La mala hora del Rey

La mala hora del Rey

25 de febrero 2013 , 12:00 a.m.

Como si no fuera suficiente el sacudón que ha vivido la política española a causa del escándalo generado por la aparición de los llamados "papeles de Bárcenas", que dan cuenta de extrañas movidas de dineros hechas por el tesorero del partido de gobierno, otro episodio bastante turbio, que hoy ocupa los titulares de la prensa de este país, ha alcanzado al propio rey Juan Carlos. Todo comenzó en el 2010 con las indagaciones en torno al manejo poco claro que les daba a recursos públicos una institución sin ánimo de lucro, el Instituto Nóos, a la cabeza del cual se encontraba Iñaki Undargarin, esposo de la infanta Cristina. Este, en compañía de su socio, habría recibido dineros de comunidades autónomas a cambio de eventos que nunca tuvieron lugar o que contaron con presupuestos inflados. A raíz de ello, el antiguo jugador profesional de balonmano fue acusado de malversación, fraude, prevaricación, falsedad y blanqueo de capitales.

Y si bien al comienzo se le quiso dar al caso un bajo perfil y se insinuó que el yerno del rey habría dado un paso al costado por pedido de su suegro, el asunto recobró atención cuando el socio de Undargarin aseguró que todas las movidas, hoy objeto de investigación, contaban con la anuencia del palacio de la Zarzuela, sede del despacho de su majestad. Su testimonio llegó al extremo de señalar que el monarca era conocido dentro de la trama como el "Jefe".

Pocos días después de hacerse pública esta declaración, Undargarin salió al paso y, en declaración ante el juzgado de Palma de Mallorca que lleva el caso, aseguró que "la Casa de S. M. el Rey no opinó, asesoró, autorizó o avaló las actividades que yo desarrollaba en el Instituto Nóos".

Pero no todos le han creído. En encuesta divulgada ayer por el diario El País, se revela que el 46 por ciento de los entrevistados considera que don Juan Carlos sí estaba al tanto de las andanzas de su yerno, frente al 40 por ciento que le otorga el beneficio de la duda. Peor aún, el 88 por ciento no duda de que este hecho ha perjudicado la imagen de la casa del rey, que el año pasado ya había salido maltrecha ante la revelación de una vieja foto del monarca frente a un elefante que había cazado en África. La realeza ibérica deberá, pues, emprender el duro camino de la reconstrucción de la confianza entre sus súbditos, ruta que la crisis económica hace ver muy empinada.

editorial@eltiempo.com.co

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