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EN POLONIA Y SERBIA NADA PARECE CAMBIAR

EN POLONIA Y SERBIA NADA PARECE CAMBIAR

En algunos países de Europa Central el tiempo parece repetirse. En Polonia, al igual que hace tres elecciones, el partido político hermano del histórico sindicato Solidarnosc (Alianza Electoral de Solidaridad) venció el domingo en las urnas a los ex comunistas, que estaban en el poder con Aleksander Kwasnieski desde 1993, dejando una vez más dividido al país en dos bloques enfrentados: a la derecha y a la izquierda. Dentro y fuera de la iglesia.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de septiembre 1997 , 12:00 a. m.

En la primera elección de la Polonia libre, en 1989, el vencedor también fue Solidarnosc, el sindicato que había hecho caer poco antes al régimen comunista, pero en la segunda, en 1993, los comunistas volvieron al poder -siendo ahora ex comunistas - ya que los polacos prefirieron elegir a alguien que, por lo menos, tuviera la costumbre de gobernar. La razón fue que hasta ese momento, del capitalismo los polacos sólo habían conocido el desempleo, la corrupción, la hiperinflación y las mafias.

Gobernaron los comunistas y ahora, tras las elecciones, vuelven a sonar las trompetas para el célebre sindicato y Lech Walesa regresa al primer plano como el terror de los ex comunistas . Pero, ganarán de nuevo los ex comunistas en las elecciones del 2001? La lógica parece decir que sí, pues al parecer en Polonia gana el que no esté gobernando durante el período de elecciones. Así, los conservadores católicos de Walesa y los viejos marxistas podrán seguir alternándose el poder cada 4 años, en una especie de Frente Nacional a la polaca que sólo parece mostrar el disgusto de la gente por la vida que lleva y el hecho de que se vota contra y no por .

Todo sigue igual En donde tampoco pasó el tiempo fue en Serbia. El escrutinio es lento, pero con primeros resultados parece confirmarse la ventaja a favor de Zoran Lilic, que es el candidato oficial del gobierno saliente, es decir del socialista Slobodan Milosevic, con un hipotético segundo lugar para el ultranacionalista Vojislav Seselj, que también quiere construir la Gran Serbia y que realizó su carrera a la sombra de Milosevic. En tercer lugar, aunque aún entre nebulosas, estaría el populista opositor Vuk Drascovic, de derecha nacionalista pero sobre todo anticomunista feroz. De este modo queda claro que en Serbia son los socialistas los que se perpetúan en el poder, casi casi como sucedía en las épocas del Mariscal Tito. Siempre los mismos, aunque a veces cambien las caras.

En dónde quedaron las multitudinarias y valerosas protestas de diciembre del año pasado, cuando decenas de miles de estudiantes enfrentaron a Milosevic? Qué se hizo el supuesto poder obtenido en esas jornadas por líderes de la oposición como el propio Vuk Drascovic? Algo muy extraño debió pasar, pues a sólo 10 meses de la mini revolución que debía cambiar para siempre la política serbia la ventaja es para el delfín del presidente.

Nada cambió con las protestas del año pasado ni con estas elecciones, porque la coalición de oposición que se formó contra Milosevic, la célebre Zajedno (Unidos), se deshizo al terminar las manifestaciones, y cada uno de los opositores volvió a su lugar de salida a continuar luchando solo contra el presidente. Drascovic, el más populista, decidió presentarse a las elecciones, mientras que Zoran Yinyic, del Partido Demócrata y actual alcalde de Belgrado, llamó al boicot, lo mismo que hicieron las minorías albanesas de Kosovo, que no le perdonan a Milosevic haberles quitado su estatuto de autonomía en 1990.

Con estos resultados, aún no definitivos, nada cambiará en la política serbia, y tampoco habrá cambios para los ciudadanos, que seguirán como antes intentando sobrevivir en una de las peores crisis económicas jamás vividas por el país balcánico en toda su historia.

Polonia tiene mejores perspectivas que Serbia por su cercanía con la Unión Europea, algo que tal vez estabilice a largo plazo sus vaivenes políticos. Tiene también un detalle muy llamativo, puesto de relieve en las elecciones, y es la peculiaridad de que su sindicato más grande y poderoso, Solidarnosc, es de derecha, un sindicato que tiene como enemigo a muerte a los ex comunistas. Esto lo convierte, sin duda, en el único sindicato europeo que desea que las empresas cuyos trabajadores defiende sean privatizadas. Y lo dicen muy alto: queremos la privatización para tener interlocutores responsables , tal como afirmó ante las cámaras un candidato a diputado en Varsovia.

Solidarnosc denuncia que los comunistas se convirtieron en capitalistas rojos , una nueva clase social emergida del seno del antiguo aparato comunista que tiene todos los privilegios. Los tenía durante el régimen comunista y los recuperó con Kwasnieski. Eso lo sabe todo el mundo , afirman los voceros del sindicato, de ahí que los polacos les hayan dado la espalda en las elecciones.

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