LA BELLA Y LA BESTIA

LA BELLA Y LA BESTIA

24 de noviembre 1996 , 12:00 a.m.

La bella: Patricia Janiot Todos las vimos, porque todos asistimos puntuales a la feria de vanidades más liposupcionada del país, a la feria de doña Tera y Heredero, la feria que todavía mueve las fibras del regionalismo colombiano y las fibras de las mamarias en flor. Y Angela Patricia, que había pasado hace trece años por el mismo escenario, vino a decirnos, con Simone de Beauvoir, que no se nace mujer, que la mujer se hace.

Más bella que en los albores de su adolescencia, madurada por más de una década, segura y con una chispa de ironía en los labios, la periodista de hoy regresó a recordarnos que la belleza se construye con la participación decidida de la inteligencia (cuando ésta se tiene).

Respetuosa de las niñas que probaban suerte en el mundo de los cosméticos y de los contratos publicitarios, debió sentir nostalgia de otros tiempos, cuando apenas la conocimos como proyecto de belleza.

Convertida ya en periodista, y no en muñeca de porcelana frente al telepronter, Patricia dio una lección a los programadores de noticieros: no hay que buscar la gloria ni la fortuna en el lugar equivocado.

La Bella, pisando los escalones de su espléndido tercer piso, se ha sumado a las Gloria Cecilia y Beatriz Gómez, a las Ximena, las Inés María y María Cristina, berraquitas que en el periodismo de la imagen saben que, para que se les crea, hay que demostrarlo primero: el mundo que leen y glosan es cosa seria, aunque a menudo sea sórdido, no basta una sonrisa ni unas hermosas piernas para convencernos de que lo que leen y dicen ha sucedido de veras.

La Janiot regresó a corregir una de las aberraciones del país: la de confundir los noticieros con las pasarelas.

La bestia: Werner Mauss Nada más admirable que su impasividad frente a las cámaras, su rostro pensativo y esa enigmática mirada, acaso de desdén, frente a sus captores .

Hombre de mil identidades, también ocultaba la que acababan de descubrirle. El Alemán Impasible pensamos los lectores de Graham Greene ante este personaje de John Le Carré, personaje de la saga de Smiley y no, como han querido verlo, de la rocambolesca saga de los 007.

Cazador de comisiones o de fortuna, héroe protegido por la cancillería del país donde fraguó su sórdida leyenda; tolerado por nuestro presi ( es acaso mi presi?) y su hombre del interior, Mauss añade una nueva cifra en las cifras fabulosas de nuestra corrupción local. Era el que nos faltaba! Mauss, alias Klaus Mllner otro alias nos ha puesto ante la disyuntiva de seguir pensando en Rambo o, al fin, reconocer que los personajes de Le Carré, agotada la guerra fría, van a ser los héroes que nos merecemos: nos hemos libanizado, estamos a punto de yugoslavizarnos y el billete sucio que corre por las montañas de alzados en armas es tan atrayente como el que pasa por las contrataciones del Estado.

Ya no estamos en medio de la polarización ideológica del mundo, sino en el mundo del que más billete ofrezca. Los agentes dobles son agentes de una sola causa: el cinismo, que pasa por la mentira y el encubrimiento. Y Mauss, ese ratón que Bigote de Gato conoció en Bonn, hace honor a la descomposición que nos acosa.

Me lo dijo Carlos Monsivais: los mexicanos, con más de 60 años de corrupción del PRI, nos merecíamos este héroe. Lo siento, mi querido Carlos: es nuestro. El Alemán Impasible, el heredero de Smiley, ha llegado donde era: al reino del terror y el dinero fácil.

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