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LOS HONORABLES MIEMBROS

LOS HONORABLES MIEMBROS

La palabra anales es bastante afortunada cuando se trata de describir la historia reciente del Congreso. La Corte Suprema de Justicia calificó a la Mesa Directiva de la Cámara como una asociación para delinquir y las encuestas revelan que el Parlamento supera en desprestigio a los Seguros Sociales, que es mucho decir.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

La palabra anales es bastante afortunada cuando se trata de describir la historia reciente del Congreso. La Corte Suprema de Justicia calificó a la Mesa Directiva de la Cámara como una "asociación para delinquir y las encuestas revelan que el Parlamento supera en desprestigio a los Seguros Sociales, que es mucho decir.

En los tiempos de Laureano, el Congreso era el terror de los corruptos, pero ahora se ha convertido en el refugio de ellos. Los políticos han perdido su autoridad moral, su capacidad fiscalizadora, y son los medios de comunicación los que están ejerciendo esa función. El caso de TermoRío fue destapado por EL TIEMPO y los honorables se ocuparon de él por la presión de la opinión. La Asamblea de Cundinamarca nombró como Contralor a un convicto y parece que para merecer un cargo lo que hay que exhibir no es el ridiculum vitae sino el pasado judicial. (A las aspirantes a mujeres públicas, cuando son bonitas, no les piden la hoja de vida sino la de parra). Los concejos municipales están en la misma línea, que no es la recta, y los ediles hacen lo que pueden dentro de los límites del presupuesto para ponerse a la altura de los padres de la patria.

Las corporaciones públicas tampoco funcionan como mecanismos de expresión ciudadana y cuando pretenden legislar en serio le otorgan facultades al Ejecutivo. El Congreso, las asambleas y los concejos nos cuestan un montón de plata y las curules se han transformado en un excelente negocio para los elegidos, pero en un pésimo negocio para los electores. Se ha tratado de reformar el Legislativo, pero todos los intentos que se han hecho la séptima papeleta, el referéndum- han fracasado.

Qué hacer entonces? Suprimir una de las cámaras, disminuir el número de legisladores, acabar con las asambleas y volver ad honorem los concejos. Y- que el Señor me tenga de su mano integrar el Parlamento por concurso, mejorando y purificando el procedimiento que se aplica en el poder judicial.

Y las elecciones populares? Reservarlas para el Presidente, el Fiscal, el Contralor y el Procurador. La locura furiosa? Lo que sea, pero lo cierto es que esto necesita una reforma radical. Y un presidente, desde luego, que sí pueda convocar un referendo.

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