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SHAKIRA: LA FE RECOMPENSADA

SHAKIRA: LA FE RECOMPENSADA

Lo mejor del premio Grammy otorgado a Shakira Isabel Mebarak Ripoll, más conocida por su primer nombre, es que no sorprende a nadie: ni a sus compañeras de escuela barranquilleras, ni a sus promotores colombianos y estadounidenses, ni, por supuesto, a ese vasto público que ella ha construido en América y Europa con solo cinco discos. No digamos que ella tenía profunda fe en sí misma, porque no basta con ello para triunfar: hay personas llenas de fe que, sin embargo, se equivocan. Fe en Shakira hemos tenido todos: sus primeros maestros, sus primeros representantes, el sello internacional que la acogió con el propósito de promoverla a escala internacional y el país que ella no cesa de mostrar ante el mundo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Lo mejor del premio Grammy otorgado a Shakira Isabel Mebarak Ripoll, más conocida por su primer nombre, es que no sorprende a nadie: ni a sus compañeras de escuela barranquilleras, ni a sus promotores colombianos y estadounidenses, ni, por supuesto, a ese vasto público que ella ha construido en América y Europa con solo cinco discos. No digamos que ella tenía profunda fe en sí misma, porque no basta con ello para triunfar: hay personas llenas de fe que, sin embargo, se equivocan. Fe en Shakira hemos tenido todos: sus primeros maestros, sus primeros representantes, el sello internacional que la acogió con el propósito de promoverla a escala internacional y el país que ella no cesa de mostrar ante el mundo.

Esa fe se vio recompensada el miércoles en Los Angeles, cuando el jurado del Nobel de la música popular le confirió el premio al Mejor Album de Pop Latino, a pesar del soso título de MTv Unplugged que lleva el disco. Era un premio a Shakira, evidentemente: al talento precoz y múltiple de una muchacha barranquillera capaz de renovar el rock con infusiones latinas e incluso árabes, y de escribir unas letras llenas de espontaneidad y hermosos aciertos. Un premio, además, a su sencillez, a su inteligencia, que le ha permitido, con la ayuda de una familia que la quiere y la rodea, manejar la fama sin que se le suba a la cabeza.

Pero también era un premio al mundo latino de Estados Unidos, cada vez más pujante y atractivo, que demanda un lugar bajo el cielo y ha obligado a los dómines del mercadeo musical a tenerlo en cuenta. Y era un premio para los colombianos, que han seguido con fidelidad y esperanza la carrera de sus artistas en el exterior y ven en Shakira, en Carlos Vives, en Kike Santander, en Charlie Zaa y en varios otros un alivio a sus dolores de imagen y una cara que muestra toda la capacidad de creación que esta nación tiene.

Hay que decir que Shakira ha llevado siempre la banderita de su país firmemente clavada en el corazón. El miércoles, cuando subió al escenario a recoger el premio, pronunció unas emocionadas e improvisadas palabras de agradecimiento en inglés, que es lo que mandan los cánones. Pero reservó el final de su pequeño discurso a sus compatriotas: Todo lo que hago va dedicado a mi país que, a pesar de su dura realidad, mantiene el espíritu y la felicidad vivos . Y remató con tres palabras en español que transmitieron una corriente eléctrica a esos millones de colombianos que, con la vista clavada en el televisor, estaban pendientes de la cuadragésima tercera ceremonia de los Grammy: Que viva Colombia! .

El premio significará, probablemente, un impulso formidable para la carrera de Shakira. Su personalidad y su presencia artística ya atraían a muchos observadores, no solo a los interesados en la música pop. Hace poco el periódico financiero Wall Street Journal dedicó una página entera a analizar el fenómeno Shakira dentro del recio mundo comercial del disco. En su informe, el diario destacaba cómo la cantante barranquillera, que es artista de la casa disquera Sony, intenta atravesar el puente que va de una preferida regional a una superestrella mundial . No hay duda de que el Grammy es un gran paso en ese puente y de que el disco con canciones en inglés que lanzará dentro de cuatro o cinco meses podría conducirla de manera definitiva a la otra orilla, la del éxito planetario.

Así será, seguramente, y así lo deseamos de todo corazón. Se necesitaría ser bruto, ciego, sordomudo, torpe, traste, testarudo, ojeroso, flaco, feo, desgreñado, torpe, tonto, lento, necio, desquiciado, para no entender que estamos ante una superestrella mundial.

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