LA ENCRUCIJADA DE CRUZ

LA ENCRUCIJADA DE CRUZ

A primera hora del domingo 11 de febrero, mientras el escándalo político crecía como espuma en Cundinamarca por denuncias sobre su gabinete, el gobernador Alvaro Cruz se refugió en una habitación de su casa, para meditar en búsqueda de una solución a la encrucijada en que se encontraba.

18 de febrero 2001 , 12:00 a.m.

A primera hora del domingo 11 de febrero, mientras el escándalo político crecía como espuma en Cundinamarca por denuncias sobre su gabinete, el gobernador Alvaro Cruz se refugió en una habitación de su casa, para meditar en búsqueda de una solución a la encrucijada en que se encontraba.

Ese día, EL TIEMPO había mostrado el pasado no santo de cuatro de las fichas claves de su gobierno, que apenas llevaba mes y medio. Eran Fernando Ramírez, Buenaventura León, Carlos Ferro y Gelen Pulgarín. Los pecados enumerados iban desde destinación indebida de auxilios a fundaciones fachada hasta la presentación de documentos falsos para hacerse a un puesto.

Ante el escándalo, Cruz abogado originario de San Juan de Río Seco no encontró mejor alternativa que encerrarse a practicar la meditación oriental, disciplina a la que acude desde hace 15 años. Ese ejercicio espiritual lo obliga a visitar cada año la India para recibir el mensaje del maestro Sai Baba que en su esencia dice: "Paz, no violencia y rectitud".

El lunes, Cruz tuvo que salir a darles la cara a los medios de comunicación. Desde las seis de la mañana, en declaraciones a la radio, se ratificó en lo que le había dicho a EL TIEMPO: "Me doy la pela por ellos (los funcionarios cuestionados). Merecen una segunda oportunidad. No los voy a sacar de mi gabinete".

Ese mismo día, mientras asistía al acto de entrega de la Catedral de Sal de Zipaquirá al municipio, su celular no paró de repicar. Consultó decisiones y pidió consejos al más alto nivel.

De regreso a Bogotá, pensó en dar un reversazo a su decisión de mantener a los funcionarios cuestionados por encima de la fuerte lluvia de criticas. Por eso, desvió el camino a la Gobernación para ir directamente a la sede de la Dirección Liberal, donde lo esperaba su mentor político y aliado número uno durante la campaña para la gobernación: Horacio Serpa Uribe.

El encuentro fue muy tenso, pero le sirvió a Cruz para aclarar el camino que debía seguir. No había alternativa, la exigencia de su partido fue una sola: debía sacar a los funcionarios cuestionados. "De no hacerlo, se corría el riesgo de que Cruz, en su caída, se llevara en los cachos a Serpa", dijo un testigo del encuentro.

Renuncia colectiva.

De camino a la sede administrativa de la Gobernación, Cruz ordenó convocar a los 30 integrantes de gabinete para un consejo de gobierno. A las 7:10 de la noche, comenzaron a llegar al Salón de Protocolo, del noveno piso de la Gobernación. Uno a uno, los funcionarios tomaron la palabra para expresar su opinión sobre el escándalo y le agradecieron a Cruz la defensa que había hecho de ellos ante los medios de comunicación.

Fernando Ramírez, secretario de Hacienda y uno de los más cuestionados, tomó la vocería para anunciar la renuncia protocolaria del gabinete en pleno. La carta, escrita a mano, pasó por cada uno de los puestos de los 30 funcionarios para que la firmaran. Así el Gobernador quedó en plena libertad para recomponer su equipo y conjurar la crisis.

A las 8:45 de la noche, mientras una nube de periodistas esperaba una decisión, Cruz salió a la sala de juntas y sin vacilaciones dijo: "En un acto de generosidad con el departamento y de lealtad con el Gobernador, todo el gabinete ha renunciado". Entre tanto, los secretarios de despacho y demás funcionarios eludieron a la prensa saliendo por la puerta trasera.

A las 9:10 de la noche de ese lunes, Cruz recibió la primera llamada de respaldo al timonazo que había dado. Al otro lado de la línea, desde Costa Rica, la ex gobernadora Leonor Serrano le ratificaba su apoyo político.

El día siguiente fue un verdadero martes 13 para Cruz, quien se la pasó buscando el respaldo de amigos y moviendo fichas para cuadrar de nuevo el ajedrez político. Hizo las consultas políticas pertinentes. Habló con los ex presidentes Julio César Turbay, Ernesto Samper y Alfonso López, al igual que con los miembros de la Dirección Liberal y uno que otro congresista, a quienes mantuvo al tanto de la evolución de la crisis.

Al caer la tarde y cuando el hermetismo rondaba por la Gobernación, Cruz le anunció a EL TIEMPO, de manera exclusiva, que le aceptaría la renuncia a 11 funcionarios, entre ellos, los cuatro cuestionados por sus antecedentes penales y disciplinarios.

El miércoles, Cruz sostuvo ante los medios que la barrida solo cobijaba a ocho de ellos, pero dejó abierta la posibilidad de hacer un ajuste más amplio. En la lista de los en capilla están Fanny Alvarez, directora del departamento de Acción Comunal; Jaime Muñoz, gerente de la Corporación Social, y Ernesto Manzanera, gerente de Telecundinamarca.

El Gobernador tenía claro que para salir de la encrucijada debía repensar su relación con los padrinos políticos de los funcionarios que lo acompañan desde el 2 de enero.

