ANATIDAE HORRIPILIS

ANATIDAE HORRIPILIS

La mayoría de los colombianos tienen mala experiencia educacional en lo referente a la ciencia en general, y a las matemáticas en particular. Si bien es cierto que lo mejor que le puede suceder a uno es hacer en la vida exactamente lo que quiera, también lo es el que le toque a uno aprender lo que ya sabe que es, generalmente, lo que a uno le gusta. Más estrictamente (dada la ley de la pereza universal, que, creo, rige todo lo existente, desde las leyes físicas hasta la política) aquello que uno hace con menor esfuerzo o aquello que le da a uno mayor placer, o mejor aún, aquello que reúne esas dos condiciones. (Ver gráficos)

22 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Dado lo anterior, preguntamos: cómo es que hay gente a quien le gusta la matemática o la ciencia? Definitivamente, razonaría uno, hay que tener un tornillo suelto en la cabeza y una fuerte dosis de masoquismo para sacarles placer a cosas tan raras como inútiles y difíciles.

La verdad es, sin embargo, que a mucha gente le gustan esas cosas, y como uno no nace con instrucciones para manejo, cual moderna calculadora de mano, no hay ningún modo, a priori, de saber qué le puede gustar a una persona. Tristemente y como patico feo (anatidae horripilis) que nadie entiende o quiere, la enseñanza escolar de la ciencia victimiza la materia que se enseña y al estudiante. El hecho no es que el pato feo fuera feo: el hecho es que no era pato! Así, pues, cuando me dicen que la ciencia, las matemáticas, la física y la química son necesariamente harto feas y tienen mal aliento, hay que contestar que eso no es verdad; que depende de cómo se aborden: hasta enjabonar la novia puede ser aburrido si se toma con mala perspectiva (me mojé todo; le entró jabón en los ojos y se enchichó y me pegó un mordisco; al fin ni limpia quedó!). Es importante reconocer que esas materias son frecuentemente enseñadas por maestros que, habiendo sido, a su vez, víctimas de igual maltrato, aborrecen el tema y, por tanto, lo abordan con el ánimo de quien tiene que tomarse un galón de aceite de ricino.

Hay que añadir que la literalidad científica de un pueblo, además de ser el mejor indicador de su estado de desarrollo, predice su futura capacidad de sobrevivencia en el mundo moderno. Pero quizá más fundamental en esta discusión es la naturaleza misma de la ciencia. Tan preciosa como la más bella de las melodías musicales o el más espectacular atardecer frente al mar, o una sonrisa picaresca o lo que a uno más le guste. Además de ser hermosa, es embriagadora, como son el deporte, el poder o el dinero, para citar ejemplos que se entiendan. Dirán algunos que hay gente que se embriaga arrastrando un botón. Bueno, al fin es más barato y saludable. O dirán: pura paja; dirán que la ciencia es un vomitivo. Y yo les preguntaría si nunca jugaron canicas o bolas en el parque. Y qué creen que hacían cuando alineaban la puntería o ponían la marrana gorda en el centro del círculo para asegurarse de que nunca lo sacarían a uno del juego ( ese sabe física!). O qué hacían cuando construían un avión con el papel en el que estaban garabateadas las detestadas e inútiles fórmulas matemáticas? Todas estas actividades requieren el pensar, el calcular, el predecir: son actividades humanas, de humanos para humanos; y eso es la ciencia, que finalmente es la metodología del pensar con claridad. Un buen ejemplo es el caso de Gauss, el famoso matemático, quien, de niño, fue castigado por la maestra de aritmética, la cual le puso de tarea el sumar todos los números desde el uno al cien. Gauss, luego de pensar un rato (y sin duda utilizando la ley de la pereza universal), y además con ganas de sobar a la maestra, resolvió hacer la suma en la cabeza y dar la fórmula general para tal proeza en términos abstractos de tipo algebraico. Con esto dejó a sus amigos y a la maestra en estado de AEA (angustia existencial aguda), Hum! La parte de álgebra suena jarta, pero no lo tiene que ser. Me explico. El chino Gauss razona así: los números del uno al cien son una fila continua de números que crecen en altura de modo ordenado, como los escalones de una escalera. Si corto la línea de números en dos, una del uno al cincuenta, y otra del cincuenta y uno hasta el cien, tengo dos retazos de números. Bien: si ahora pongo el retazo de números grandes debajo del de números chiquitos y alineo las dos tiras, veo que si pongo el noventa y nueve debajo del uno me da cien y el noventa y ocho debajo del dos me da cien y así con todos los números desde el uno hasta el 49 enfrente del cincuenta y uno. Y esto qué da, pues, mijo? Cuarenta y nueve cientos más el cien final, más el cincuenta que se quedó solo del otro lado. Es decir, 49 cientos, más el cien que cuelga de un lado y el cincuenta del otro. Es decir 50 cientos más cincuenta; en otras palabras, cinco mil cincuenta.

Esto lo puede hacer en la cabeza todo el mundo, y es válido para cualquier número. La fórmula matemática es: tome cualquier número, n (que en esta escalera es cien), córtelo en dos, n/2 (en este caso 50); ponga la mitad de la derecha (51 a 100) debajo de la otra mitad (figura segunda) de tal modo que el 50 (en negro) sobresalga a la derecha y el cien (también en negro) a la izquierda. Si sumamos la cifra de arriba con la de abajo notamos que todas dan 100 (1+99, 2+98,... 49+51); es decir, hay 49 cientos. Hay que añadir el cien de la izquierda y el cincuenta de la derecha y qué da? Cincuenta cientos más cincuenta, es decir 5.050. La fórmula matemática para cualquier número es: multiplique n/2 por n (es decir 5000) más el de la cola n/2. Y cómo se escribe? Pues: (n/2)n+n/2. Esta fórmula es general (se aplica a cualquier número).

Sé que parece pato feo, de lejos, pero de cerca es mucho más fácil que escribir un mal poema! Y para qué sirve? Para pensar mejor, para utilizar mejor la inteligencia, para impresionar a amigos y maestros; para no tener que quedarse mucho tiempo en la clase durante el recreo cuando a uno lo castigan. Y, finalmente y más importante que todo, evita la obesidad mental! * Nueva York University Medical Center Director del departamento de Fisiología y Neurociencia

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