Secciones
Síguenos en:
TENNESSE WILLIAMS

TENNESSE WILLIAMS

Empuñaba martinis dobles, llevaba chaqueta a cuadros y tenía una sonrisa a punto. Entendía el arte como una anarquía en la que, el teatro, era una parcela, una tortura, una exhibición pública de demencia: salvaje, excitante, inusual. Algo para hacer ver y vivir.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Por eso sus dramas mostraron la otra cara de la vida estadounidense: la del licor, las drogas, del hombre arrojado del paraíso, esclavo del deseo sexual e incapaz de estar satisfecho.

Estos sentimientos y la muerte de su amante y compañero, Frank Merlo, lo exiliaron, durante unos años, en la ciudad de Cayo Hueso (Florida), donde vivió Ernest Hemingway. Quería también escapar de los círculos literarios y de la vida cultural. Lo logró: sus nuevos vecinos lo veían como un hombre retraído y celoso de su privacidad.

Introspectivo fue desde niño. Una difteria, que por poco lo mata, lo llevó a los libros. Ellos fueron su mejor tónico.

A los 14 años obtuvo su primer premio literario con un ensayo seleccionado por la revista Smart Set. Pero el sí definitivo para dedicarse a escribir lo dio a principio de los años 30, o sea, a los 20 años. Se despidió entonces de la Universidad de Missouri.

En literatura produjo únicamente dos volúmenes de cuentos, y uno de poemas: En el invierno de las ciudades.

Thomas Lanier Williams que adoptó el nombre de Tennesse porque en una ciudad de ese estado de Estados Unidos pasó sus dos años más felices fue hijo de un vendedor de zapatos.

Nació el 26 de marzo de 1911 en la ciudad de Colombus (Mississippi). Murió en un cuarto del hotel Elysee de Nueva York a los 72 años. No lo sorprendió esa imagen del esqueleto con la hoz porque junto a ella vivió toda la vida.

Algunas de sus obras pasaron de las tablas a la pantalla grande. Con Un tranvía llamado deseo y La gata en el tejado de zinc que le dio dos premios Pulitzer saltaron a la fama Marlon Brando, Elizabeth Taylor, Vivien Leigh, Richard Burton, Paul Newman.

Su obra El zoológico de cristal fue considerada por Arthur Miller con quien comparte honores dentro de la dramaturgia contemporánea de Estados Unidos como la de más alto lirismo en la historia del teatro estadounidense. Fue estrenada el martes por Teatro Popular de Bogotá (TPB). En ella, Diego León Hoyos se lanza como director.

Tan sensible que rayaba en la fragilidad, Tennesse Williams no escapó al alcohol y a las drogas. Por estas últimas, sobre todo, estuvo hospitalizado en 1969.

Ni estando en esas dejaron de ser tirantes las relaciones con su hermano menor Dakin. Este no soportaba sus andanzas. Para el escritor, en cambio, la muerte de su esquizofrénica hermana Rose, quien fue más una amiga, acabó en parte con su alegría.

Pero no con sus excentricidades. Fumaba con una larga boquilla, que era más bien su escudo contra el interlocutor. Era capaz de disfrazarse de geisha para recibir al escritor japonés Yukio Mishima, y de firmar autógrafos en donde el interesado quisiera...

Era un confesante. Quizás por eso gustó más. De él quedan muchas páginas de catarsis. De talento y valor para ser tan abierto y rendirse ante tanta belleza.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.