EL CARNAVAL DE BRASIL

EL CARNAVAL DE BRASIL

El domingo en la noche, después del triunfo de Brasil sobre Paraguay 2-0, Ronaldo estaba en la discoteca MJ S, en la Zona Rosa de esta ciudad.

24 de junio 1997 , 12:00 a. m.

A ese calvo lo conozco , dijo alguien. En la misma mesa había un grupo de hombres, también conocidos.

Allí permanecían sentados Romario, Edmundo, Paulo Nunes, Ze Roberto y Mauro Silva, todos de la Selección Brasil.

Ellos tomaban cerveza y escuchaban merengues y sambas.

Ronaldo se levantó y fue al baño. Más tarde, regresó caminando con paso lento. Se sentó y empezó el desfile. Niñas de no más de 20 años le daban besitos en la mejilla, le pedían autógrafos y se tomaban fotos con él.

Afuera de la discoteca, un cantante del grupo de rock del lugar decía: Allá adentro tenemos a este jugador de Brasil que le gusta hacer goles, el grande, el calvo, ese Ronaldo. Como quien dice, adentro hay como 500 millones de dólares y 700 bolivianos que vale el equipo de sonido .

Las niñas siguieron llegando. Ronaldo parecía tímido. Edmundo, no. Tomó por la cintura a una cambita y se fue a bailar merengue. Ahí está, ahí está, se la llevó, se la llevó, el tiburón, el tiburón, el tiburón se la llevó. No pare, sigue, sigue, no pare... , sonaba duro mientras Edmundo, El Animal , meneaba la cadera.

Romario y Mauro Silva no paraban de hablar por celular. En su soledad, Ze Roberto seguía el ritmo, y Paulo Nunes comía una picada de carnes.

Semifinal? Semifinal de Copa América contra Perú el jueves? De eso nada. Qué hubiera pasado en Colombia si, por ejemplo, después de la derrota con Perú se aparece uno de los suplentes de la Selección en la calle 84 de Barranquilla? El carnaval continuó. Edmundo empezó un romance con su cambita de estrecha cintura. De repente aparecieron tres jovencitas con vestidos llamativos. Guantes largos, escotes profundos, talles ajustados y peinados de trenzas y elaborados moños. Las tres vestían de negro. Conversaron y tomaron unas copas con los jugadores. Así fue durante hora y media.

Uno de los dueños del lugar cometió el error. Llamó a un fotógrafo de un diario local. Era el momento esperado para hacerse publicidad en las páginas sociales.

El reportero apareció. A Romario, que por lo visto es el líder del grupo, no le gustó mucho el asunto y con rapidez y sin escándalo se levantó de la silla. El fotógrafo se quedó con el rollo montado.

No le cobran Nos vamos , le dijo a Ronaldo. Un momento, dame unos minutos , contestó. No, nos vamos ahora . La decisión era irrefutable.

Trajeron la cuenta. Paulo Nunes, rebuscó unos billetes en su bolsillo. Romario hizo lo mismo, pero Ronaldo, extrañado, le dijo al camarero que a él nunca le cobraban. Romario canceló en efectivo la deuda.

Los tres se detuvieron en la esquina a esperar un taxi. A Ronaldo se le acercó un niñito de ropas sucias y rotas y un brazo escayolado. Pablo, un gamincito, le sonrió y Ronaldo empezó a jugar con él. Le daba manotacitos en la cabeza y le fintiaba como un boxeador.

Romario paró un taxi. Ronaldo sacó un billete de 100 bolivianos y se lo entregó al niño.

El taxi tenía como destino otro lugar de mayor actividad y menor reputación. El Currys, el nigth club más afamado de Santa Cruz. El día del partido con México les habían recomendado ese sitio.

Adentro de MJ S, se quedaron Mauro Silva, Ze Roberto y Edmundo. Más tarde, llegaron Leonardo (un buen hombre y un gran bailarín) y Giovanni, y detrás de ellos, el primer periodista brasileño en aparecer: André Rizek, del Journal o a Tarde, de Sao Paulo.

Todos los jugadores tienen el día libre. Tienen que presentarse mañana (ayer) a las 11 de la noche a la concentración. En Brasil los jugadores son muy puteros .

Ayer, el rumor de la rumba de los jugadores se esparció rápido y creció como bola de nieve. Muchos colegas brasileños empezar a indagar de discoteca en discoteca hasta que dieron con MJ S.

Varios de los periodistas que se enteraron hablaron sin tapujos.

En Brasil eso es muy normal. En la concentración de Corinthias, por ejemplo, la noche antes de jugar la final con Sao Paulo, llegó una camioneta con 15 muchachas , relataron.

A los reporteros brasileños les dijeron que después del partido con México, los jugadores se tomaron Currys y lo hicieron cerrar. Fueron los únicos clientes de la noche.

La búsqueda de los periodistas no se ha detenido. Andan tras las huellas de una casa grande que supuestamente alquilaron los jugadores para hacer sus fiestas. Les resulta más económico que pagar por la exclusividad del local.

Dicen que las señoritas del Currys les dieron esa información, pero que están cobrando muy caro por dar las coordenadas del lugar de desconcentración de Brasil.

El tercer tiempo En el Currys se jugó el tercer tiempo del partido entre Brasil y Paraguay. Ronaldo y compañía, a su salida de la discoteca, se unieron a Ze María, que les guardaba una mesa muy cerca del escenario.

Al frente de ellos, al otro lado del rectángulo de luces multicolores, estaban algunos jugadores paraguayos: Francisco Arce, Roberto Acuña y el portero suplente Ruiz Díaz, a quien se le escuchó decir: Si los brasileños jugarán la semifinal y están aquí, por qué nosotros no? A José Luis Chilavert no se le vio por allí. Ayer, en el Hotel Los Tajibos, los botones dieron fe de haberlo visto hasta altas horas de la noche charlando con un grupo de amigos en el restaurante y tomando jugo.

En el caliente Currys los brasileños estaban tranquilos. Fueron los señores Nazario Lima y De Sousa Farías. Nada de Ronaldinho, nada de Romario.

De Sousa Farías fue el más picante para el baile: su movimiento de cintura en las 18 es una tontería en comparación con el que se le observó apenas sonó El baile de la botella. El señor Nazario Lima no se aguantó y saltó a la pista.

Sus parejas, de diminutas faldas y delgadas ombligueras, no paraban de sacudirse.

Allí sí que se relajaron los brasileños. Se rieron, firmaron autógrafos, bailaron hasta el cansancio, apuraron más cervezas y luego se fueron. Salieron solos y hablando por teléfono. Había terminado el carnaval.

FUE EN UNA DISCOTECA de Santa Cruz, en Bolivia. Ronaldo, Romario y otros jugadores de Brasil se fueron de rumba horas después del juego que le ganaron a Paraguay. Hubo tiempo para todo. Hasta para tomarse fotografías con el enviado especial de este diario.

Felipe Caicedo / EL TIEMPO Horas después del triunfo sobre Paraguay

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