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GAVIRIA

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No se ha dicho lo suficiente acerca de la reciente torpeza del presidente Gaviria. Me refiero, claro, a lo de andar diciendo que estsorprendido con el paque le presentamos después de su mandato. Se diría asaltado en su buena fe, el pobre hombre.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

No se ha dicho lo suficiente acerca de la reciente torpeza del presidente Gaviria. Me refiero, claro, a lo de andar diciendo que estsorprendido con el paque le presentamos después de su mandato. Se diría asaltado en su buena fe, el pobre hombre.

Algunos periodistas, economistas y cierta parte de la opinión, ha manifestado su desacuerdo.Unos con mayor vehemencia que otros. Pero esto no es suficiente. Deberíamos protestar todos. Deberíamos, si existiera tal procedimiento, enviar a la OEA una nota de protesta en la que la nación colombiana le hiciera saber al presidente Gaviria, que se ha equivocado, que ha sido ligero, que nos ha herido en el centro del corazón, y además, nos ha irrespetado.

Qué pequeño se ve Gaviria. Qué figura menor en la historia del país. Qué distinto este político profesional de un verdadero estadista. De un Lopez Pumarejo, de un Lleras Camargo, de un Lleras Restrepo, de un Luis Carlos Galán. En verdad, veía uno en estas figuras ( qué curioso, no me salió ni un Conservador), al estadista genuino, al gran americano para quien el destino de su nación, era un dolor en el costado cada día de su vida.

Gaviria es un político profesional. Sabe crear, acrecentar, conservar y distribuir el poder de una forma extraordinaria. Como nadie lo hizo antes deComo nadie ni siquiera lo soñó.

Una de las cosas que recuerdo con mayor dolor y verguenza de su gobierno, fue esa especie de estatuto de negociación de penas que inventó. Ese sistema para que los criminales compraran reducciones en sus condenas a cambio de delaciones y mentiras. Sólo con eso, el presidente Gaviria le partió en dos el espinazo a la última idea de moral que quedaba en nuestro país.

Así es la cosa. Me imagino al presidente Gaviria, en su palacio de la OEA . Allá, frente al mall de los museos, en Washington. Qué rutina hará? Se levantará tarde, jugará tenis, se irá para la oficina, enviará un par de faxes, hará algunas llamadas.

De repente, enviará una comisión. Una de esas comisiones de la OEA que no sirven para nada. Como la que envió al Perú para garantizar la transparencia de ciertos procesos políticos del gobierno del nefando Fujimori.

Y mientras tanto, nosotros aquí. Aferrados con lágrimas en los ojos, al mástil, en medio de este cataclismo. Apegados a este país con una especie de amor trágico . Tratando de levantar unos niños y una familia en medio de este horror y de esta vesania. Y que venga el presidente Gaviria, burócrata internacional de vida muelle, a decirnos pendejadas a los colombianos.

(*) Escritor, economista

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