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LA PESADA CARGA DEL OPTIMISMO

LA PESADA CARGA DEL OPTIMISMO

De pie, ante a una multitud escéptica, Tom Galvin respiró hondo y empezó a enumerar las razones por las que todavía confía en el mercado bursátil.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

De pie, ante a una multitud escéptica, Tom Galvin respiró hondo y empezó a enumerar las razones por las que todavía confía en el mercado bursátil.

La revolución de Internet todavía no ha terminado , dijo este estratega de mercado de Credit Suisse First Boston a una sala repleta de administradores de fondos. La mayoría de las empresas que planean una estrategia para la Web todavía no la han creado . Y basado en pronósticos de crecimiento de las tecnológicas, agregó: el mercado está regalado! .

Eso fue demasiado para Robert Marcin. El Nasdaq se está preparando para su próxima caída: a los 1.500! , se burló el profesional. Marcin luego desafió a Galvin a que apostaran US$100 a que este año el Indice Compuesto Nasdaq, caerá por debajo de 2.000 puntos.

Los inversionistas de todo el mundo están haciendo sus propias variaciones de la misma apuesta y, por el momento, la jugada de Galvin se ve difícil. El año pasado, el índice tecnológico Nasdaq cayó un 39%, y ha continuado su desplome durante 2001, lo que lo ha dejado un 55% por debajo de su récord hace casi un año. El Standard & Poor s 500 está un 19% debajo de su cierre récord, es decir, muy cerca del terreno bajista. Los inversionistas, cuyos ahorros se han evaporado ante sus ojos, están al borde de un ataque de nervios.

Y hay algo fundamental para Wall Street que también está en juego: la credibilidad de sus promocionados analistas, esos expertos que intentan predecir el desempeño del mercado usando teorías económicas y de mercado.

A medida que el mercado alcista cobró auge en los 90, estrategas como Abby Joseph Cohen, de Goldman Sachs Group Inc., se convirtieron en los oráculos del mercado, instando a los inversionistas a que se mantuvieran fieles a sus acciones y tranquilizándolos en los tiempos difíciles. El propio Galvin, de 39 años, que mezcla su trabajo con su apasionada devoción por el rockero Bruce Springsteen, se hizo famoso al transformarse en uno de los más empecinados optimistas de Wall Street.

Ahora, casi todos principales analistas se están comiendo sus palabras. Para colmo, después de equivocarse el año pasado, muchos pronostican una recuperación para este año, aun cuando la mayoría de los índices importantes están a la baja. Galvin todavía recomienda títulos tecnológicos, pero la debilidad de los resultados lo ha obligado a cambiar sus predicciones para los principales índices. Hasta el viernes, Galvin esperaba que el Nasdaq llegara a 4.000 este año, un alza del 77% desde su nivel actual. Ahora, lo redujo a 3.000, lo que equivaldría a un avance del 33%. En 2000, había pronosticado que llegaría a 6.000, y el índice terminó en 2.470,52.

Ese persistente optimismo es lo que pone en peligro la credibilidad de los analistas frente a los administradores de fondos. Y si pierden la confianza de los inversionistas, ése sería un duro golpe para las grandes firmas de Wall Street que los emplean.

Los administradores profesionales, por lo general, suelen poner sus negocios bursátiles en manos de los estrategas que admiran. Un analista importante también puede ayudar a que la firma gane asesoramientos de empresas en materia de adquisiciones y colocaciones de acciones.

Los analistas son hombres que manejan números y contienen la ansiedad de los inversionistas. Para ellos, la confianza en sí mismos y la notoriedad pueden ser tan importantes como un pronóstico acertado. Si tienen éxito generando negocios lucrativos, pueden llegar a ganar más de US$1.000.000 al año. Si no, pueden perder su empleo.

En 2000, Galvin fue ubicado en el segundo puesto entre los analistas, en una encuesta anual de la revista Institutional Investor. Pero después de su peor año de pronósticos, ha aumentando la frecuencia con que visita a sus clientes. Al menos dos días a la semana se reúne de sol a sol con administradores de fondos de todo Estados Unidos. Estoy viajando más, porque me vi afectado de alguna manera por la caída del mercado , explica. Cuando eso ocurre, uno no se puede esconder, hay que defenderse .

Cuál ha sido la receta de Galvin para acertar? Según el analista, la misma que usa la mayoría de sus colegas: mirar pronósticos de ganancias, tasas de interés y liquidez, y elaborar una previsión para un determinado índice bursátil.

Los cálculos son parecidos a los que se usan para predecir los precios de títulos individuales. Pero si una pieza del rompecabezas no encaja, como ocurrió el año pasado, cuando Galvin juzgó mal las tasas de interés y el crecimiento de las ganancias, los pronósticos pueden resultar un fracaso. Cuando eso ocurre, los estrategas se defienden diciendo que predecir lo que pasa en el mercado es un arte y una ciencia al mismo tiempo, y exige entender la psicología de los inversionistas, además del clima de negocios y la historia del mercado.

Algunos, incluyendo a Galvin, observan que muchos clientes los valoran más por su asesoría acerca de los distintos sectores del mercado que por sus vaticinios acerca de cómo terminará el año el mercado en general. Galvin agrega que sus predicciones fueron precisas en tres de los últimos cuatro años. También destaca que en 2000 recomendó acciones de empresas de salud, que tuvieron un incremento notable.

Algunos todavía comparten el optimismo de Galvin. En uno de sus viajes, Bob Turner, de Turner Investment Partners, le dijo: Estamos bastante de acuerdo con tu punto de vista de que las acciones de tecnología se recuperarán. Pero en Pilgrim Baxter Associates, el gerente Raymond McCaffrey lo escuchó con escepticismo. Cómo puedes seguir justificando tu optimismo tecnológico? , le preguntó Acaso las firmas de tecnología no están saturadas de capacidad? .

Galvin le respondió que la demanda se está recuperando. Pero el experto reconoció después que ésa es"la pregunta del millón: Hay tanto exceso de capacidad que estamos listos para otra importante caída de las acciones? .

Según Galvin, a mediados del año pasado cuestionó si las ventas de tecnología aguantarían, pero dice que los expertos de la industria despejaron sus dudas en aquel momento. Cuando los títulos siguieron desplomándose, salí y empecé a hacer campaña, para aclarar por qué esto no es Japón, y por qué este no va a ser un bajón prolongado, y por qué no es el final de la revolución tecnológica .

Este año, sus sectores favoritos son otra vez tecnología, telecomunicaciones y salud, basado en su propio análisis y en un optimismo a prueba de todo.

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