EL CONCEJO

Para las elecciones de octubre próximo la atención de los medios y del electorado está concentrada en los distintos candidatos a la Alcaldía Mayor. Aquí debe tenerse en cuenta aquello de que los árboles no dejan ver el bosque ; es decir, que por estar pendientes de los alcaldes nos olvidamos que también se va a elegir a los miembros del Concejo y de las Juntas Administradoras Locales (JAL), elementos primordiales para la buena marcha de la Administración.

24 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Precisamente el hecho de que en los últimos comicios no se les hubiera prestado mayor atención a las listas de Concejo y de JAL en Bogotá, pues todos estábamos distraídos con las ocurrencias del doctor Mockus, los electores cometimos el costoso error de elegir, tanto para la Alcaldía como para el Concejo y las JAL, a personas que no tenían ningún conocimiento de la capital, de sus problemas, ni poseían la menor capacidad administrativa para aportar una solución eficaz a las necesidades de la ciudad.

De ahí que el Concejo de Bogotá esté hoy cuestionado por la ciudadanía como una entidad inútil, y que las JAL sean unas instituciones tan fantasmales que ni siquiera en las localidades donde fueron elegidas se sabe que existen. Puede decirse que en los últimos tres años la Administración de Bogotá ha sido un cuerpo inerte, incapaz de moverse ante la magnitud de los múltiples problemas que enfrenta la capital de Colombia.

Tal como lo reconoce con ejemplar autocrítica uno de los miembros del Concejo, y actual precandidato a la Alcaldía, Carlos Ossa, los Alcaldes Mockus y Bromberg, y el Concejo de Bogotá, se aislaron de la ciudad . Y lo mismo puede decirse de las JAL con respecto a sus localidades.

No significa esto que la Alcaldía, el Concejo o las JAL deban ser abolidos, sino que los bogotanos están en la obligación de fijarse muy bien a quiénes van a elegir en las elecciones de octubre para ocupar los cargos de Alcalde Mayor, de concejales y de miembros de las Juntas Administradoras Locales.

Para que estas instituciones funcionen como es debido, es indispensable que a ellas lleguen personas capaces y capacitadas, conocedoras a fondo de los problemas de Bogotá, y con la imaginación suficiente para resolverlos.

La Administración Mockus no entendió para qué servían las JAL, y so pretexto de mantener a raya la voracidad de los concejales prácticamente paralizó el Concejo, ya de por sí afectado por la nulidad de la mayoría de sus integrantes.

Pero el Concejo de Bogotá, dentro del esquema democrático, es una entidad clave en la eficiencia administrativa, y las JAL no deben ser miradas como enemigas de la Alcaldía, sino como auxiliares valiosos para tener el conocimiento cabal de una ciudad que hoy sobrepasa los siete millones de habitantes.

Estamos a menos de cuatro meses de las elecciones de octubre y ya se han definido los cerca de diez candidatos que aspiran a desempeñar la Alcaldía Mayor de la capital el segundo cargo más importante del país, según dicen, y los distintos medios se han puesto a su disposición para que expongan sus programas con todas libertad y amplitud.

Sin embargo, no hemos visto que se haga ninguna promoción para los candidatos al Concejo y a las JAL, tan importantes para el ciudadano elector como el mismo Alcalde. Nadie sabe quiénes son tales candidatos y ni siquiera si los hay.

No tendríamos derecho a quejarnos de que la ciudad está mal administrada si por apatía, por desidia o por ignorancia volvemos a elegir malos administradores.

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