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EL UNIVERSO EN CAJA

EL UNIVERSO EN CAJA

Una visión de conjunto al proyecto creativo de Bernardo Salcedo hace visible algunos de los desarrollos originales que lograron las premisas vanguardistas en esta parte del mundo. Ello en un momento en que se puede revisar con una perspectiva suficiente el significado de la revoluciones modernas en América Latina.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Una visión de conjunto al proyecto creativo de Bernardo Salcedo hace visible algunos de los desarrollos originales que lograron las premisas vanguardistas en esta parte del mundo. Ello en un momento en que se puede revisar con una perspectiva suficiente el significado de la revoluciones modernas en América Latina.

La obra de este artista -corrientemente emparentada con las búsquedas del Surrealismo, del Dadaísmo del Pop y del Conceptualismo-, entendida en el encadenamiento de motivos e influencias en que surge, pone de presente circunstancias complejas, propias del contexto artístico colombiano, que desbordan cualquier definición establecida en términos de las categorías internacionales.

La primera de las pautas creativas en el trabajo de Bernardo Salcedo que permite esclarecer diferencias radicales con el entender europeo de la vanguardia, es la validación del método expresivo del objeto encontrado. En su obra, este (li objet trouvé) no se puede reconocer como una superación argumental de los recursos de la pintura, la escultura o los formatos tradicionales, sino como una oportunidad plástica que asumió, sin mayores cuestionamientos, un estudiante de arquitectura y sociología interesado en el arte visual, pero sin sustentos de oficio en el dibujo o en las técnicas artísticas.

Cuando Salcedo comenzó a desarrollar una proposición en el territorio de la plástica tampoco contaba con una formación especial en historia del arte que le permitiera entender la dinámica particular de los procesos artísticos a los que ha sumado una interpretación. Sus fundamentos básicos en este sentido se los aportaron la escasa información de arte contemporáneo que circulaba en las revistas especializadas de las décadas del sesenta y del setenta en Colombia; las herramientas valorativas de la modernidad que le proporcionó al país el trabajo crítico de Marta Traba; y el intercambio intelectual que el artista sostuvo en la Universidad Nacional con el arquitecto Fernando Martínez Sanabria, su profesor de taller.

Vanguardia y clasicismo.

También cuentan de manera importante en la elección de un camino en el arte para Salcedo, el conocimiento autodidacta de valores artísticos que le posibilitaron su pasión por el cine y por el piano; la bases de organización visual y espacial que nutrió en la arquitectura y el diseño; el sentido crítico que reforzó en la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional; así como experiencias de la niñez y la adolescencia, que por lo general se desconocen en los análisis que se han dedicado a su obra.

Por tanto, la construcción de Salcedo funde, sin el ánimo dialéctico presente en el Surrealismo, en el Dadaísmo o en las distintas posibilidades del Conceptualismo, manifestaciones de las primeras y segundas vanguardias con las más acendrada herencia del clasicismo, principios que también acepta sin cuestionamientos. Estos son evidentes en el carácter frontal que conserva todo su trabajo -inclusive en el que podría denominarse instalación- y en la composición decididamente central de toda su obra, aspecto que permitiría deducir influencias importantes del arte renacentista.

Lo paradójico es que Salcedo llegó a esas conclusiones de orden clásico por el análisis del cine, que podría ser considerado el más moderno de los recursos que amplían los parámetros de la creación visual. De la apreciación de este medio (y a través suyo, de la fotografía) Salcedo extrajo lecturas que hacen de él el primer artista que trabajó en Colombia la problemática central que originó los cambios ocurridos en arte moderno: el movimiento y la captura de la realidad.

En el cine principalmente se alimenta el sentido escénico de la obra de Salcedo y el ordenamiento en caja que ha seguido su proyecto creativo. Ello debido a que las artes de la visualidad en movimiento, por las limitaciones propias del formato que manejan (cámara y telón de proyección), vuelven a la condición de ventana al mundo de la realidad, que caracterizó a la pintura clásica. Por tanto, a semejanza del orden cinematográfico, la obra de Salcedo retoma la interpretación del centro, de la perspectiva y con ella, de la fuga y del horizonte, aspectos que rechazaron todas las posturas antirrepresentativas desde el Impresionismo.

La ganancia de lo fragmentario sobre lo total en la obra de Salcedo también deriva del cine antes que de los discursos que maduraron a lo largo del siglo XX. El ensamblaje de detalles que caracteriza a su trabajo puede entenderse como una suma interpretada en lo tridimensional del énfasis en determinados aspectos que se permite hacer la edición cinematográfica. Estos resumen su proposición de movimiento plástico.

