que en forma responsable tendría que considerar quien quisiera formarse un juicio serio sobre la infamia que se quiere cometer con un hombre que, antes que político, ha sido un militar de honor .

Cronología del 28 de enero De mis conversaciones con las personas mencionadas anteriormente he podido establecer que los hechos se sucedieron, más o menos, en el siguiente orden: 1. El general Rebeiz llegó antes de las nueve de la mañana al Comando de la Brigada y ordenó al brigadier general Omar Gutiérrez, el acuartelamiento de la Brigada. Al Tte. coronel Jorge Méndez Galvis, Cdte. del Batallón Colombia, unidad que había sido trasladada desde Tolemaida, con motivo del paro laboral, se le ordenó presentarse a las 7 de la mañana al Comando de la Brigada y allí fue retenido hasta las cinco de la tarde.

2. A las 10 a.m. el general Rebeiz reunió el Comando General a algunos generales, entre ellos a los generales Ayerbe, Fajardo y Mejía, y les manifestó que hablaría con el Presidente para presentarle su renuncia porque se encontraba en desacuerdo con mis actuaciones como ministro. Es de anotar que nunca se ha dicho cuáles eran dichos desacuerdos. Es posible que en esta reunión los generales apoyaran la actitud de Rebeiz, como también que ya hubiera existido una conversación previa entre Rebeiz y el presidente en la mañana o aun desde el día anterior.

4. A las 2 p.m. el Presidente Valencia me llama al club militar donde almorzaba con el doctor José Gutiérrez y me cita para que concurra inmediatamente. Le informé que concurriría después del almuerzo.

5. En el despacho presidencial del doctor Valencia en forma absolutamente tranquila y normal me informó que el general Rebeiz le había manifestado la existencia de diferencias con el suscrito sobre la conducción de las Fuerzas Militares. Le manifesté que desconocía completamente de qué se trataba pues el citado general nunca me había expresado inconformidad, desacuerdo u observación alguna. Que nuestras relaciones se desarrollaban dentro de la mayor normalidad y acuerdo. Que le solicitaba citar al general para que expresara cuáles eran esas diferencias. El Presidente, en mi presencia, llamó al General y le pidió que concurriera al despacho. Alrededor de media hora después llegó el General Rebeiz con los generales Ayerbe, Mejía Valenzuela, Santacruz., Mariano Ospina Navia, Cdte de la FAC y el vicealmirante Orlando Lemaitre, Cdte de la Armada Nacional. Antes de la llegada de los generales expresé cordialmente al Presidente que él sabía, por habérselo manifestado, que mi renuncia estaba a su disposición en el momento en que lo estimara necesario. Ya en una ocasión había renunciado en presencia de todo el Consejo de Ministros con motivo de una alusión que el Presidente me hizo con motivo del debate en que se discutió en el Senado el informe del general Valencia Tovar sobre el libro La violencia en Colombia. En esa ocasión, en forma muy gallarda, el Presidente retiró sus palabras y el suscrito retiró su renuncia.

6. La actitud de los concurrentes fue absolutamente tranquila y normal. Nada justifica la expresión demente que el Presidente expresa sobre el general Rebeiz. En esta reunión, que fue breve, el general expresó que no tenía nada que decir y que sólo esperaba la decisión del Presidente; los generales Ayerbe y Santacruz expresaron su opinión en forma muy corta, lo mismo que el Vicealmirante Lemaitre, en general favorable a la existencia de una crisis. El general Mariano Ospina Navia, por el contrario, manifestó que no encontraba razón alguna para sustentar dicha teoría y que en la FAC la situación era normal. Esta disidencia con Rebeiz le costó posteriormente su retiro a este brillantísimo oficial que es ingeniero civil y que había ocupado los ministerios de Obras Públicas y Economía con singular distinción. En vista de que no había más que hablar, le expresé al Presidente mi deseo de reunirme a solas con él.

