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REMOTOS PRECURSORES DE LA EUTANASIA

REMOTOS PRECURSORES DE LA EUTANASIA

En sus andanzas por la antigua Persia, Heródoto tuvo noticias de los maságetas, un pueblo que habitó en parte de la antigua Escitia, cuyas costumbres llamaron la atención del padre de la historia, quien las reseñó someramente en los capítulos 215 y 216 del primero de sus nueve libros. Ante todo, impresionó a Heródoto el hecho de no haber cornudos entre los maságetas, ya que, aunque contraían nupcias, intercambiaban gozosamente sus mujeres entre ellos, sin que esta sana y exquisita promiscuidad fuera motivo de querellas o reyertas. En esa forma, todos eran hijos de sus madres, y a la vez todos carecían de papacito certificado.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de agosto 1997 , 12:00 a. m.

Pero sin duda alguna, entre todos los usos de los maságetas el que con mayor fuerza llamó la atención del rey de los historiadores fue la norma, que cumplían rigurosamente, de sacrificar a los ancianos de ambos sexos cuando llegaban a una edad muy avanzada, cocerlos con suma diligencia culinaria, hacerlos picadillo y devorarlos mezclados con las carnes de otros semovientes. Y lo más notable de todo era que estos alegres gerontófagos observaban una sabia precaución aséptica. Cuando los vejetes enfermaban, se abstenían de inmolarlos y comerlos, y en consecuencia los dejaban morir naturalmente y les daban piadosa sepultura, sabedores de que los gusanos no suelen contraer las pestes y dolencias que matan a quienes han de nutrirlos.

Los datos de Heródoto sobre las costumbres de los maságetas son breves y sucintos. Pero después de él viajó largamente por esas regiones Paraximandro de Heliópolis, casi desconocido en la actualidad, y a cuyos manuscritos solo hemos tenido acceso unos pocos helenistas. Precisamente, yo llevo ya traducidos 23 de los 24 volúmenes de las Crónicas masagéticas, escritas en griego por el citado Praximandro. El historiador de Heliópolis confirma las noticias de Heródoto y las amplía generosamente en muchos sentidos. Cuenta, por ejemplo, cómo los maságetas disponían de matarifes especializados en el rápido degello de ancianos, el cual tenía lugar en un aposento cerrado y en presencia de un coro de plañideras contratadas por los deudos los cuales, a su vez, no asistían a la ceremonia. A continuación, los fiambres pasaban a los expertos cocineros, que procedían a destazarlos cuanto antes. Las criadillas de los abuelos eran cedidas a los esclavos y otros parias, dado su escaso valor alimenticio. Los instrumentos mamarios de las mujeres, cuya longitud a menudo alcanzaba el bajo vientre y las rodillas eran utilizados para la confección de morcillas, longanizas y otros sabrosos embutidos. El cuero era arrojado a los perros. Las clases privilegiadas por su parte celebraban suculentos banquetes con los entresijos y los sesos de los viejitos, que los cocineros guisaban con yerbas aromáticas y mezclaban con carnes de vaca, ternero, pollo y aún cerdo, que gozaba entre los maságetas de la ventaja de no ser inmundo sino, por el contrario ensalzado como alimento de reyes y de nobles.

Como puede verse, la eutanasia no es invento de hoy. Los maságetas, más sabios y prudentes que los hombres de hogaño, la practicaron derivando de ella notorios beneficios para su acervo proteínico.

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