LOS BOSQUES CULTURALES DEL TRÓPICO

LOS BOSQUES CULTURALES DEL TRÓPICO

El caudal torrentoso rugía al despeñarse en las cachiveras de Jirijirimo en busca del lago que camina hacia el Océano Atlántico, que es como suele llamarse al río Amazonas: el lago que camina . Hacía cuatro semanas que estaba en mitad de la selva amazónica, en el agua las pirañas inofensivas mientras no vean herida sangrante, en el aire la alta estatura vegetal de los cedros, la telaraña verde de la jungla. El avión llevaba ocho días de retraso. El Mama Valencia se retiró a cincuenta metros, tras la espesura, a reflexionar sobre mis preguntas y a interrogar a los espíritus mientras sus rezos se elevaban disueltos en las espirales del tabaco. Regresó y me susurró: Mañana a la una de la tarde llega el avión . Quién se lo dijo? le pregunté. Marandúa, el que trae las buenas noticias, replicó. Pues bien, uno de los mayores retos que plantea la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América, está en las buenas respuestas que desde nuestro hemisferio sepamos dar a los grande

07 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Con el arribo de España a nuestros territorios al encuentro con nuestra cultura, se produjo una aceleración del ritmo parsimonioso de la historia y se amplió el escenario de relaciones entre la naturaleza y el ser humano. Sin embargo, debe reconocerse que es poco el tiempo que ha quedado para establecer el balance real de esa convivencia de cinco siglos, en los cuales se han cumplido tantas y tan profundas transformaciones.

A favor de España y de Europa están, entre otras cosas, la evangelización, las Leyes de Indias, la empresa monumental de la Real Expedición Botánica, de Carlos III, y cumbres de sabiduría en las ciencias naturales, como el barón de Humboldt y el sacerdote gaditano don José Celestino Mutis. Sus testimonios no tienen par, cuando se trata de ponderar la infinidad de factores que conducen a medir la responsabilidad del ser humano en la evolución del equilibrio planetario.

En los umbrales del tercer milenio, la selva tropical húmeda y la riqueza hídrica de la América tropical, resumen en su biodiversidad la mayor riqueza de la especie humana y el soporte más crítico para su supervivencia. En Nuestra Propia Agenda, excelente informe que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han presentado sobre el medio ambiente y el desarrollo en América Latina y el Caribe, campea esta verdad.

Aquella realidad apenas empieza a insinuarse en estas cifras impresionantes: de las 250.000 especies de plantas superiores, 90.000 se encuentran en la América Latina tropical. Si se considera que el 10 por ciento son especies medicinales, el 10 por ciento tiene usos industriales y el 15 por ciento son comestibles, se completa un número de 31.500 especies útiles para ser aprovechadas.

A fines de 1970 apenas el uno por ciento de las 50.000 especies estimadas de angiospermas del Amazonas brasileño, habían sido examinadas para conocer su composición química. En comparación con las 90.000 especies de plantas superiores tropicales de América Latina y el Caribe, las zonas tropicales de Africa contienen 30.000 y las de Asia 35.000. La diversidad de las laderas húmedas de los Andes supera a la del Amazonas de la llanura y es la responsable del superávit de especies de plantas del Neotrópico con respecto al Paleotrópico: allí se esperan los mayores descubrimientos.

Con esta perspectiva en mente, presentamos al Encuentro Arabe-Latinoamericano, --organizado por el Príncipe Hassan de Jordania y el autor, con el auspicio de Expo 92 en Sevilla, el Club de Roma y la Fundación Santillana-- la propuesta denominada Una agenda propia para España, el mundo árabe y América Latina , destinada a preservar el megasistema ecológico de la Amazonia, mediante la creación de grandes escalas de bosques culturales en la sabana de la Orinoquia brasilera-colombiana-venezolana. Este proyecto está en la línea del sugerido por el profesor Lester Brown desde el World Watch Institute y de planeamientos similares alrededor de las grandes acciones para neutralizar las alteraciones del clima mundial.

Un enfoque de esta naturaleza lo resumí de la siguiente manera en la reunión del Parador de Carmona, en julio de 1990: Una forma de contribuir en el largo plazo para evitar la desertización de la Cuenca Amazónica, que alberga el bosque tropical húmedo, y la de la Cuenca de la Orinoquia, que todavía mantiene el verde de las praderas y la vida de su fauna supérstite, está en convertir la segunda en un inmenso bosque cultural. Según los datos técnicos disponibles, en la Orinoquia bien drenada, tanto del lado de Venezuela como de Colombia, existe la posibilidad de establecer algo más de 40 bosques culturales con un millón de hectáreas cada uno. Así se crearía una solución alternativa contra la depredación del bosque natural, se protegerían su flora y su fauna y se crearía una nueva oportunidad para prolongar la vida de la especie humana .

La anterior hipótesis en lo que respecta a la extensión de la biodiversidad selvática al bosque colindante de la sabana, ha recibido ya una demostración estimulante, a través del estudio realizado por los biólogos colombianos Hilda del Carmen Dueñas Gómez y Francisco Cortés Pérez: según ellos, se está pensando en forma acertada y realista. En la misma dirección, el Libertador Bolívar dictó un decreto en que ordenó la siembra de un millón de árboles en la Orinoquia.

Colombia tiene la fortuna de contar, en el Centro Gaviotas , con uno de los proyectos de avanzada en la armonía hombre-naturaleza, bajo la inspiración visionaria y ecuménica del profesor Paolo Lugari, un colombiano que enorgullece: GAVIOTAS es el escenario no solo para desarrollar el estudio de este megaproyecto ecológico, sino también para convertir su actual sede de operación en el Vichada, en plena Orinoquia --con cerca de 10.000 hectáreas de extensión-- en el primer gran bosque cultural de la Orinoquia colombiana.

Antes del 12 de octubre de 1992, Colombia podría presentar este símbolo de lo que serían millones de hectáreas sembradas de pino caribea, originario de nuestra propia selva tropical y su mejor aliado para salvar la biodiversidad terrestre.

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