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LA MESA EMPRESARIAL POR LA PAZ

LA MESA EMPRESARIAL POR LA PAZ

La semana pasada, al mismo tiempo que se realizaba la reunión en Los Pozos entre el Presidente y Manuel Marulanda Vélez , se desarrollaba un encuentro de líderes empresariales en Paipa. Confecámaras y el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Javeriana lograron convocar a los presidentes de las Cámaras de Comercio de todo el país, a los presidentes del consejo gremial y de la Andi, a importantes analistas económicos y a varios líderes políticos vinculados con el mundo económico, con el propósito de analizar el impacto del conflicto armado en la economía nacional y estudiar su contribución a la paz.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

La semana pasada, al mismo tiempo que se realizaba la reunión en Los Pozos entre el Presidente y Manuel Marulanda Vélez , se desarrollaba un encuentro de líderes empresariales en Paipa. Confecámaras y el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Javeriana lograron convocar a los presidentes de las Cámaras de Comercio de todo el país, a los presidentes del consejo gremial y de la Andi, a importantes analistas económicos y a varios líderes políticos vinculados con el mundo económico, con el propósito de analizar el impacto del conflicto armado en la economía nacional y estudiar su contribución a la paz.

Cuando Eugenio Marulanda, presidente de Confecámaras, me invitó a participar en este evento, se me vino a la memoria la asamblea de la Federación de Ganaderos en Cartagena y me imaginé otra vez a los líderes empresariales con el puño alzado, criticando con crudeza la negociación, pidiendo con furor una actitud de fuerza del Estado, señalando a la subversión armada como causa de todos los males del país. Pero me llevé una sorpresa, me encontré con un nutrido grupo de líderes empresariales que ven más allá de sus propias angustias, mirando de frente los problemas del país, buscando caminos para ayudar a construir la paz.

Obviamente, no dejaron de señalar que el conflicto armado está afectando profundamente la labor empresarial; que en muchos casos está golpeando el capital humano, no sólo con el desplazamiento de inversionistas y propietarios en las regiones, sino también con la presión y la muerte sobre pensadores y profesionales vitales en el mundo de hoy en la construcción de empresa; que hay fuga de capitales y alejamiento de la inversión extranjera por el incremento del riesgo; que la pérdida de competitividad es asombrosa tanto por los sobrecostos como por la calidad de lo que estamos produciendo. Pero sabiamente aceptaron que la violencia no es la única causa de la encrucijada de nuestra economía; que las mismas decisiones económicas y la actitud del empresariado no sólo contribuyen a nuestro lento y desequilibrado desarrollo, sino que se han convertido en caldo de cultivo del conflicto social y armado. Proclamaron sin ambages que el país no sólo exige el silenciamiento de los fusiles sino también una reorientación en todos los órdenes, un cambio profundo en todas las instituciones.

Fue muy especial oír a César Vallejo, a Carlos Arturo Angel, a Iván Marulanda o a César González, diciendo que de lo que se trata es de construir una economía, una Nación y unas regiones; que el mercado no construye economías sólo hace que funcionen bien cuando ya existen no construye instituciones, no construye naciones; que nuestros economistas, nuestros gobernantes, nuestros empresarios, se olvidaron de la gente y el país sólo puede ser competitivo si su gente es competitiva, si puede tomar decisiones de calidad; que el reto principal del Estado y de los empresarios es el combate a la pobreza y la inversión en educación y en salud es la clave en el campo social; que a la máxima de ganar sin compasión hay que oponer los valores de la solidaridad y de la equidad.

Me acordé entonces de la crítica que Amartya Senn hace a la escuela neoinstitucional y a las teorías de la elección racional tan en boga hoy en la política y en la economía. El quehacer colectivo no es la concurrencia de las elecciones individuales egoístas, no es el punto de encuentro de los intereses particulares; el quehacer de una nación se funda también- y en momentos de crisis- , principalmente, en el altruismo de sus hijos, en las decisiones generosas, en la realización de valores universales. Y me alegró mucho ver a los líderes empresariales preguntándose por los otros, por el país, por los valores.

leonvalencia@hotmail.com

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