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MUERTE Y VIDA DE LA CIÉNAGA GRANDE

MUERTE Y VIDA DE LA CIÉNAGA GRANDE

Necesitamos una inspección de Policía , dice Eduardo Dagoberto Rodríguez mientras aspira el humo de su cigarrillo y mira a lo lejos. Por debajo de su casa corre el agua. Bota la ceniza y, al tiempo, saltan dos pequeñas lisas . Vive en Buenavista, uno de los dos palafíticos (pueblos con viviendas lacustres) de la Ciénaga Grande de Santa Marta. Y la petición suena un tanto divertida porque nadie se imagina un atraco con los malhechores huyendo en una canoa. Pero eso tiene algo de cierto, Uno está tratando de pescar y llega alguien a quitarle las redes. A muchos les toca conseguir plata como sea .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de febrero 1994 , 12:00 a. m.

A veinte minutos de ahí (en lancha), un pelícano domesticado se esponja y tuerce los ojos mientras un diminuto cangrejo embadurnado de arena mojada hace malabares tratando de caminar por el borde de una vieja canoa. Huele a caño. Al fondo, Elizabeth Moreno, una menudísima mujer, tiene medio cuerpo sumergido en el agua. Está lavando ropa. Y exhibe feliz una barra de jabón que logró conseguir de pura suerte. La espuma corre y a su paso saltan decenas de lisas buscando oxígeno. Ella está en Bocas de Aracataca, un pueblo mitad palafítico y mitad costero.

Un par de kilómetros más al norte están dos niños, Cristian y Leonardo, jugando con una bolsa plástica que tiene tres pescados dentro. Caminan por la costa y sus pies se enredan entre cientos de vísceras de pescado y una sopa indescriptible y fétida de residuos sólidos que van y vienen con las olas. Es día de mercado en Tasajera y por lo menos dos mil personas, entre pescadores e intermediarios, se reúnen allí.

Eduardo, Elizabeth, Cristian y Leonardo jamás se han visto. Pero comparten la gran contradicción de vivir inmensamente pobres en un sitio que está considerado como uno de los ecosistemas más ricos y productivos, pero a la vez, más degradados, del planeta.

La imaginación del hombre no tiene límites a la hora de destruir. Un cruce de palabras con un habitante de esta región del norte colombiano acerca de lo que come, da para armar media cadena trófica: escaseó el pescado y pasó a consumir tortuga. Se acabaron estas y optó por las iguanas. Desaparecieron las iguanas y ya va en patos migratorios y hasta pelícanos.

Y si bien ese detalle orienta bastante acerca del concepto que muchos pueden tener de naturaleza, viene a ser lo de menos un sancocho de pato barraquete comparado con la avalancha destructiva que hace ver hoy a casi un tercio de la Ciénaga como un sitio donde pudo haberse librado una guerra atómica.

El deterioro del deterioro Ya son más de 20.000 las hectáreas de bosque de manglar muerto (entre 1956 y 1993 el bosque se redujo de 510 a 240 kilómetros cuadrados), Los muñones y esqueletos grises se levantan horrorosa, sucesiva e interminablemente en sitios como el Caño Clarín cuyos 34 kilómetros de cauce natural alguna vez comunicaron a la población de Ciénaga con Barranquilla.

Y nadie sabe qué fue primero: si la muerte de los pescados, la desaparición de las aves, la hipersalinización del agua, el desvío de cauces, la contaminación industrial, la deforestación de las cuencas, el uso de agroquímicos, la incorrecta disposición de desechos o la proliferación de métodos de pesca ilícitos.

Lo uno condujo a lo otro y a lo otro. Y es claro qe todo comenzó con el proceso de colonización.

Hace menos de cuarenta años el río Magdalena vertía a la Ciénaga algo más de 200 metros cúbicos de agua por segundo. El equilibrio se mantenía al interactuar el agua de mar con el agua dulce. Igual sucedía con los ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta que también hacían sus aportes al ecosistema.

Las condiciones ambientales eran más que propicias para prodigar riqueza y bienestar a todos los habitantes de la Ciénaga, que, paradójicamente, se encuentran hoy entre los municipios más deprimidos de Colombia.

Pero solo faltó un detalle: la organización de una sólida política ambiental.

Los flujos normales de agua dulce se alteraron debido a procesos como la construcción de la carretera Ciénaga-Barranquilla y la que comunica Palermo con Sitionuevo (ver mapa). Eso aumentó drásticamente la salinidad.

