ENTRE PLUMAS, Y ESPUELAS

ENTRE PLUMAS, Y ESPUELAS

En un ruedo de 4 metros de diámetro, sobre un piso de aserrín, se juegan los gallos. Se apuesta, bajo unos reglamentos, con sus riesgos, rodeados de un ambiente tenso pero alegre. Entre rancheras y aguardiente. Entre esperanzas y desconsuelos. Pero, por sobre todo, con seriedad, porque la palabra de gallero es una escritura. A este espectáculo hoy más que nunca van las mujeres, inclusive en estado de embarazo. Porque, a pesar de todo, el peligro es mínimo y el espectáculo es divertido. Esos 25 minutos que es el límite para una pelea, los pasan sin parpadear. Como en el boxeo, con la diferencia de que aquí no hay minuto de descanso y que las armas son más contundentes, y, en la mayoría de las veces, uno de los contrincantes queda muerto en el ruedo, o, en el mejor de los casos, muy herido.

07 de enero 1991 , 12:00 a.m.

En esta Feria de Manizales las riñas de gallos son famosas. Y a ellas asisten personalidades, o turistas curiosos que desean conocer y, a lo mejor, arriesgar un case. Porque apostarle a un gallo es tentador.

Para una riña de gallos, según Jose José Joaquín Giraldo, un hombre que empezó desde niño, entre espuelas y plumas y lleva en ese mundo unos 62 años y l5 como juez, lo primero que hay que hacer es pesar los animales. Y estos deben dar un peso igual. Después, hay que casar el dinero. Luego de los 25 minutos, a los cuales casi nunca se alcanza, si no hay vencedor, se reparte la plata, sacando el 10 por ciento para los dueños de los bravos animales y pago al juez.

Pero, hay ocasiones en que uno de los contendientes, por cansancio o por estar herido no ofrece resistencia. En ese momento puede que el dueño del gallo ganador diga: Juez, cuénteme cien a mil . Este grita. Si el dueño del ave vencida no responde, se declara vencido.

José Joaquín Giraldo acepta que es un espectáculo un poco cruel con los animalitos, que a lo mejor, antes de un año de nacidos, ya estén jugándose la vida. Pero dice también que para eso nacieron, como los toros de lidia. Mas, asimismo, dice que ahora con los recalzados en las espuelas, los animales hacen más daño, puesto que las espuelas de carey con las que se empioja o recalza, con un gallo que vuele rápido y sea inteligente para clavar, el otro no da un brinco. Hay ocasiones en que a los cinco primeros vuelos, le pasa el espolón en la nuca y ahí queda apenas sirviendo para la olla.

En este espectáculo vuelan los gallos, pero también los billetes. Hay hombres que como Dionisio Pinzón en la novela El Gallo de Oro, pierden o ganan una fortuna. No es mito eso de que se juegan la mujer. Pero ha ocurrido. No se sabe cómo se hará la entrega, pero la apuestan.

Seguramente se cumple, porque es palabra de gallero . Para apostar, dice Jose Joaquín, basta que uno le diga al otro: Voy cincuenta mil al colorado. El otro contesta: Voy . Y el que invitó a la apuesta replica: Vamos . Ahí quedó sellado el pacto y hay que cumplir. Si no, después verán cómo se las arrreglan. Con el riesgo de que si no se cumple, sufra destierro, como mínimo.

En esta feria se han jugado gallos en el barrio La Castellana hasta altas horas de la noche. Y se disputan tres categorías: la pelea más cara, el gallo más rápido y el gallo más fino. Allí, hombres con bigote estilo Hitler, u otros a la manera de Horacio Serpa, o también hay los de bigote y cabeza a la moda calabazo, en su mayoría con poncho al hombro y carriel a la derecha, llegan pausadamente con su gallo en la mano. Se toman un par de guaros para los nervios y esperan al contricante.

No se sabe qué registro de peleas ganadas traiga cada uno, ni se conoce su color. Es posible que sea un saraviado, que por lo general no son muy buenos, es factible que sea uno pinto o un verdoso (este último tampoco es aconsejable), o puede venir un colorado, con algunas plumas negras en el cuello. Ese puede ser bueno.

Aunque el plumaje no dice todo. Hay gallos bien alimentados y que han sido adiestrados en careos. Porque a un gallo de pelea hay que darle una dieta especial. Maíz, panela, plátano, cola granulada, concentrados.. y algunos secreticos que cada gallero conserva.

Esto es poco, casi nada, en comparación con lo que se esconde detrás de este mundo incierto de los gallos de pelea, en cuyas galleras, en temporada, pueden realizarse unas quince peleas por noche, como ocurre en el barrio La Castellana. Con un solo juez, que también expone su vida, si de pronto se equivoca por una decisión. A José Joaquín le ha ocurrido dos veces en sus quince años.

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