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EL BALDE DE RENACUAJOS

EL BALDE DE RENACUAJOS

Ante los descubrimientos del genoma humano, es impresionante cómo asusta la sola posibilidad de la igualdad. Mientras yo me graduaba de bachiller, en una Bogotá pendiente de los escrutinios por la eventual catastrófica para algunos y reivindicadora para otros elección de Rojas Pinilla como presidente de Colombia, en Estados Unidos, niños blancos y niños negros, de mi edad, se cogían a piedras y patadas, siguiendo casi siempre el ejemplo que venía de maestros, familia, fieles oradores, ejecutivos, señoras sin oficio, obreros de rascacielos, capitanes de buques o mendigos de parque. Desde las escuelas, hasta las fábricas y los lados de las montañas, solo se justificaba la presencia de gente de raza negra si representaba una alternativa de mano de obra más resistente y más barata. Nunca como interlocutor válido, un posible amigo, alguien de quien se pudiera aprender.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Ante los descubrimientos del genoma humano, es impresionante cómo asusta la sola posibilidad de la igualdad.

Mientras yo me graduaba de bachiller, en una Bogotá pendiente de los escrutinios por la eventual catastrófica para algunos y reivindicadora para otros elección de Rojas Pinilla como presidente de Colombia, en Estados Unidos, niños blancos y niños negros, de mi edad, se cogían a piedras y patadas, siguiendo casi siempre el ejemplo que venía de maestros, familia, fieles oradores, ejecutivos, señoras sin oficio, obreros de rascacielos, capitanes de buques o mendigos de parque. Desde las escuelas, hasta las fábricas y los lados de las montañas, solo se justificaba la presencia de gente de raza negra si representaba una alternativa de mano de obra más resistente y más barata. Nunca como interlocutor válido, un posible amigo, alguien de quien se pudiera aprender.

Treinta años después, se arma el escándalo no solo biológico sino social, financiero y político, porque los descubrimientos del genoma se presentan bajo titulares subversivos en los que se plantea que todos somos iguales... y quién dijo miedo!.

Es impresionante cómo asusta la sola posibilidad de la igualdad; asusta tanto, que la mayoría de la gente ni siquiera se detiene a pensar que el planteamiento de las investigaciones genéticas, no es que seamos iguales, sino que estamos hechos de los mismos elementos.

Un balde lleno de renacuajos no es lo mismo que un balde lleno de Juanas, renos, ajuares o arena, aun cuando los cinco se escriban con las mismas letras que caben en la palabra renacuajo . Un pequeño y elemental detalle es que no solo importan las letras, sino la secuencia, el orden, la relación entre unas y otras, y eso marca parte de las diferencias.

Si no lo viéramos bajo el lente oscuro de una noche sin estrellas, no habría por qué asustarse ni ante las diferencias ni ante las semejanzas. Habría simplemente que aceptar que existen, y descubrir cómo podemos potenciar y complementar unas y otras, para que no se comporten como el detonador de esa pegajosa y vergonzosa bomba de tiempo que viene en nuestro disco duro, rítmica como un marcapaso, que late y funciona cada vez que se enseñan más kilómetros de distancias, que puntos de encuentro.

Nos asusta ser semejantes entre nosotros mismos como humanos, y nos cuesta demasiado la sola idea de poner en tela de juicio nuestra superioridad frente a los demás seres de la creación. A nosotros, los insuperables humanos de todos los colores, formas y tamaños, expertos en exterminios, artes marciales y armas nucleares, quién se atreve a quitarnos la exclusividad de ser los únicos animales que no matamos solo por hambre y defensa propia, sino por mil y un motivos que han pretendido convencernos de generación en generación de lo poco que vale la vida? Mi mamá (ejemplo y maestra por genética y vida) comentaba que si fuéramos más conscientes de todo lo que ha tenido que pasar en el mundo para llegar a tener sobre la faz de la tierra el prodigio del hombre, no nos mataríamos con tanta facilidad.

Las cadenas de ADN, las diferencias y las semejanzas, la razón y el sentimiento, per se, no liberan ni esclavizan, no son salvadores ni verdugos; este cuento apenas empieza, primer proyectil o primera semilla; depende de nosotros cómo vamos a escribirlo y qué espanto o milagro vamos a hacer con él.

ariasgloria@hotmail.com

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