7. Una vez a solas le expresé al Presidente que no encontraba fundamento alguno para la actitud del general Rebeiz y de los generales, que me parecía más el producto de una conspiración y de una deslealtad muy grande, porque nunca por parte de ninguno de ellos se me había manifestado inconformidad alguna sobre el particular. Que ante el dilema que le había planteado el general Rebeiz le correspondía al Presidente resolver y que en consecuencia le reiteraba mi renuncia. Debo expresar mi desagrado al tener que afirmar rotundamente que la versión contenida en la grabación con la apreciación de que yo tenía revólver y que él estaba armado y con la mano en el gatillo, y todo el texto de la imaginaria conversación en la que dice que yo le propuse que nombrara al general Ayerbe en lugar de Rebeiz y lo relativo al doctor Lleras Restrepo, no tuvo lugar.

8. Después de nuestra conversación a solas, el Presidente volvió al salón del consejo de Ministros, donde estaban los generales. Según la versión del General Ayerbe, cuando el Presidente entró, el general Rebeiz lo notó como si estuviera dudoso sobre la decisión que debía tomar por lo que le manifestó al Presidente: Señor Presidente, nombre Ministro al general Ayerbe, pero en ningún caso vaya a dejar a Ruiz . El general Ayerbe me informó que manifestó: Yo tampoco acepto el ministerio . Según Ayerbe, ante esta situación, el Presidente expresó que nombraba ministro al general Rebeiz y ordenó que lo comunicaran con el general Fajardo, que se encontraba expectante en el comando del Ejército, a quien informó que el general Rebeiz había sido nombrado Ministro en reemplazo del general Ruiz.

9. Mientras esto sucedía yo esperaba en el despacho presidencial. El Presidente salió y sin dramatismo alguno me comunicó que había resuelto nombrar al general Rebeiz como ministro. Le contesté que le enviaría mi renuncia desde el Ministerio. La despedida fue casi emocional y pude notar que algunas lágrimas asomaron a los ojos del Presidente. Al salir me encontré en la oficina de la Secretaría Privada con el doctor Ignacio Valencia, de quien me despedí cordialmente. Del despacho del Presidente me trasladé al Ministerio, recogí mis papeles personales, concedí una entrevista a mi amigo personal, el periodista Arturo Abella, y me fui para mi casa. El texto de mi renuncia fue el siguiente: Señor Presidente: De la manera más atenta solicito mi retiro del Ejército. Al hacerlo, después de 32 años de servicio, y dadas las circunstancias en que se produjo mi relevo del Ministerio de Guerra, manifiesto al señor Presidente que dejo constancia de que lo hago con la conciencia de haber cumplido siempre con mi deber a lo largo de mi carrera militar y de haber puesto, al frente del Ministerio de Guerra, todo mi empeño en la pacificación del país y para inculcar a las Fuerzas Armadas una conciencia institucional y un sentido del cumplimiento de sus deberes que en manera alguna es incompatible con el bienestar y el respeto que el pueblo merece. Al mismo tiempo, deseo precisar que siempre expresé al señor Presidente mis opiniones de manera franca y directa, tanto en público como en privado, obedeciendo a mis convicciones en relación con los asuntos del Gobierno y es por eso que debo lamentar la actitud asumida por el Comandante General de las Fuerzas Militares y por los generales que lo acompañaron en sus exigencias, quienes no tuvieron la gallardía de expresarme personalmente los desacuerdos que tenían con el suscrito, obrando así en forma totalmente opuesta a la confianza y lealtad que yo siempre les dispensé: Del señor Presidente, servidor y compatriota, general Alberto Ruiz Novoa .