Adicionalmente, de tiempo atrás ya se había iniciado uno de los procesos de explotación más considerables: el cultivo del área comprendida entre el piedemonte de la Sierra Nevada y la Ciénaga. Tabaco, cacao, banano y finalmente, palma africana arrancaron la demanda de agua y la deforestación.

Solo el subsector bananero (que dentro del sector agropecuario es el que genera más empleos en la región: 12.000) demanda 130 mil litros de agua por hectárea al día, y utiliza, en un año, algo más de 9.000 toneladas de fungicida y casi 1.700 toneladas de plástico Al tiempo, y mientras disminuían los caudales de los ríos debido a la deforestación de las cuencas hidrográficas (básicamente en la Sierra Nevada y claro, para obtener más terrenos para destinar a la siembra), se incrementaba el uso de agroquímicos y se hacía (como todavía se hace) una inadecuada o ninguna disposición de desechos, los métodos de pesca inadecuados completaron el acabose.

El ejemplo clásico podría ser Tasajera, un pueblo donde el 99 por ciento de sus habitantes se dedican a la pesca. Es de los más aventajados pero hace por lo menos 15 años que no funciona su servicio de acueducto y el poco pedazo de costa que tiene ofrece un panorama deprimente por las basuras. Allí se pide a gritos una obra tan sencilla como un relleno sanitario. En ese sitio, al igual que en los 10 muncipios que derivan su sustento de la Ciénaga, los pescadores cada vez tienen que ir más lejos a conseguir lo suyo y por ende hacen por día menos viajes y ganan menos.

La cadena de desastres entonces se completa así: a menos agua dulce, menos peces, más dificultad hay para acceder a los servicios públicos y más problemas sociales y económicos se derivan.

Y para completar, según cuentan los mismos habitantes de la zona, los métodos de pesca ilícitos cada vez son más frecuentes.

Aparte de la dinamita, existen formas de pesca como el zangarreo a través del cual un grupo de pescadores encierran determinada cantidad de mangle y luego lo destruyen para sacar los peces. También por eso el equilibrio se acaba.

Pero está además el bolicheo con el que varias canoas con redes de malla de dos pulgadas hacen un círculo en una determinada área para luego darle vueltas con el motor. Al final se aporrean los peces y listo, Ahí se va lo que sea.

Especies grandes, medianas, pequeñas. Obviamente no hay selección porque la necesidad apremia.

Actualmente existe un número cercano a los 3.200 pescadores en toda la Ciénaga. Lo comercializan alrededor de 80 familias de manera permanente y cerca de 600 personas de forma ocasional.

Por último está uno de los problemas más tristes de todos: la apropiación de la naturaleza.

En Bocas de Aracataca, una matrona, Candelaria Meléndez, lo describe así: un día, al igual que hace veinte años, los ganaderos de arriba deciden trancar el paso del agua de los caños para tenerla solo para ellos o para rellenar el terreno y así conseguir más espacio para sus animales. Por eso la útima vez se organizaron como 120 hombres, subieron y quitaron las trancas. Pero siempre vuelve y se repite. Es que ellos son más que nosotros .

El subsector ganadero cuenta hoy con 518.000 hectáreas para su desarrollo en la Ciénaga. Los bongoductos Las comunidades anfibias de la Ciénaga están compuestas por Buenavista y Nueva Venecia. Pueblos palafíticos desde hace más de 150 años, con una cultura y unas costumbres muy propias de su particular forma de vivir. Ambos pertenecen al municipio de Sitionuevo.

A Buenavista se llega en lancha por Caño Grande, que comunica la Ciénaga Grande con la Ciénaga de Pajaral. Es un canal natural al igual que Caño Clarín.

Curiosamente, allí es donde mejor se ve el manglar. Más vivo, más tupido. Las aves abundan, pero el color del agua es es mismo de toda la zona: café.

En este palafítico, donde residen cerca de 800 personas, la gente vive de la pesca o de la pesca. El agua para consumo humano, que es su necesidad más apremiante, les llega en bongoducto (una especie de barco-lonchera donde se almacena el agua que traen de Bocas de Aracataca y Fundación). La lata de agua (un recipiente plástico mediano) la venden a 50 pesos.

Aquí, naturalmente, nadie sabe lo que es un acueducto y menos un alcantarillado. Los desechos van directo a la parte de Ciénaga que pasa por debajo de sus casas. Las viviendas están construidas con olivo que es eterno.

