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TRÁFICO DE FAUNA, QUÉ ANIMAL!

TRÁFICO DE FAUNA, QUÉ ANIMAL!

Comía alpiste, pan y semillas de girasol. Tal vez ninguno de esos alimentos los consiga fácilmente en su hábitat natural, pero ya estaba acostumbrada a su nueva vida.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
05 de marzo 2001 , 12:00 a. m.

Comía alpiste, pan y semillas de girasol. Tal vez ninguno de esos alimentos los consiga fácilmente en su hábitat natural, pero ya estaba acostumbrada a su nueva vida.

Copitoi era una cacatúa que Rosalba Daza compró por 30.000 pesos hace tres años en la Avenida Caracas con calle 53 de Bogotá. El pasado seis de febrero, desapareció y por eso su dueña ha repartido volantes en todo Kennedy y ha pegado letreros en los postes de luz del barrio.

La gente todavía no sabe que tener loros, iguanas, micos y cualquier otra mascota poco común en casa es ilegal.

Quienes tienen en sus hogares cualquier ejemplar de la fauna silvestre están patrocinando un negocio que, según el Departamento Administrativo de Seguridad Nacional (DAS), intenta equipararse con el tráfico de drogas en Colombia.

Ese puesto de poco honor se debe a que, en estos casos, la demanda hace que haya oferta. Si los coleccionistas pagan exorbitantes sumas por obtener cualquier especie poco común, los comerciantes hacen lo que sea para conseguirlas.

En ese lo que sea se incluye canjear, con indígenas o con colonos, botellas de licor por ejemplares vivos de los animales más exuberantes que produce la selva colombiana, para luego venderlos relativamente caros en ciudades como Bogotá, Pasto, Popayán, Cali, Florencia, Neiva, lbagué o Villavicencio.

También se incluye meter gato por liebre, pues atrapan animales parecidos a los más apetecidos, pero no tan vistosos ni tan caros, para pintarlos muy artesanalmente con los colores característicos y venderlos a precios muy altos. Así sucede con canarios que luego pasan como loros amazónicos.

Sin embargo, el ministro del Medio Ambiente, Juan Mayr, aclara que por primera vez hay acuerdos importantes con el DAS, la Sijin, la aduana y otras entidades para atacar el comercio ilegal de especies de fauna. Estamos cogiendo el toro por los cachos , advierte.

Las rutas.

La fauna proviene de los antiguos territorios nacionales, sur de Bolívar y Cesar. Los principales centros de demanda y de tránsito son Puerto Leguízamo, La Tagua, Orito, Guamués, San Miguel, Puerto Asís, Mocoa, Mitú, San José del Guaviare y Puerto Inírida.

De allí sale al exterior con precios que alcanzan los seis dígitos en dólares. Javier Cifuentes, coordinador de la Unidad de Control y Vigilancia del Departamento Técnico Administrativo del Medio Ambiente (Dama), dice que el negocio resulta tan lucrativo que, por ejemplo, una guacamaya vale 100.000 pesos en los Llanos Orientales, 300.000 pesos en Bogotá y 1.500 dólares en el exterior.

Por un tigrillo se dan 500.000 pesos en el Amazonas; en la capital pagan un millón, y es vendido en el exterior por 14.000 dólares. Por un puma los compradores han llegado a pagar hasta 30.000 dólares.

Pero los precios no resultan tan irrisorios como las técnicas. Para un indígena o un colono es válido tumbar una palma de moriche con tal de bajar el nido de loros que hay en su copa. Después, el primer comprador no vacila en doparlos, ponerles cinta pegante en el pico para que no lo abran durante todo el recorrido de la selva a la ciudad y unirles las patas al cuerpo con esparadrapo con tal de que no hagan el menor ruido.

Los empacan luego como sardinas en cajas, debajo de la mercancía legal; los acomodan muy bien en las llantas de repuesto de buses y camiones; los esconden en el fondo de las maletas, y en cuanta caleta se les ocurre con tal de pasar desapercibidos por los puestos de control que el DAS, las Corporaciones Autónomas Regionales y el Ministerio del Medio Ambiente tienen dispuestos en varios puntos claves.

Las sanciones para quienes tengan en su poder ejemplares de la fauna silvestre van desde cuantiosas multas hasta prisión durante 3 a 7 años, sin posibilidad de pagar fianza, según lo dispone la Ley.

Quién compra.

Según estadísticas del Dama, Colombia posee el 13,5 por ciento de la biodiversidad mundial, es decir 3.278 especies de fauna de las 24.349 que existen en el mundo. Si continúa esa tendencia de exportar ilegalmente la fauna, el país pasará muy rápidamente del cuarto lugar en variedad de fauna y flora a uno de los últimos.

Las naciones que más demandan la fauna colombiana son Japón, Arabia, Grecia, Italia, Suiza y España. El primero compra principalmente aves vistosas o canoras para el mercado de mascotas. Las que tienen más solicitud, de acuerdo con Edgar Medina, coordinador del Grupo Medio Ambiente y Patrimonio Arqueológico del DAS, son las guacamayas, los tucanes y las águilas.

