SEIS HORAS A BORDO DEL 1165

SEIS HORAS A BORDO DEL 1165

Hay un tipo armado! , gritó Carolina Osma, la compañera de trabajo del periodista de televisión Jorge Enrique Botero, segundos después de haber abordado el FAC 1165 de Satena, que salía de San Vicente del Caguán hacia Neiva y Bogotá.

01 de febrero 2001 , 12:00 a.m.

Hay un tipo armado! , gritó Carolina Osma, la compañera de trabajo del periodista de televisión Jorge Enrique Botero, segundos después de haber abordado el FAC 1165 de Satena, que salía de San Vicente del Caguán hacia Neiva y Bogotá.

De la puerta de ingreso emergió de pronto la figura de un hombre de unos 34 años, contextura delgada y bigote incipiente. Empuñaba en su mano derecha una pistola 9 milímetros, brillante al reflejo de la luz del sol que entraba por la puerta.

Súbase! , les dijo al piloto y al auxiliar, que rápidamente se metieron en la cabina.

El mismo cerró la escotilla y asumió una posición militar, en cuclillas, apuntando a la cabina , contó Botero, en una de las salas de espera de Catam, horas después de que varios pasajeros redujeron al secuestrador.

Al principio -prosiguió el periodista- hubo confusión, pues el hombre ordenó a los pilotos que mantuvieran la ruta. Después hubo silencio cuando obligó a los pasajeros a poner las manos sobre el espaldar de los asientos de adelante. La gente intercambiaba miradas .

Vestido elementalmente -una camiseta azul oscura y más clara en las mangas, un pantalón de dril negro y zapatos de cuero café-, el hombre le dijo a los pilotos: Esto es un secuestro. Soy un desertor de las Farc, pero no soy un traidor y no me voy a entregar al Ejército. Vamos a aterrizar en Neiva. Allí deben estar la Cruz Roja y Amnistía Internacional . Luego, ordenó al capitán trasmitir el mensaje a los pasajeros por altavoz.

El anuncio terminó con la incertidumbre de los viajeros, pero algunos confiesan que sintieron un miedo muy verraco .

Carlos Cardozo*, uno de los pasajeros que ayudó a reducir al secuestrador, recuerda: Durante los primeros minutos de vuelo le temblaba la mano en la que empuñaba el arma, estaba pálido y miraba para todos lados, como un loco .

Se le notaba - agrega Botero- que tenía cierto dominio de lo militar y de electrónica. Preguntaba por la temperatura en cabina y nunca daba la espalda .

Estoy mamado de las Farc.

Después del anuncio, el aeropirata se paró al comienzo del pasillo, muy cerca de la cabina de mando. Explicó que llevaba un tiempo enfermo, que los dirigentes de la guerrilla no le paraban bolas y que le tocaba casi mendigar para conseguir la medicina. Además, que estaba mamado de las Farc , afirmó Botero.

Mientras el hombre hablaba, en la parte trasera del avión, Cardozo comentó con sus compañeros de vuelo: Por ahora no hay problema, pero si se altera la situación se puede poner fea, así que es mejor que nos preparemos para desarmarlo .

Aterrizamos en Bogotá y dejó salir a un hombre que estaba remitido para operación por una apendicitis, a dos señoras muy nerviosas y a una niña , prosiguió Botero.

El hombre caminó por el pasillo, dijo que era ingeniero electrónico y que llevaba 10 años en la guerrilla. Le pidió agua a la azafata y se tomó unas pastillas , contó Cardozo.

A las 7:30 de la noche, añade Botero, llegó el delegado de la Cruz Roja y el secuestrador le entregó un papel escrito con las condiciones. Luego el delegado salió del avión.

En esas, dijo Botero, saqué un radio para escuchar noticias, mientras el aeropirata se caminaba por el pasillo .

Cuando cogió confianza - asegura Cardozo- se metió la pistola al cinto y se la tapó con la camiseta. Mando al copiloto y al ingeniero de vuelo para atrás, se puso los audífonos y dialogó con el de la Aeronáutica. De pronto dijo que les quedaban 10 minutos para traer las personas que pidió o si no el avión se iba del país .

El calor empezó a volverse infernal dentro de la aeronave. El delegado de la Cruz Roja volvió. Habló con él secuestrador y le dijo que estaban en negociaciones. Luego salió.

El hombre sintió que la negociación iba para algún lado -le hablaron de un vuelo entre Sao Paulo y Madrid-, pero después escuchó que el Presidente debía conseguir un permiso del país donde iba a llegar y empezó a decir que se iban fuera del país , contó Botero. Los pasajeros escuchaban sin moverse de sus asientos.

El secuestrador se parqueó acurrucado en el pasillo, al lado del radio que el periodista tenía sobre la mesa de servicio y se reía de las cosas que decían. Yo pensé que era el momento y les dije a mis compañeros que iba a intentar quitarle el arma, pero que no me dejaran solo , aseguró Cardozo.

Nelson Fierro, otro de los pasajeros, recuerda el momento: él se agachó para escuchar mejor la radio. De inmediato uno de los pasajeros lo cogió por el cuello y el capitán le quitó el arma. Todos empezamos a salir corriendo del avión .

Mientras los pasajeros salieron por donde pudieron, el aeropirata, en el suelo, gritó que por favor no le hicieran daño.

Con el avión evacuado, los militares de la FAC ingresaron y sacaron al aeropirata. Había terminado el drama para los viajeros. Par el ex guerrillero, y ahora reo de la justicia colombiana, apenas empezaba.

FOTO.

1. Momentos después de terminado el secuestro, los pasajeros del avión de Satena fueron conducidos a la sala de espera en Catam. Allí los interrogó la Fiscalía y se comunicaron con sus familiares.

Archivo Particular.

2. El periodista Jorge Enrique Botero relató los momentos críticos que vivieron los pasajeros del avión secuestrado.

Archivo Particular

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.