Adjunto fotocopia de la respuesta del presidente Valencia. En el texto de esta nota se hace referencia a supuestas informaciones que el Presidente había recibido sobre actividades que se me atribuían, que infortunadamente tampoco discutió conmigo, a pesar de la continua comunicación en que siempre nos encontramos, especialmente en los días anteriores y posteriores al anunciado paro general del 25 de enero, que no se llevó a efecto. Es probable que ciertas versiones o dudas circularan en las altas esferas políticas, como lo demuestran dos invitaciones que recibí para almorzar y conversar sobre el particular. Una del doctor Eduardo Santos, con quien tuve el gusto de encontrarme en la casa del doctor Abdón Espinosa Valderrama, por invitación que éste me hizo. En esta ocasión, el doctor Santos en forma amable me habló sobre la situación del país y claramente me expresó que se rumoraba sobre la posibilidad de un golpe de Estado. Me dijo que ni él ni sus copartidarios apoyarían una actitud de esa naturaleza. Le fui enteramente sincero sobre el particular, dándole la seguridad de que los rumores que había recibido no tenían fundamento alguno. La otra fue del doctor Julio César Turbay, quien me invitó a su casa, donde conversamos sobre los comentarios que había suscitado el discurso del Tequendama y a quien también declaré en forma enfática que este discurso no llevaba implícitas ambiciones políticas, sino simplemente era una exposición sobre la situación del país, que además ya había hecho anteriormente.

Versión del General Puyana Las dudas sobre el procedimiento y la lealtad del General Rebeiz y de los generales surgieron entre los oficiales. El general Valencia Tovar en su libro Testimonio de una época consigna la pregunta y respuesta que obtuvo del General Rebeiz sobre el particular, así: Por qué lo que usted y los generales le plantearon al señor Presidente no se lo presentaron al general Ruiz, que era su jefe? Contesta Rebeiz: -Yo lo hice como Comandante General. No una sino varias veces. Pero Ruiz tiene su carácter y su manera de ser. Cuando me persuadí de que nada obtenía hablando con él, lo hice con el Presidente como superior de los dos. O se quedaba con él como ministro y me concedía el retiro, o prescindía de él reteniéndome a mí. Aún más, le pedí que nos retirara a ambos y nombrara ministro a quien quisiera .

El brigadier General Gabriel Puyana García en libro que está preparando me autorizó hacer uso de los siguientes apartes de su conversación con el general Rebeiz, sobre el particular. General Puyana: le cuento que corren rumores de que usted procedió en la forma que lo hizo porque recibió presiones de algunos políticos, entre otros del doctor Carlos Lleras Restrepo, a quien usted estuvo visitando en su casa. Rebeiz: Claro que lo hice porque estaba preocupado por su seguridad personal...Puyana: Le dejé en claro la idea de que se oían versiones de su solidaridad con la clase política, por cuanto el doctor Lleras aspiraba a la Presidencia y el relevo del general Ruiz se había hecho para asegurar que no se habría de producir ningún golpe de Estado. Defendí al General Ruiz y tuve el atrevimiento de manifestarle que a los subalternos no nos había gustado que él no hubiera hablado primero con Ruiz antes de hacerlo con el Presidente Valencia. Me respondió: -En varias ocasiones fui franco con Ruiz y le expuse mi manera de pensar y de ver las cosas. Pero después de que con motivo del paro aparecieron los afiches de su propaganda personal y que estoy seguro de que él los mandó hacer y los hizo distribuir quedé convencido de que él intentaría el golpe de Estado. Hubiera sido una tontería irle a plantear las cosas a él, pues usted que lo conoce bien sabe que no hubiera sido extraño que él me hubiera mandado a detener y esto no me lo hubiera aguantado y así las cosas hubieran resultado peor . (El subrayado es mío.) Puyana: Pero lo de los afiches le contraargumenté no tiene importancia por cuanto el mismo General Ruiz fue quien los desautorizó. Rebeiz: Sí, pero lo hizo dos días después, cuando yo le insistí en que lo hiciera . Hasta aquí la versión del General Puyana.

Dejo de esta forma aclarada la grabación del ex presidente Valencia, como un necesario complemento y respuesta a la expectativa creada por esa grabación. Al juicio de los lectores y en especial de mis colegas militares dejo la opinión que les merezca la actitud de los protagonistas de este episodio que impactó muy fuertemente y no de manera favorable la moral de las Fuerzas Militares, en el momento de su ocurrencia.

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