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LOS BUENOS PADRES SON ANTE TODO VALEROSOS!

LOS BUENOS PADRES SON ANTE TODO VALEROSOS!

Nadie duda que para ser buenos padres se necesita una gran dosis de amor, paciencia, ecuanimidad, comprensión, disciplina, para mencionar sólo algunas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Nadie duda que para ser buenos padres se necesita una gran dosis de amor, paciencia, ecuanimidad, comprensión, disciplina, para mencionar sólo algunas.

Pero quizás lo que más necesitamos para formar hijos dotados de virtudes y capacidades que les permitan llegar lejos en la vida, es ser padres valerosos, es decir tener la fortaleza necesaria para hacer lo que más les conviene a los hijos, por duro que sea.

El compromiso de ser padres nos coloca a diario en situaciones que requieren mucha valentía para no tomar el camino fácil y privar a los hijos de los límites que son vitales para que, no sólo se rijan los principios que les inculcamos, sino que tengan la fortaleza para ponerlos en práctica.

Por ejemplo, se necesita valor para no llevarles la tarea olvidada al colegio cuando nos llaman implorando que se la hagamos llegar; para no darles nada más de lo que estrictamente se merecen por mucho que rueguen que quieren más.

Valor para no permitirles participar en ese paseo o esa rumba en la que sabemos que no habrá supervisión de adultos con autoridad; para no pagar la fianza y evitar que los arresten cuando es importante que aprendan que sus errores tienen amargas consecuencias.

Lo que necesitan los hijos no son padres complacientes y que vivan dedicados a darles todo, sino padres valientes, capaces de cuestionarse y tener la fortaleza para comprometerse tan seria y profundamente en la formación de sus hijos, que hagan lo que sea preciso para formarlos como personas correctas por difícil o doloroso que pueda ser.

Muchos de los problemas de los hijos hoy en día son el resultado de confundir el ser buenos padres, es decir valientes, con ser padres complacientes. Los padres complacientes trabajan muy duro con el fin de ofrecerle todo a sus hijos, pero lo que necesitan ellos son padres valientes que trabajen duro en ellos mismos para darles lo mejor de sí.

Los padres complacientes se miden por lo mucho que gastan en sus hijos, los valientes se miden por lo que ganan ellos con su esfuerzo.

Los padres complacientes hacen lo posible por resolverles todos los problemas a sus hijos, los valientes les enseñan a enfrentarlos y a aprender de ellos.

Los padres complacientes tratan de evitarles sufrimientos a los hijos, los valientes procuran dotarlos de las herramientas para que puedan superarlos.

Los padres valientes miden su éxito por los beneficios económicos que le reportan a su familia, los valientes tienen muy en cuenta el precio que sus hijos están pagando por su éxito profesional.

Es decir, para lo que se necesita más valentía aun es para no inventarnos toda suerte de justificaciones que nos permitan decirle a los hijos sí cuando en el fondo del alma sabemos que debemos decirles no; para no creernos nuestras propias mentiras y convencernos que todo lo hacemos por su bien, cuando realmente lo hacemos por el nuestro. Así, es urgente procurar que el poder que como padres tenemos sobre los hijos, no lo utilicemos para remediar las carencias que les dejamos por nuestras debilidades y perpetuarlas en nombre de una bondad mal interpretada.

angelamarulanda@yahoo.com

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