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NO SE ASUSTE,SEÑOR ALCALDE

NO SE ASUSTE,SEÑOR ALCALDE

La mayor diferencia entre tomar decisiones en el sector público y hacerlo en el sector privado, radica en que en el último se toman sobre la base de análisis y estudios y, en el primero, la mayoría de las veces, deben adoptarse bajo todo tipo de presiones. Es algo que seguramente tuvo ocasión de percibir el doctor Juan Martín Caicedo Ferrer en su primera y rápida incursión en el sector público nacional, cuando actuó como ministro de Trabajo, en donde tomó decisiones que fueron y siguen siendo reconocidas, especialmente por el sector de jubilados.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Pero ahora, como Alcalde Mayor de Bogotá, se muestra medroso, dubitativo y ubicado entre el hacer o no hacer , en extrañas marchas y contramarchas, según sea la posición de concejales o dirigentes políticos (de su partido porque para él los demás no existen), o la dimensión de los apoyos o críticas de los medios de comunicación.

Bastó que columnistas sin tema sugirieran que su apoyo a la propuesta de crear el canal regional de T.V. para Bogotá incluía sus deseos de tener un medio para promover sus aspiraciones presidenciales para que, en vez de dar la batalla por un derecho legítimo de los capitalinos y habitantes de Cundinamarca, se dedicara a formular excusas innecesarias.

Creo que el señor Alcalde jamás pensó utilizar el canal regional de T.V. para ponerlo al servicio de sus presuntas aspiraciones presidenciales. Por lo mismo, considero inaceptable que lo haya sometido al intrincado sistema de las subcomisiones cuando todo el mundo sabe que es darle entierro de pobre al proyecto.

Los problemas de Bogotá son grandes, como se habrá dado cuenta el doctor Caicedo y sus posibles soluciones casi siempre pisan callos de gentes importantes y con poder. Eso no debe arredrarlo ni hacer desaparecer sus supuestas dotes de ejecutivo.

Para llevar adelante los programas que la ciudadanía bogotana exige, es necesario obrar sin temores ni melindres, apoyado en el respaldo popular que le llevó a dirigir la administración capitalina.

Como habitante de esta metrópoli, como ciudadano y como dirigente político me he sentido en la obligación de advertirle para que no se deje amarrar por criterios antagónicos al suyo, si es que este interpreta necesidades de nuestra sociedad.

Hoy le entorpecen la creación del canal regional de T.V. que, entre otras cosas, debería llamarse Tele-Sabana y no circunscribir su ámbito solo a la ciudad de Bogotá. Mañana le irán acorralando con distintas presiones, desde diversos ángulos y, al finalizar su administración, se encontrará con que todo el tiempo se fue en dilaciones, divagaciones y dubitaciones y será entonces demasiado tarde para todos. Los bogotanos, entonces, tendremos que seguir esperando soluciones. Y para el Alcalde, que verá enterradas sus presuntas aspiraciones políticas.

Más aún, si continúa divorciado de la orientación que el jefe del Estado, César Gaviria, le ha querido dar a su gobierno, quien no solo ha respetado los derechos de todos al designar sus colaboradores, sino que ha sido generoso, mientras que tímidamente y por congraciarse con baronías menores de su partido en Bogotá solo se ofrecen migajas del poder distrital a algunos sectores diferentes del suyo para mantener las apariencias .

Cada propuesta del Alcalde, cada acción emprendida o siquiera diseñada, traerá consigo contradicciones y suspicacias. No se asuste, señor Alcalde! Trabaje por Bogotá y tampoco se deje vencer por el temor al fantasma en que parece habérsele convertido la buena imagen del Alcalde anterior y su catálogo de realizaciones.

Espero no haberle mortificado. Si escribo estas deshilvanadas líneas es por considerar que los funcionarios públicos han dejado atrás la concepción de gobierno imperial que rigió durante el mandato de Virgilio Barco y que, por lo tanto, aires nuevos deberían refrescar el ambiente de nuestra precaria administración.

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