MANUEL NO VOLVERÁ A GRITAR BRASIL

MANUEL NO VOLVERÁ A GRITAR BRASIL

Manuel José Justiniano tiene 11 años y sueña con ser futbolista. Para él la vida se divide en dos: pegarle a la pelota y estudiar. En ese orden.

22 de junio 1997 , 12:00 a. m.

El fútbol tiene sus misteriosos encantos. Los niños, sin importar de qué lugar del planeta sean, quieren convertirse en esos semidioses de pantaloneta y guayos. A todos les ha pasado, o no? Manuel José es hincha de Brasil, como casi todos los cambas (cruceños) en esta Copa América. Cuando escucha las palabras mágicas Ronaldo o Romario la cara se le ilumina y siente un extraño cosquilleo en sus manos. Por eso, cuando Brasil llegó a esta ciudad con todos sus ídolos de carne y hueso, salió volando del Colegio San Miguel donde cursa segundo intermedio, algo así como primero de bachillerato, pasó como una ráfaga por su casa, no comió nada y se fue rápido, tan rápido como se lo permitieron sus pequeños pies, al Tahuichi Aguilera.

Solo cargó un cuaderno y un lápiz. Romario o Ronaldo tendrían que darle un autógrafo.

Por mucho que gritó detrás de la reja, ninguno de los dos se enteró que él existía. Se cansó de llamarlos, pero aún no estaba rendido. A la segunda lograría las firmas y, por qué no, una foto con ellos.

Insistió con terquedad, alentado por su madre, Dalcy Dencker. Un par de días después se fue hasta la sede del Blooming, su equipo, para ver a los brasileños entrenar, pero un guardia fue tajante: No puedes entrar , le dijo.

Regresó a casa con las manos vacías. Ni autógrafo, ni foto, ni mucho menos estar cerca a sus más grandes ídolos. Ronaldo y Romario pasaron por aquí y no se dieron cuenta que un niño como cualquier otro, dice que quiere ser como ellos...

Manuel José, intentó olvidar su frustración, pero no pudo. No fue capaz de ir al colegio. Por eso acompañó a su madre hasta la discoteca MJ s, que ella administra. Pasó allí toda la mañana.

El niño, como si no pasara nada, veía cómo su mamá sacaba las cuentas de la noche anterior.

Pero un inusual bullicio lo sacó de su letargo. Frente a la discoteca pasaban los jugadores de México. Estaban a dos calles del Hotel Los Tajibos, su lugar de la concentración. Manuel José no pudo resistir la curiosidad. y se fue hasta donde los desconocidos mexicanos que caminaban para estirar un poco las piernas.

El niño decidió ir hasta donde el delantero Francisco Palencia. Le atrajo la melena negra del jugador. Palencia estiro sus brazos: no alejó a nadie, no empujó al niño. Por el contrario, lo acercó, lo abrazó, lo cargó y lo besó.

Dile a tu mamá que te lleve al mediodía al hotel , dijo Palencia.

A las 12:31 Manuel José llegó de la mano de Dalcy. En la recepción preguntaron por el futbolista.

Usted es la señora Dencker? , averiguó la recepcionista.

Sí .

Pase que la están esperando , le indicaron. De su mano seguía agarrado Manuel José.

Un recibimiento inesperado.

Cuando Palencia apareció le repitió el ritual al niño: abrazo y beso. El mexicano le regaló algo de tiempo y una camiseta de entrenamiento autografiada. Hasta se tomó fotos con el pequeño. Luego, empezó a pasar de habitación en habitación para presentarle a Manuel José a todo el equipo. Les presentó a un nuevo hincha de México , decía Palencia.

Manuel José llegó al cuarto de Luis Hernández, el monito que va de goleador en el campeonato. Hernández le acarició la cabeza y lo cargó.

Te voy a regalar una entrada para que vayas al estadio esta noche , dijo Hernández, mientras le entregaba la boleta.

Manuel salió con su madre. Fueron los 15 minutos más emocionantes de su vida. Tanto que un par de horas después cuando se acercaba el momento del juego entre México, el equipo de sus amables desconocidos, y Brasil, el equipo de su Ronaldo y su Romario, salió temprano de la casa para llegar a tiempo a la cancha. En el bolsillo de su camisa llevaba la entrada.

Mami, me regalas 10 bolivianos , pidió.

Para qué los quieres? Para comprarme una bandera de México , contestó el niño.

México esa noche perdió 3-2, pero ganó un hincha más. Y Manuel José ganó lo que dentro de unos años será uno de sus recuerdos más hermosos y una razón para seguir creyendo en el fútbol.

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