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OROCUÉ OTRA VEZ SE BAILA EL BOTUTO

OROCUÉ OTRA VEZ SE BAILA EL BOTUTO

Orocué, la tierra que inspiró a José Eustasio Rivera para escribir La Vorágine, con sus calles amarillo ocre, adornadas con almendros, caracaros y esbeltas palmeras, dio inicio ayer a sus fiestas patronales.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Orocué, la tierra que inspiró a José Eustasio Rivera para escribir La Vorágine, con sus calles amarillo ocre, adornadas con almendros, caracaros y esbeltas palmeras, dio inicio ayer a sus fiestas patronales.

Este municipio casanareño está localizado a 200 kilómetros al suroccidente de Yopal, a cuatro horas en carro. En este recorrido hay un fascinante paisajes de esteros, garzas rojas y blancas, chiguiros y babillas.

Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, Orocué fue el principal puerto sobre el río Meta y el más importante de la región. Por éste salían y entraban productos que se comercializaban en Europa, y existe la creencia de que por este puerto ingresó la primera Coca-Cola a Colombia.

La fiesta realmente comienza hoy viernes con una misa en honor a Nuestra Señora de la Candelaria, patrona de Orocué, bautismos y presentaciones de niños a la Virgen María.

Luego, los indígenas ingresan al templo para rendir un homenaje y presentar sus ofrendas a la Virgen de la Candelaria. La fiesta continúa con el desfile de reinas y una multitudinaria cabalgata, todas estas actividades en la mañana.

En la tarde, los coleadores y los toros compiten en extenuantes carreras a lo largo de la manga de coleo, y en la noche la diversión es con los juegos pirotécnicos a la orilla del majestuoso río Meta y las melodías del arpa, cuatro y capachos.

El sábado la celebración incluye competencia de motocross, desfile de balleneras y tarde de toros coleados, mientras que la noche será dedicada a la presentación de las danzas indígenas de las tribus Guahibo y Sikuani, del Vichada, en la Casa de la Cultura. La rumba continúa luego con la presentación de la agrupación Matecaña.

El domingo es el día para el paseo por el río Meta y para disfrutar de la tranquilidad de las calles de Orocué, donde la prisa no existe y hay un contacto permanente con los llaneros de a caballo y los indígenas Sálivas que orgullosos de su raza pasean por las polvorientas calles.

El domingo es para comprar artesanías indígenas como los chinchorros en palma de cumare, las flechas, el robaindias y cerámicas, entre otras cosas.

Es importante que los turistas sepan que Orocué es un municipio tranquilo y de gente pacífica. Donde se puede disfrutar de las diferentes danzas indígenas, como el tradicional baile del botuto. La gente que venga al municipio no se arrepentirá y se dejará embrujar por la inmensa llanura , manifestó Monchy Yobany Moreno Gualdrón, alcalde de Orocué.

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