También están los que compran arácnidos y anfibios venenosos con fines, según ellos, científicos. Como muchas veces no les resulta tan fácil transportar ranas, prefieren sacarles la piel y enviarla en tubos de ensayo y loncheras térmicas , comenta.

No todo el comercio se basa en animales vivos. Un renglón muy apetecido lo constituyen también los subproductos, como carne, pieles y cuero. Por ejemplo, el kilo de carne de chiguiro puede costar unos tres dólares en Venezuela (seis mil pesos). Italia es uno de los principales compradores de cueros, muchas veces ya elaborados.

De acuerdo con el DAS, el 60 por ciento de los animales incautados son reptiles (iguanas, babillas, caimán negro, icoteas y serpientes); el 20 por ciento, aves (azulejos, halcones, búhos, tucanes, lechuzas, pericos, canarios, turpiales y alcaravanes); el 15 por ciento, mamíferos (micos, especialmente tití gris; venado lechuza, tigrillos, zaínos, datas, chiguiros que no han sido reproducidos en zoocriaderos y borugos o lapas); un 5 por ciento, representado por insectos y arácnidos.

El Sargento Orlando Patiño, subcomandante de la Policía Ecológica y Ambiental de Bogotá, afirma que los lugares donde con mayor frecuencia se decomisan especies son las localidades como Ciudad Bolívar y La Candelaria.

Conseguir un animal silvestre en Bogotá es muy fácil, ya que esta ciudad es el centro de recepción de todo el país y a la vez el puerto distribuidor para el mundo.

A diario las autoridades capturan contrabandistas de fauna en el Terminal de Transportes y en el aeropuerto Internacional Eldorado. Las plazas de mercado en barrios como el Restrepo, el 12 de Octubre y Las Ferias sirven de centros de distribución.

Allí, a plena luz del día, ofrecen por debajo de cuerda aves exóticas, monos, serpientes, tortugas y felinos (tigrillos). También las tiendas de mascotas de la Avenida Caracas, en Chapinero, y en bodegas de San Victorino, en el Centro, son unidades de despacho para este tráfico.

En la Plaza del Restrepo hay 12 locales que venden especies domésticas como fachada , y que desde hace varios meses comercializan también especies exóticas sobre pedido, pues es más lucrativo.

Le consigo el animal que quiera, dice uno de ellos pero si no es muy común como un loro o una guacamaya se tiene que esperar por lo menos una semana .

Hoy en día, él tiene en su casa, en el suroriente de la ciudad, tres guacamayas reales que las ofrece entre 250.000 y 350.000 pesos, según el comprador.

No las tengo aquí en la plaza dice se las traigo en una hora, pero eso sí, tiene que pagar taxi o tener carro para salir sin que las vaya a ver. Se la empaco bien y nadie se da cuenta. Hay que tener mucho cuidado con la gente que pregunta, pues muchos se hacen pasar por interesados y resultan ser del Dama o de la Policía .

Los ejemplares silvestres que se salvan o que son rescatados por las autoridades tienen un hogar temporal en el barrio Engativá de Bogotá. Es el centro de Recepción y Rehabilitación de Fauna del Dama, que como su nombre lo indica, se encarga de brindar toda la atención a estos animales que llegan maltratados no solo físicamente.

Tienen un estrés que podríamos llamar comportamental, provocado por el encierro, el contacto con el humano, el cambio de alimentación, de clima y de hábitat en general , explica Julio Bernal, director del centro.

Allá hay 868 reptiles, 610 aves, 52 mamíferos, cuatro anfibios y 137 invertebrados, todos en proceso de readaptación a su ambiente natural.

En el mundo.

Como respuesta a este comercio ilegal de flora y fauna, varios países firmaron el tratado internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, (CITES), en 1973. Hoy en día tiene 143 países miembros.

Mediante la Ley 17 de 1981, Colombia adoptó los principios fundamentales de la Convención sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres. Con la expedición de la Ley 99 de 1993 se delegó en el Ministerio del Medio Ambiente la función de expedir los permisos a que hace referencia la Convención CITES.

Es una lista dividida en tres categorías:.

Apéndice I: Incluye todas las especies en peligro de extinción que pueden o no ser afectadas por el comercio ilegal: 48 especies de fauna y 11 géneros de flora colombianos están en este índice , afirma Edgar Medina.

Apéndice II: a) Incluye todas las especies que pueden no estar en peligro de extinción hoy en día pero que pueden llegar a estarlo a menos que el comercio sea regulado estrictamente; y b) Otras especies que están sujetas a la regulación para que el comercio en ciertos especímenes mencionados en el subpárrafo anterior sea controlado, por ejemplo especies que se parecen físicamente. Dentro de estas dice Medina , 380 son colombianas .

Apéndice III: Todas las especies que sean identificadas por un país como reguladas dentro de su jurisdicción, con el propósito de prevenir o restringir su explotación. La cooperación de otros países es necesaria para apoyar el control al comercio de estas especies. Hay 18 especies colombianas , concluye Medina.

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