CON LA FEDERACIÓN

CON LA FEDERACIÓN

Se discuten por estos días los términos de un nuevo contrato cafetero entre el Gobierno y la Federación Nacional de Cafeteros. Como es apenas explicable, tal negociación suscita un gran interés nacional, y en torno de ella se han levantado roces diversos y asociado opiniones opuestas.

26 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Hay quienes sostienen que la próxima caducidad del contrato, pactada inicialmente para diciembre de 1998, habrá de brindar la coyuntura adecuada para introducir cambios de fondo en el sector, particularmente en lo que toca con los instrumentos de intervención tanto en lo físico como en lo financiero, así como en la administración del Fondo Nacional del Café por parte de la Federación, la que, además, opera como representante del país en las negociaciones internacionales.

Por otra parte, importantes sectores en el mundo cafetero comparten la idea de renovar el contrato, que podría así extenderse por otros 10 años. El prestigio de la Federación en ámbitos nacionales e internacionales, su experiencia y su conocimiento especializado de todos estos temas, se invocan como argumentos de peso para mantener y prolongar la relación existente.

Sin pasar inadvertida la necesidad de evaluar las nuevas condiciones globales del mercado cafetero, la conveniencia de monitorear modernos instrumentos de intervención y la urgencia de proteger el Fondo Nacional del Café que providencialmente logró superar una gran crisis, gracias a la altísima cotización reciente del grano en los mercados internacionales, es justo reconocer la tranquilidad que la Federación ha generado entre los cafeteros y en todo el país a través de las distintas épocas.

Así, con fundamento en las anteriores consideraciones, parece conveniente buscar como primera opción mantener y prolongar el contrato entre la Federación de Cafeteros y el Gobierno, capitalizando la experiencia ganada a lo largo de los años y, claro está, introduciendo los ajustes que las más juiciosas evaluaciones aconsejen.

Un cambio abrupto del modelo en circunstancias tan complejas y la introducción de nuevos elementos que se pueden traducir en inconveniente zozobra, no parecen aconsejables. Por el contrario, parece absolutamente viable concertar las modificaciones que interpretan las inquietudes y requerimientos de quienes conviven en el mundo cafetero y que permitan encarar con éxito los retos presentes.

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