Y todos tienen su vehículo: una canoa. Hay tiendas, como cualquiera de barrio, donde puede faltar todo menos el ron. En este pueblo muy pocos conocen Santa Marta. Generalmente saben de Barranquilla a donde, en lancha, se llega en hora y media.

Por esta época la pesca y su producido no andan muy bien, Una mano de lisa (la cantidad de pescado que quepa en una mano) la están comprando los intermediarios a 50 pesos, la de chivo a 200 pesos y el kilo de camarón a 1.200 pesos. El problema es la distancia. Es generalizado.

En cuanto a Nueva Venecia, el panorama es similar. Es algo más grande que Buenavista. Aquí mucha gente ya ha abandonado su casa y se ha ido a engrosar los cinturones de miseria de Barranquilla. Su economía se deriva de la lisa que la transforman en pescado seco-salado.

Lo más llamativo de este pueblo es el billar. Tiene arborización a su alrededor! Sus habitantes están mucho más organizados que en Buenavista, hay grupos de madres comunitarias, comités de pescadores y hasta un teléfono.

Esa gente es como el manglar que alberga y llena de atención a toda cuanta especie llega.

De pronto por eso es que hasta en el mangle más gris, torcido y seco se podrá ver una garza, un cuclí, un barraquete, un par de cangrejos o hasta una pequeña hicotea. A pesar de todo, en la Ciénaga Grande de Santa Marta hay vida. Aún después de la muerte.

A grandes rasgos La Ciénaga Grande de Santa Marta agrupa un conjunto de lagunas costeras, caños, pantanos de manglar y planicies aluviales que abarcan una área cercana a los 4.280 kilómetros cuadrados (o 45.000 hectáreas). De ellos, 680 componen el espejo de agua. Es la myor laguna costera del Caribe colombiano.

Este complejo estuarino (cuerpo de agua formada por aportes de un río al mar y que incleye varios hábitats) se originó como una bahía costera cuyas características fueron modificadas por la formación de una barra (la actual isla de Salamanca) y la acumulación progresiva de sedimentos aportados por lo brazos deltáicos del río Magdalena y los ríos que descienden por el lado occidental de la Sierra Nevada de Santa marta.

Su productividad biológica tiene que ver con los aportes de nutrientes y de especies de las cuencas hidrográficas de la Sierra, del mar Caribe y del bosque del manglar que lo circunda.

El bosque del manglar es uno de los ecosistemas más productivos del planeta por su gran capacidad para transformar la energía solar y los nutrientes en alimento.

Es albergue de gran cantidad de especies entre las que se encuentran avez migratorias, mamíferos, reptiles, peces y moluscos.

Un desafío Una de las primeras tareas que emprenderá l nuevo ministerio del Medio Ambiente, es preciamente la recuperación de la Ciénaga Grande de Santa Marta. Se encuentra enmarcada en un proyecto macro de recuperación y protección de 70 microcuencas.

De esa forma y según dijo el Ministro del Medio Ambiente en una reciente entrevista concedida a este diario, a la Ciénaga y el Parque Nacional natural Isla de Salamanca se le invertirán 16 millones de dólares.

Y mientras esto sucede, desde 1992 la agencia GTZ, Corpamag, Invemar, Colciencias y Corpes C.A. adelantan un proyecto intergubernamental colombo-alemán para la recuperación de la Ciénaga. Se llama Pro-Ciénaga.

El proyecto combina el proceso investigativo con la realización simultánea de obras modelo como el dragado del caño Clarín cuya navegabilidad se aspira a restablecer este año. Se estima que los costos para la ejecución de las obras previstas, en los próximos cinco años, alcanzarán 15 millones de dólares. Esta inversión se dirigirá a la apertura de los caños.

De la misma forma, la gente de Pro-Ciénaga trabaja junto con pescadores y productores agropecuarios en la identificación de proyectos piloto a corto y mediano plazo. Su idea es la de concertar y proporcionar soluciones de beneficio común dirigidas a disminuir el impacto ambiental y a atender necesidades básicas.

Una seguna fase del proyecto se desarrollará en varias décadas. En ese tiempo se pretende conservar las 30.000 hectáreas de bosque sobreviviente, recuperar el 60 por ciento del área del manglar muerto y superar el deterioro.

(VER RECUADRO MAC)

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