Cincuenta caballos le dijeron adiós al asfalto

Cincuenta caballos le dijeron adiós al asfalto

27 de febrero 2013 , 12:00 a.m.

Fabián Forero Barón Redactor de EL TIEMPO Ángel Cascavita sintió en el estómago lo mismo que experimenta un padre de familia al despedir a un hijo en el aeropuerto. Esta vez la tristeza que lo embargaba era por Mara, la yegua de sus amores.

Aquella tierna ejemplar que durante dos años lo acompañó en el rebusque diario. En el día a día.

Ayer, este hombre, de 51 calendarios y natural de Calvario (Meta), hizo parte del primer grupo de medio centenar de carreteros que de manera voluntaria entregaron sus caballos y yeguas a la Secretaría de Movilidad, dentro del programa de sustitución de tracción animal que adelanta la entidad, después de dos años de aplazamientos. Para Ángel, la despedida tuvo tintes de ritual. De hecho, el carretero decidió darle libre la tarde del lunes y aprovechó las últimas horas con ella para cepillarle los dientes -que confirman su juventud-, peinarle la crin y arreglarle las herraduras. También le susurraba frases bonitas al oído: "Mijita, tranquila que todo va a salir bien. Mara solo lo miraba, ni siquiera relinchaba... Después vino la comida: café con pan para el 'cristiano' y zanahoria, melaza y concentrado para la bestia. A las cuatro de la mañana, ambos partieron con rumbo a Udca, en la calle 222 con 55. A esa hora, una caravana de 'llaneros solitarios' ocupaba una calzada de la Autonorte.

Amaneció. Ángel sabía que el momento había llegado. Una veterinaria le preguntó los datos básicos de Mara y después de una pequeña revisión se llevó la yegua a las caballerizas de la universidad, donde se le practicarán, al igual que a los demás ejemplares, exámenes de sangre y orina, antes de entregarlos a alguno de los 1.000 padrinos registrados ante el Distrito.

"Ya era hora que descansara", dijo Ángel, antes de que una lágrima se deslizara por la mejilla derecha. Lo mismo le sucedió a María Pinilla, quien dejó en buen uso de pensión a Morocho, que la acompañó calle arriba calle abajo unos ocho años. "Ya no va a sentir el rigor de la carreta", explicó acongojado José Tocancipá, otro carretero. Se refería a Muñeca, que sobre las 11 de la mañana se incorporó a una pesebrera. Mientras los 'zorreros' vivían emociones encontradas -por un lado dejaban a sus hijos de cuatro patas y por el otro divisaban las camionetas de 21 millones que recibirán a cambio-, el alcalde Gustavo Petro reflexionaba en su intervención: "Si queremos reconciliarnos con la naturaleza, tenemos que superar la segregación y la desigualdad social". En primera fila y acompañado por figuras televisivas como Amparo Grisales, quien ha acompañado la iniciativa de sustitución, Álvaro Castaño Castillo, defensor de los animales desde los tiempos de Naturalia, aplaudía con fuerza. Otros asistentes levantaban letreros que lo resumían todo: "Bienvenidos a la libertad".

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