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CUERPOS CELESTES Y ROSTROS VIRGINALES

CUERPOS CELESTES Y ROSTROS VIRGINALES

Levantó polémica aún después de su muerte. Por sus figuras alargadas, decían que debió tener un defecto visual. Y tuvo problemas con los teólogos de la época por pintar más largas las alas de los ángeles. Su intención era clara: que sus representaciones de lo divino se distinguieran de lo terrenal. Y, de paso, tener notoriedad.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

De ahí su carácter difícil y problemático. Tuvo pleitos como ningún otro artista de su época, generalmente por los precios de sus cuadros. Como aquella vez en que golpeó a su ayudante por cobrar 200 ducados cuando la obra él la estimaba en 500.

De ahí, también, su gran actividad: de cada cuadro realizaba más de 200 bocetos que terminaban en la basura. Agonía en el huerto, por ejemplo, donde evocaba también mundos sobrenaturales y celestiales, lo pintó muchas veces.

De todas formas, creía en su obra: para no perder sus cuadros prefería empeñarlos antes que venderlos.

Así se daba su buena vida. Claro que solo a ratos, porque se gastaba rápidamente las ganancias y se endeudaba con frecuencia: a la hora de comer, por ejemplo, mandaba traer músicos.

Fue en su Creta natal donde Doménicos Theotocópoulus, El Greco, se formó en la pintura bizantina. Pero fue en Italia y España donde tuvo éxito. En Venecia fue discípulo de Tizziano, y su independencia y ganas de figurar despertaron más de una envidia.

Recomendado, salió para Roma a seguir los consejos de su maestro, el artista Julio Clovio, y se radicó en Toledo (España). Allá dejó la estatua de la Virgen del Rosario y el diseño de la casa del ayuntamiento.

Porque también fue escultor y arquitecto. Claro que fueron más famosos sus lienzos, pues ante todo fue un pintor. Ocho de ellos los dejó en el monasterio de Santo Domingo.

En esa ciudad, donde alcanzó su mayor éxito, desde un principio abandonó las tonalidades cálidas. Las luces pálidas se convirtieron entonces en un sello de su estilo.

El entierro del conde de Orgaz (1586), La curación del ciego y La sagrada familia con Santa Ana... son obras de vírgenes, santos y mártires hechas al estilo religioso español por quien años atrás había confesado no entender bien el castellano.

El Greco fue igualmente un retratista de caballeros y cardenales: el Licenciado Jerónimo Ceballos y el caballero Don Rodrigo Vásquez.

En ellos se evidencia que, con el tiempo, fue dejando atrás esas técnicas venecianas de anchos horizontes. Solía salir a escuchar a los mendigos del puente San Martín y, luego, dirigirse a la mansión del arzobispo Sandoval para reunirse con los intelectuales de su época. Cervantes, Tirso de Molina y Lope de Vega fueron sus contertulios.

De Jerónima de las Cubas, su esposa y modelo, sacó el rostro de la Virgen María de sus pinturas. Al morir en 1614, ni a ella ni a su hijo Jorge Manuel, quien hizo el inventario final de los bienes y obras de su padre, les dejó testamento.

A 450 años de su nacimiento, se celebró hace poco un congreso de críticos de su obra en Creta (Grecia). Y, en Atenas, hay una exposición con 33 obras originales suyas que estará abierta todo este mes y parte del siguiente.

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