Señor juez

Señor juez

25 de febrero 2013 , 12:00 a.m.

Lo único que logra unir a hinchas de Millonarios, Nacional, Cali, Santa Fe y Junior; de Argentina y Brasil; de Barcelona y Real Madrid, de las selecciones de Israel y Palestina es la desconfianza sobre el árbitro. El culpar al juez es en lo único que se coincide a plenitud en un juego en el que la pasión ciega la razón. Por eso los fanáticos políticos, religiosos o de fútbol son iguales: defienden con apasionamiento desmedido su credo, sus colores.

En el fútbol el árbitro es siempre el culpable de las derrotas, el obstáculo para los triunfos, la excusa para justificar los malos resultados y comportamientos. Es el perverso que corrompe el juego, que "daña el espectáculo", como repiten sin parar legos y doctores. El fútbol no se entiende sin el juez insultado y señalado.

Hay un viejo chiste. Un hombre llega al colegio de árbitros y dice: 'Vengo por el trabajo que ofrecen'. Y el dependiente grita: 'Pásenle un formulario a esta rata ladrona, malnacida, hija de mala madre'. El tipo ofendido, entonces, responde la injuria, lo escupe y se va. "Ya no traigan nada -dice-. ¡Otro que no tiene madera para el puesto!". Cámaras y teleobjetivos hacen que cualquiera desde la comodidad del sofá, con el control remoto en velocidad superlenta o cuadro a cuadro, baje el pulgar y condene al árbitro. Y así se reclama la urgente utilización de la tecnología para evitar ese prevaricato perenne del juez. La Fifa acaba de reconfirmar que por primera vez en el Mundial de Brasil-2014 habrá ayuda tecnológica para el árbitro únicamente para definir si hay anotación, ya sea con un sistema multicámara (como el 'ojo de halcón' del tenis) o con sensores en el balón, las porterías y las líneas de gol. Solo para eso. Han pasado más de 36 horas en las que, por ejemplo, se han visto y revisto las tres tomas de la jugada y aún no hay unanimidad en si hubo penalti en la acción del 1-0 de Once Caldas sobre Millos. Pero el árbitro, que solo tuvo un instante para decidir en caliente, ya fue juzgado y condenado.

Juro que en una toma me parece penalti inmenso, pero en la otra, no; que ni tocan al delantero. ¿Y el pobre árbitro? ¿Qué ayuda tecnológica sirve ahí? ¿Llenamos de sensores los cuerpos de los futbolistas, así como los guayos y el balón? Millonarios no perdió por Ímer: perdió porque fue más inofensivo que un bebé dormido...

Meluk le cuenta...

Gabriel Meluk Editor de Deportes

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