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TOSCA Y TROVADOR POR LO ALTO

TOSCA Y TROVADOR POR LO ALTO

Es evidente que la temporada de ópera de este año 1997, el deseo de llegar a tan alto nivel, como el que en otros años caracterizó a nuestra pera de Colombia. Hubo una búsqueda permanente de calidad, para ese público bogotano tan interesado en los espectáculos líricos. Se contó con el elemento humano idóneo para poner en escena las dos óperas Tosca y El Trovador que se representaron. Verdaderamente con un gran esfuerzo se hacen estos montajes, ya que la compañía no cuenta siempre con los recursos necesarios para presentar estos eventos que no solo son costosos en Colombia, sino también el dolor de cabeza de todas las grandes casas de ópera del mundo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de septiembre 1997 , 12:00 a. m.

Constantemente se ha criticado por qué la Opera de Colombia no hace espectáculos con talento nacional, que no es justo que se gaste tanta plata en traer cantantes extranjeros, si en el país tenemos elementos suficientes.

Pero esto es totalmente falso, sí es cierto que hay cantantes colombianos, y los hay muy buenos, especialmente los que residen en el exterior, pero tampoco ellos pueden cantar todos los papeles que se vayan a representar, y como en todos los teatros del mundo se invitan a cantantes de todas partes para participar en estos espectáculos. En el país no hay cantantes para desempeñar los papeles protagónicos y si se escoge a los artistas residentes para papeles secundarios la crítica también los acaba. ltimamente, si los cantantes no se parecen al último video que tienen en sus casas, comentan que lo que se hace aquí no sirve. Qué cosa más ridícula. Pero hay también otro fran problema que tienen la mayoría de los cantantes colombianos que viven en el país, y es la falta absoluta de disciplina, de estudio y dedicación; no lo son todos, pero sí un gran número, y si en el momento de una audición no son escogidos, reclaman diciendo que hay discriminación, lo cual también es cierto pero en muy poca medida. La dificultad principal radica en que muchos cantantes nacionales radicados en Colombia creen que ya no tienen nada más que aprender, y esto es totalmente erróneo.

La pera de Colombia con sus naturales fallas se ha preocupado siempre por presentar espectáculos de un alto nivel, exagerando en algunos casos la traída de personal extranjero, especialmente en lo que respecta a los luminotécnicos, como es el caso de Raúl Osorio, especializado en Alemania, a quien nunca se le ha dado la oportunidad de diseñar a él solo la iluminación para alguno de estos espectáculos, con la seguridad de un rotundo éxito. También tenemos en el país a excelentes maquilladores, por qué traer siempre personal de afuera? Se debería también dar una oportunidad a los directores de escena criollos, como se hace con los que elaboran trajes, que su trabajo es maravilloso. Pero quiero volver a recalcar que en todas partes del mundo se utiliza personal internacional en el mundo del teatro, así como nuestros cantantes tienen cabida en escenarios de Europa y Estados Unidos.

Lo que sí resulta inadmisible es que se presenten espectáculos al público que no llenan los requisitos de una gran calidad y hacer creer que todo se debe aceptar con el absurdo argumento del esfuerzo para representar espectáculos de un nivel digno de llevar a cualquier escenario internacional, ya que los cantantes, escenógrafos, directores de escena y musicales que nos visitan son todos de primer orden.

Regresando a la temporada de este año, nos visitaron para la primera ópera Tosca de Puccini, la soprano Norma Fantini, cantante de una bella voz, buena técnica y fácil manejo escénico, que recreó su personaje con carácter. Excelente fue el barítono Justino Díaz que reemplazó a Juan Pons, quien sería la atracción de la temporada, pero que por problemas, entre otros, de salud canceló sus funciones. Su reemplazo estuvo fuera de serie. Con una voz grande, dramática y una actuación soberbia, Justino Díaz nos entregó una Scarpia inolvidable. El tenor Francisco Casanova hizo el papel de Mario Cavaradosi. Su actuación fue muy discutida, su voz no era muy grande, pero sí bella, y además bastante musical. No tuvo dificultades con las notas agudas, y sus arias fueron interpretadas correctamente. Su papel en escena no fue el mejor. Entre los cantantes colombianos que actuaron en esa ópera se destacó especialmente Francisco Vergara en sus dos papeles de Sacristán y Sciarrone, vocalmente en su lugar y todo un maestro en escena. Cumplieron decorosamente Guillermo Hernández, Alejandro Escobar y Guillermo Barón. La parte oscura de esta ópera la tuvieron el director escénico Jaime Martorell, cuyo trabajo dejó mucho que desear, como también el pésimo manejo de luces de Laura Rode. El diseño del vestuario y la escenografía de Michael Zimmermann fue de gran altura. Hubo algún recargo en los objetos de decoración, que deslucían en el escenario, agregados a los planos iniciales por personas con falta de conocimiento, que quisieron mejorar la imagen. También muy acertado el maquillaje de Carlos Montosa. No debemos olvidar a la Orquesta de la pera que estuvo en esta ocasión bajo la dirección del joven norteamericano Kamal Kahn, muy conocedor de su oficio, manteniendo siempre una buena comunicación con los cantantes. La orquesta, muy disciplinada, conservó siempre buen nivel.

La segunda ópera puesta en escena fue El Trovador de Verdi, una de las más conocidas del repertorio operático; fue el éxito de la temporada. Los sopranos Verónica Villarroel y Sharon Spinetti como Leonora, extraordinarias. El difícil papel de Manrico lo hizo el tenor Stephen Omara, a pesar de tener problemas con el fiato, ocasionado por la altura, hizo casi siempre su rol con decoro. l es dueño de una linda voz, que maneja con una muy buena técnica. Para este papel deberían haber traído otro tenor que alternara, ya que seis funciones son muy pesadas para un cantante en la altura de Bogotá. Luis Girón y Juan Carlos Mera alternaron en el papel de Conde de Luna; cada uno realizó bien sus papeles. Como en todo, unos prefieren más al colombiano, otros al guatemalteco. Martha Senn, una gran artista, hizo su papel de Azucena con gran profesionalismo. Aunque tiene algunos problemas con las notas agudas, su musicalidad, fraseo y actuación predominaron todo el tiempo con mucho brillo. Excelentes también el bajo José Rosendo Flores como Fernando, y la soprano colombiana Gloria Londoño como Inés. La dirección musical de Enrique Patrón de Rueda, insuperable; el maestro conoce muy bien su oficio y extrajo de la orquesta momentos sublimes. Los coros en ambas óperas mantuvieron un alto nivel musical. Bien librada estuvo esta vez Laura Rode, como también la acertada dirección de Luis Miguel Lombana. Se debe tener más en cuenta para la contratación de los cantantes, cuáles papeles requieren dos elencos y cuáles no necesitan tenerlos. Fue, en síntesis, una temporada de grata recordación.

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