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EL ÁNGEL EQUINO

EL ÁNGEL EQUINO

Andrés García recuerda con emoción a Lázaro, el primer caballo que recibió en su clínica hace cuatro meses. Es el que más ha querido. Era un potro de menos de dos años que halaba una zorra por la calle 80. Tenía, entre otras cosas, una catarata congénita y una deformación de los cascos traseros: Los siete males, por eso le puse Lázaro , afirma el veterinario de la Universidad Nacional, de 27 años de edad

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Andrés García recuerda con emoción a Lázaro, el primer caballo que recibió en su clínica hace cuatro meses. Es el que más ha querido. Era un potro de menos de dos años que halaba una zorra por la calle 80. Tenía, entre otras cosas, una catarata congénita y una deformación de los cascos traseros: Los siete males, por eso le puse Lázaro , afirma el veterinario de la Universidad Nacional, de 27 años de edad.

Lázaro se recupero, tras un tratamiento veterinario completo, y hace una semana fue adoptado por el Club Los Arrayanes. Me dio tristeza dejarlo, pero quedó en buenas manos , agrega este hombre bajito y mono, oriundo de Neira (Caldas), que declara tener amor genético por los equinos.

Por eso tocó mil puertas con el fin de hacer realidad su sueño de establecer un hospital-albergue para caballos enfermos y maltratados. La idea, que le surgió luego de leer sobre una clínica para burros en el Mediterráneo, fue acogida por Luis Carlos Sarmiento, Gerente en América Latina de la Sociedad Mundial para la Protección Animal (Wspa, es su sigla en inglés).

El proyecto se conoció en Boston, Londres y Costa Rica, y fue aprobado sin inconveniente: las donaciones para hacer la clínica se buscarían en todo el mundo, una vez se tuviera el terreno donde hacerla.

Todo se concretó, finalmente, gracias a dos mujeres. Inés de Ibañez, una de las socias de la Asociación Defensora de Animales (ADA), donó un terreno en el municipio de Granada, a 45 minutos de Bogotá, por ocho años y una señora que vive en Canadá, de la que Andrés no sabe nada, donó a la Wspa los 25.000 dólares para las obras.

Con ese dinero, se compraron los ladrillos y el cemento para levantar dos pesebreras, una sala de cirugías y la casa del hospital; el brete (sitio donde meten a los caballos para examinarlos); las primeras drogas; los instrumentos médicos; un viejo Nissan Patrol verde modelo 76 y un remolque en los que Andrés lleva los caballos de aquí para allá.

SOS zorreros.

Las obras se inauguraron hace tres semanas. El Hospital presta los servicios de transporte, hospitalización, cirugía y, en casos muy excepcionales, de consulta. Es único en América Latina, pero en proyecto hay otra sede en Montevideo, una de las ciudades latinoamericanas en las que más se presentan casos de maltrato animal.

Bogotá tampoco es un paraíso equino, según Andrés. Lo que más le preocupa es que en la ciudad hay cerca de 20.000 ejemplares que trabajan como zorras: Son los que más sufren. Los viejos mueren cruelmente en los mataderos, pero después de llevar una buena vida. En cambio, los zorreros, siendo muy jóvenes, comen muy poco y trabajan en exceso .

Algunos dueños de estos arcaicos vehículos arriendan sus animales día y noche, haciendo que trabajen sin descanso hasta que se mueran. La gente debería denunciarlos ante el CAI más cercano, pero no lo hace , dice. Los casos más frecuentes que atiende Andrés son los relacionados con los caballoszorrerosi atropellados por imprudencia de los conductores en las calles bogotanas.

Lo común es que reciba tres o cuatro casos mensuales, todos de zorreros, pero a finales de enero y principios de febrero, tras tres decomisos a mataderos clandestinos, le llegaron 110 caballos. El terreno de la clínica tiene capacidad solo para 30, lo que lo ha obligado a alquilar pastos en fincas cercanas para poder mantenerlos, mientras se recuperan y son adoptados.

Mi moneda son los caballos. Cuando no tengo los 250 mil o 300 mil pesos que piden los campesinos por arrendar un lote, les pago con caballos ya recuperados. Por fin, en julio voy a tener cinco hectáreas de pasto propio que me donó Inés de Ibañez , dice.

Pero Andrés necesita más ayuda. Esta vez para mantener la clínica funcionando: He visitado hospitales, droguerías, empresas públicas y privadas, y nada. Solamente el laboratorio Síntesis me ha ayudado con drogas y concentrado. Espero que esa ayuda en especie se multiplique, pero también se puede colaborar adoptando un animal .

Muchos terminan en clubes de equitación, en fincas, con caballistas o en escuelas de formación ecuestre, pero siempre en buenas manos. Andrés conserva el derecho a visitar cuantas veces quiera a sus caballos, pues si encuentra que están siendo de nuevo maltratados, puede volver a llevárselos.

Más ayuda.

32 de los aproximadamente 140 equinos que ha recibido ya tienen nuevos padres. Entre las cuentas de Andrés hay, además, 15 casos de zorreros, 2 cirugías, 2 partos y 7 sacrificios. A los que deben morir les aplica una sobredosis de anestesia y después los entierra en un hueco junto al hospital.

Este ángel equino tiene muchos planes en mente. Quiere montar un proyecto educativo con los conductores de zorras en el país para capacitarlos en el manejo de los animales. También piensa en un programa para pasantes universitarios que estén estudiando veterinaria y en poner Rayos X y un laboratorio clínico (con presupuesto de la Wspa) en la pequeña casa que tiene en el hospital.

Son muchos planes y muchas tareas, para un hombre sin horario y que hace todo: administra, maneja el Nissan ambulancia , consigue las drogas, el pasto y el concentrado, cura y opera. Pero soy feliz, porque esto no es para mí un simple empleo , comenta orgulloso, mientras contempla a Cóndor, Mariscal, Oro, Príncipe, Pancho y Bolero, ejemplares que aún esperan encontrar papás como Lázaro.

Nota: Para informar sobre casos de caballos maltratados, usted puede llamar al 0332557013.

* Proyecto de comunicación para jóvenes de Casa Editorial EL TIEMPO y Fundación Restrepo Barco.

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