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CÁRCAVA SE PUEDE VOLVER INMANEJABLE

CÁRCAVA SE PUEDE VOLVER INMANEJABLE

El volumen de piedra y roca que se ha desprendido de la cordillera Oriental en el deslizamiento de la quebrada Alejandrina, sector de Buenavista, no estaba en los cálculos de nadie. Supera el millón de metros cúbicos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

El volumen de piedra y roca que se ha desprendido de la cordillera Oriental en el deslizamiento de la quebrada Alejandrina, sector de Buenavista, no estaba en los cálculos de nadie. Supera el millón de metros cúbicos.

La cantidad de material depositada en el lecho de la quebrada se puede comparar con el tamaño de una superficie de 10.000 metros cuadrados por 100 metros de altura, que seguirá creciendo si las entidades del Estado y la comunidad no actúan de inmediato.

El problema generado por este deslizamiento -según una fuente de Invías- es comparable con la inestabilidad registrada en los años 50 en El Mirador y que a partir de 1978 hizo crisis y exigió la relocalización en cuatro ocasiones del eje de la vía a Bogotá.

La única diferencia es que el deslizamiento de Alejandrina puede superar 50 ó 100 veces el volumen de El Mirador, si no se controla a tiempo.

La cárcava Alejandrina actualmente afecta unas 15 hectáreas en el cerro de Buenavista y se origina en el nacimiento de la quebrada Alejandrina, que vierte sus aguas y todos los problemas de arrastre de material a la quebrada Bijagual.

Aguas abajo está ubicado el puente Bijagual que sirve de empalme entre los túneles de Bijagual y Buenavista, en el tramo en construcción de la vía al Llano, al occidente de Villavicencio.

La solución propuesta por la compañía DIS, firma interventora en la construcción del túnel de Buenavista, está dirigida a hacer manejo de aguas a través de drenajes con filtros y canales, la recuperación de taludes con especies forestales nativas y la construcción de una gran presa para retener lodo y piedra, y obras de contención en la pila del puente Bijagual.

En tanto que las ONG plantearon la necesidad de estudiar alternativas ambientalistas y unificar las propuestas. La idea además es involucrar a las comunidades para que la solución del problema se convierta en un taller práctico para quienes viven en el sector de Buenavista, donde hay identificados unos 15 procesos de carcavamiento.

Aunque la infraestructura de los túneles está lejos de verse comprometida, pero no ocurre lo mismo con el viaducto sobre la quebrada Bijagual y con el carreteable que en la parte superior de la montaña construyeron las comunidades de las veredas Buenavista, El Carmen, Samaria y San Juan de Ocoa.

El primero tiene amenazada su pila central por el volumen de piedra que baja, riesgo hasta hoy controlado con el trabajo permanente de una retroexcavadora que ha retiro el material del puente.

El segundo, la carretera veredal, está a menos de 200 metros del deslizamiento, que entre octubre y enero amplió su área de acción en cinco hectáreas adicionales. Esa obra activó el desplazamiento en masa en el sector de la quebrada Alejandrina.

A largo plazo, según la comunidad, el deslizamiento de Alejandrina podría amenazar el nacimiento de caño Parrado -al otro costado del cerro Buenavista-, de donde captan agua varios acueductos veredales y el sector del 12 de octubre en Villavicencio.

Todos estos riesgos fueron discutidos el pasado miércoles entre Invías, DIS, Ingeominas, la Alcaldía de Villavicencio, la Gobernación del Meta, el Comité Local de Emergencias, el Cabildo Verde de Villavicencio y las fundaciones Nakuaní y Agua y Vida.

EL MIRADOR.

El deslizamiento de El Mirador llegó a comprometer 18 hectáreas y produjo el arrastre de 3 millones de metros cúbicos de material.

Este fenómeno tuvo origen en dos alcantarillas en la carretera, en la deforestación y la destinación de zonas de pendiente para potreros, pero el detonante del derrumbe fue la construcción de un acceso a la cima de la colina, donde se proyectaba establecer un sitio turístico.

Desde 1978 el deslizamiento obligó al Ministerio de Obras a relocalizar en cuatro ocasiones el eje de la vía Bogotá-Villavicencio y luego a proyectar la construcción de una variante y dos túneles.

La erosión en El Mirador fue frenada con las obras de ingeniería civil, con un costo aproximado a los 10 mil millones de pesos, y la desaparición de la colina.

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