De la misma manera que esos aspectos del trabajo de Salcedo fueron tradicionalmente entendidos como derivaciones inmediatas de la influencia del Neodadaísmo y de las corrientes que esta tendencia reanimó; el uso del blanco y el carácter esencialista de su obra fue emparentado con las búsquedas del Minimalismo.

Sin embargo, en el estudio del conjunto de su producción y de las influencias que han constituido su escuela, se hace evidente que las principales determinantes del sentido austero de la obra de Salcedo las constituyen la arquitectura, la admiración por la simplicidad del espacio oriental, así como el gusto que el artista tiene por el cine en blanco y negro. Estas influencias han sido expresadas en el proyecto creativo de Salcedo en una sintonía resaltable con los resultados materiales que surgieron del espíritu vanguardista norteamericano y europeo, lo cual, en un análisis ligero podría contrarrestar el valor único de sus hallazgos.

Personalidad polémica.

A las particularidades que se han enunciado se agrega además el principio de riesgo y de innovación que caracteriza a una personalidad polémica como la de Salcedo, cuestión que lo ha llevado a ser pionero en el uso de determinados lenguajes o recursos en el arte colombiano. Entre ellos se cuentan no sólo los que se denominaron Pop en sus primeras obras de la década del sesenta, sino otros que marcaron importantes hitos en la historia artística nacional, como fueron el uso de la palabra escrita como valor plástico o la resemantización del concepto del paisaje en obras de carácter degradable como Hectárea de heno (1970) o las Cajas elementales (1969 a 1973), trabajos que marcan el inicio de lo que se puede denominar arte conceptual en el ámbito y en el proceso local.

De nuevo en esos trabajos, como en los de períodos anteriores, las influencias foráneas pasan por el tamiz de los preceptos de Salcedo, construidos en fuentes que aparentemente podrían generar contradicciones. Por tanto el uso del texto, que en el arte conceptual se asoció a la ausencia de forma y a la prevalescencia de lo filosófico o lo crítico sobre lo material, en su propuesta constituyó, en una buena parte de los casos, un tipo de dibujo o un recurso pictórico. Recurso que por demás sigue siendo legible desde el procedimiento del ensamblaje que el artista comenzó a utilizar en el primer período de las construcciones blancas.

De igual manera, las obras que se conocen como conceptuales en el trabajo de Salcedo, -llamadas textuales en la muestra el Universo en caja, en razón a las características particulares con que Salcedo funde el recurso escrito con presupuestos creativos diversos de lo que se conoce como conceptualismo en un sentido estricto- se atienen también a la estructura arquitectónica que marca su obra y a la precisión sintética que el artista ganó en lo formal, conceptual y humorístico a partir de 1969. Esto último a causa de que en ese año Salcedo comenzó a trabajar como creativo de publicidad e inició su figuración crítica en los medios escritos (actividad en la cual se mantuvo hasta mediados de los 80, firmando a nombre propio y bajo los seudónimos de Doctor Trueno, Germán Lleras de Francisco, Salomón Lubtin, Oscar Cirujano y Albert Westman), con lo que ha contribuido a enfatizar su definición polémica.

Pero quizás entre todos los aportes con que Salcedo imprime definiciones originales a los postulados de las vanguardias internacionales en el contexto colombiano, el más inquietante de todos es el del espíritu paisajista que comienza a denotar con fuerza precisamente en el que se conoce como su período conceptual.

Obras como Hectárea de Heno(1972), Minifundio(1969) (de la serie Cajas elementales), La Caja agraria(1969) (de la serie Cajas elementales) Notas sobre el cielo (1976) y Hojas sobre el mar(1976), preludian la serie Aserrando el Agua (1983, final de la misma década), dedicada a la figuración del paisaje marino, el más clásico de todos los temas de la historia de la pintura. Esto, en el contexto del fin del siglo XX, agotado de la experimentación y reacio al clasicismo.

Salcedo aborda la representación del motivo del mar metamorfoseando el objeto encontrado, al detectar en él formas capaces de figurar el mundo visible. Asimila así el trato del objeto al de un pincel. Con ello, da prueba de que las miradas abstractas, conceptuales y renovadoras que han nutrido, inclusive lo más contestatario de su obra, encuentran su base más fuerte en la lección artística más descuidada del siglo XX, que es a su vez el más antiguo y eficaz de los apoyos creativos: la atenta contemplación de la realidad.

La autora es curadora de la exposición.

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