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EL INTERÉS NACIONAL

EL INTERÉS NACIONAL

En declaraciones radiales, complementarias de las concedidas a la prensa, el secretario de Estado de Comercio Exterior de España, Miguel Angel Feito, explicó con neta y cordial franqueza los motivos de su patria para defender la producción de banano en las Islas Canarias. No es, no, con el objeto de preservar privilegiados márgenes comerciales sino de proteger el empleo que ese cultivo otorga. Por encima de los principios generales se coloca el interés nacional, nunca ausente cuando de las economías desarrolladas se trata. Yendo más adelante, el señor Feito se preguntó qué país comete la osadía de tomar o aceptar derroteros cuyas características pueden perjudicar al respectivo gobierno en elecciones muy próximas. No lo dijo, pero de sus palabras se dedujo el riesgo de incrementar la desocupación en España, o el paro como allá se le llama, cuando ha alcanzado inquietantes niveles y en breve plazo los comicios generales decidirán si se retiene o se pierde el poder.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

En los Estados Unidos, antes de abrirse paso la teoría republicana de no crear ni aumentar impuestos, este tema se consideró vedado en tiempo de elecciones. Por su índole, no debía interferir las intenciones del voto, ni sus acomodamientos oportunistas servir de anzuelo para granjeárselo. Algo similar parece ocurrir ahora con el empleo, por las circunstancias de recesión y el temor de acentuar la inconformidad de los brazos ociosos.

Alemania, Holanda, Bélgica, Dinamarca se oponen a la restricción de la importación de la fruta con el apoyo irrefutable de las normas del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (Gatt), pero también consultando el interés nacional. Las limitaciones, lejos de traducirse en su beneficio, se reflejarán en encarecimiento del producto y conspirarán por tanto contra sus modos de vida. En su caso, el desempleo desata otras corrientes, en particular la del ultranacionalismo, contra lo que consideran usurpación por los inmigrantes extranjeros de sus oportunidades de trabajo.

De ordinario en Colombia sentimos vergenza de aducir el interés nacional. Preferimos sostener los criterios diseñados en función del bienestar de poderosas naciones. Así, todavía rendimos culto inmerecido a quien en el siglo pasado nos impusiera un modelo económico reñido con nuestras necesidades y expectativas. Atrasó el reloj de la historia colombiana; sembró pobreza; detuvo el desarrollo; pretendió reducirnos a la calidad de pueblo dependiente, pastoril y embrionariamente agrícola, pero nos deslumbró y acaso sigue deslumbrándonos con el sello colonial de la Inglaterra victoriana. Lo importante no era el interés nacional, sino los principios fraguados al calor de ajenas realidades con la idea de fortalecerlas a expensas de la situación tributaria de otras. Incidencia en elorden público A veces se logra, sin embargo, que tales principios contemplen el derecho de los pueblos jóvenes a desarrollarse. Cláusulas salvadoras, aceptadas en un destello de comprensión de los grandes, especialmente después de la segunda guerra mundial, cuando los evangelistas norteamericanos de la época pregonaban el ocaso irremediable del colonialismo: Franklin D. Roosevelt, Henry A. Wallace, Summer Welles. Las naciones mayores tendrían el privilegio de ayudar a las menores a iniciar su industrialización, mas todo imperialismo habría de cesar.

El sueño no se ha cumplido. Nuevas formas de sujeción e insospechadas trabas teóricas y prácticas a la industrialización se han ingeniado. Pero en determinados instrumentos por ejemplo el del Gatt se introdujeron disposiciones inspiradas en el buen propósito. De ellas han empezado al fin a valerse los países productores de banano. En su empeño no debieran desmayar, por equitativo y transparente. Tienen de su parte la ley, pero asimismo los hechos.

Las restricciones europeas a la importación de banano latinoamericano significarán sacrificio de ingresos y, masivamente, de empleo. Lo que aquí se juega no son unas elecciones sino el propio orden público. Lo decimos con la simpatía que por el socialismo español de Felipe González tenemos. Allá puede haber disminución relativamente menor de puestos de trabajo con su secuela de inconformidad restringida, pero en Colombia, y quizá en otros países productores, lo que se engendre será más violencia. No es sino mirar al escenario ensangrentado de Urabá.

Por lo demás, nuestro desempleo, que el subempleo refuerza, no es solamente coyuntural, sino estructural. Gradualidad El secretario de Estado de Comercio Exterior de España solicitaba un plazo para optar por el libre comercio en este ramo específico. La gradualidad, en tantas ocasiones discutida, para adaptarse a los nuevos requerimientos, reubicar a los cultivadores y afrontar la competencia.

Desde todo punto de vista es muy sugestivo que esta gradualidad sea invocada por una nación de antigua y larga trayectoria frente a pueblos en desarrollo. Porque si ella la necesita, con tanta mayor razón éstos en su proceso de apertura, sin medios suficientes para ofrecer subsidios a sus agricultores en la misma medida que se ofrecen a los europeos e incluso a los japoneses y norteamericanos. Con el aditamento de que se les niega el derecho a hacerlo.

Las barreras geográficas se han borrado en cuanto se refiere a países industriales y a productores de alimentos y materias primas. La zona templada ha desarrollado una pasmosa agricultura en medio de sus chimeneas y avances tecnológicos. Los artículos más tradicionales de la zona tórrida , como el banano, no debieran ser motivo de conflicto ni la competencia decidirse sobre quien disfruta de más capacidad financiera para establecer subvenciones. Pero, aducida la gradualidad por Europa, convendría volver a examinar si a los pueblos en desarrollo corresponde aducirla, incluyendo la manufactura, junto con la selectividad y la asimetría en las desgravaciones. Economía En cuarenta años se han transformado el interés, el gusto y las aficiones de los colombianos. Lo demuestra el hecho de que estemos debatiendo el problema del empleo vinculado al banano con la atención que antes se reservaba al café y, obsesivamente, a las cuestiones políticas. A las primeras páginas saltan los indicadores de la actividad nacional.

En décadas anteriores, la lucha política dominaba el panorama. Aunque todo el mundo hacía economía sin saberlo, había la ilusión de ocuparse tan solo de grandes ideas de libertad, democracia, justicia e igualdad. Paradójicamente, mientras algunos de estos conceptos están en crisis, adquiere prestancia singular la inquietud por las cosas de comer, satisfacerse y recrearse. Por el ahorro y el consumo, por la formación de capital y la inversión, por la suerte del bolsillo individual y colectivo.

Fruto de esa nueva actitud es la tendencia de los periódicos a ampliar las secciones económicas especializadas. La información más completa, el debatir intenso de los problemas de turno, no acabarán reflejándose en posiciones políticas más específicas, matizadas, realistas y operantes?

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