Ponque de los padrinos.

Cruz llegó al cargo, tras veinte años de carrera, con la votación más alta a nivel nacional, 415 mil votos y superó a su más inmediato seguidor, el conservador Milton Rodríguez, por 330 mil.

Pero ese triunfo se le debía a casi todos los líderes políticos de Cundinamarca, que, una vez lo vieron en el poder, le pasaron la cuenta de cobro. Los turbayistas, los seguidores de Camilo Sánchez, los de Leonor Serrano, los de Adolfo Bejarano... Todos le exigieron su parte del ponqué burocrático y a todos los recompensó.

Fernando Ramírez, secretario de Hacienda, era su segundo a bordo y su gran aliado. Con él había hecho política desde los años 80. Amigos cercanos a Cruz dicen que en una reunión social el Gobernador aseguró que Ramírez sería su candidato para sucederlo en el 2003.

Probablemente ya no lo será. Ramírez renunció luego de que EL TIEMPO reveló que fue destituido como alcalde de Soacha y su elección como representante a la Cámara fue anulada y que los organismos de control lo sancionaron por destinar auxilios a fundaciones fachada y por enriquecimiento injustificado.

Entre los políticos es frecuente oír que la relación más peligrosa de Cruz es la que tiene con Ramírez y sus hermanos, reyes políticos en Soacha, el municipio más importante del Departamento, por población y peso económico.

Cruz tenía a Carlos Ferro, como gerente de la Licorera y Pedro Alejo Uricoechea, como gerente de la Inmobiliaria de Cundinamarca. En la hoja de vida de Ferro figura una sanción por participación en política como funcionario público.

De él y de Uricoechea se sabe que simpatizan políticamente con la ex gobernadora Leonor Serrano, quien, entre otras cosas, tiene aún pendiente un pleito judicial por la construcción de la actual sede de la Gobernación, de la Avenida Eldorado con carrera 47, en terrenos de la Beneficencia.

Rodrigo Bustos, director de Coldeportes y Alex Rodríguez, secretario general, venían de la administración de Andrés González, en la que Cruz se proyecto como candidato haciendo puentes y carreteras desde la poderosa Secretaria de Obras Públicas.

A Buenaventura León quien cayó tras ser cuestionado por renunciar a su condición de diputado electo para asumir la secretaría de Agricultura, en un aparente conejo a los electores- lo respaldaba Adolfo León Bejarano, secretario de Gobierno. Bejarano fue fundamental para el triunfo de Cruz, porque le endosó importantes votos conservadores.

El ex representante Roberto Moya, de la corriente de Julio César Turbay Quintero, había sido rival de Cruz por la candidatura liberal a la gobernación, pero después se convirtió en un aliado de primera línea, que merecía la oportunidad en el trampolín de la Secretaría de Obras Públicas.

Gélen Pulgarín, la ex subgerente comercial de la Licorera, cuestionada por presentar papeles falsos para asumir otro cargo en 1998, era la cuota de Alvaro Díaz, actual gerente de la organización de los Juegos Nacionales del 2004.

El nuevo rumbo.

Si bien Cruz seguía defendiéndolos públicamente a todos y diciendo que no se había dejado "meter un gol al nombrarlos para responder a una exigencia de cuotas políticas", era claro que semejante escándalo a 45 días de su posesión, exigía un gran revolcón.

Para enderezar el rumbo solo tenía una carta: provocar renuncias y nombrar gente fresca sin antecedentes en sus hojas de vida, porque todos los ojos estarán encima de los nombres que escoja. Tan consciente es de ello el Gobernador que a los que se quedan y a los que lleguen les hará firmar una constancia en la garanticen que no tienen ningún impedimento para ocupar cargos públicos.

"La decisión fue la correcta. Cundinamarca debe estar por encima de los partidos. Esto no se debe usar para pagar favores políticos", señaló el senador liberal Camilo Sánchez, quien reconoció que su cuota política es Luis Alfonso González Saavedra, actual gerente de la Licorera.

El ex candidato a la Gobernación, Diego Bravo, el más duro de los enemigos políticos de Cruz, con quien perdió las elecciones de octubre, dice que sería una sorpresa si el nuevo gabinete se reparte más por perfil que por conveniencias políticas, porque "en esa Gobernación están en una tarea de repartos de tesoros y botines".

Cruz es consciente de que Bravo y el resto de sus detractores políticos lo seguirán atacando. Por lo pronto, el presidente de la Cámara, el representante nortesantandereano Basilio Villamizar, quien no oculta su interés en influir en Cundinamarca, ya le anunció un debate en la plenaria en los primeros días de marzo.

Hoy en la noche o mañana temprano, cuando probablemente se conozca ya el nuevo gabinete, se podrá medir a través de las fichas puestas allí que tan profunda fue la meditación -esta vez política- de Cruz. Gobernará, ahora sí, con verdadera independencia o hará un simple cambio de rostros en los carros oficiales de sus amigos políticos?.

Fotos:.

1. Alvaro Cruz, seguidor del maestro hindú Sai Baba, en una receso durante las sesiones de meditación que acostumbra hacer.

Archivo particular.

2. Horacio Serpa y Alvaro Cruz se reunieron el lunes, cuando el escándalo político de Cundinamarca estaba en su máximo punto. Serpa le exigió a Cruz que sacara a los funcionarios cuestionados.

Archivo / EL TIEMPO

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