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BIELORRUSIA, UN PAÍS AL BORDE DEL ABISMO

BIELORRUSIA, UN PAÍS AL BORDE DEL ABISMO

Bielorrusia, al borde del abismo, dio un paso atrás la madrugada del viernes; o, más bien, su gran vecino, Rusia, le impidió saltar al vacío. Al menos por ahora.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de noviembre 1996 , 12:00 a. m.

Bielorrusia, eslava como Rusia, está en proceso de confederarse con Moscú y es la república de la Comunidad de Estados Independientes más próxima a Moscú.

Bielorrusia, que en términos de reforma económica y política es de las más atrasadas, está presidida por un señor tan amigo de Moscú como problemático, Alexander Lukashenko. Un hombre que tiene tanto empeño en unirse a Rusia como en mantener las peores tradiciones soviéticas en un régimen presidencialista de poder casi absoluto: controla a la televisión y los medios; y su todopoderoso servicio de seguridad a la oposición.

En el Parlamento, compuesto por viejos comunistas, como el propio presidente, se fue conformando, sin embargo, una corriente liderada por el jefe del legislativo, Simion Sharietski, que se resiste cada vez más a las intenciones absolutistas de Lukashenko.

La discusión, como siempre en estos pos-soviéticos casos, se trasladó al terreno constitucional. Bielorrusia tiene una constitución aprobada el 15 de marzo de 1994 con suficientes lagunas como para no contentar ni a Presidente ni a Legislativo. Y después de interminables conflictos -con manifestaciones con decenas de miles el año pasado y a inicios de éste en Minsk- se llegó a un frágil acuerdo: Parlamento y Presidente, someterían sus proyectos de constitución los someterían a referendum este domingo.

Ambos proyectos son excluyentes. El del parlamento elimina la presidencia; el del Presidente reemplaza al actual legislativo por uno bicameral en el cual él nombra parte de los senadores. El proyecto presidencial confiere a Lukashenko poderes absolutos y subordina a su voluntad las demás ramas del poder. El del Parlamento, exige la elección popular de alcaldes y gobernadores, ahora nombrados por el primer mandatario.

La crisis reventó porque Lukashenko tomó todas las medidas para asegurarse el triunfo: hizo imprimir los votos y los distribuyó sin contar con la Comisión Electoral; sus medios dieron mínimo despliegue al proyecto del Parlamento y en algunas regiones campesinas se votó antes de la fecha.

Legislativo, presidente de la Comisión Electoral, el Procurador General y el presidente de la Corte Constitucional se aliaron para desconocer el referendum en vista de las irregularidades.

Lukashenko respondió destituyendo al presidente de la Comisión Electoral. El parlamento se reunió de emergencia, denunció el establecimiento de una dictadura abierta e inició el proceso legal de destitución del Presidente.

El miércoles 20, Rusia terció. Yeltsin habló desde su clínica por teléfono con el presidente Lukashenko y con el jefe parlamentario Sharietski, y al día siguiente envió al primer ministro ruso, Viktor Chernomyrdin, el jefe de la Administración Presidencial, a Minsk.

Nunca adelanté conversaciones tan difíciles , dijo Chernomyrdin ojeroso, después de diez horas de negociación nocturna que culminaron la mañana del viernes 22 en la firma de un acuerdo que evitó que Bielorrusia se precipitase al abismo.

El domingo habrá votación. Pero Lukashenko aceptó que sea un plebiscito de resultado no obligatorio. El parlamento suspenderá el proceso de destitución emprendido contra el presidente. Una Asamblea Constituyente, que debe formarse en diez días con 50 diputados y 50 representantes del Presidente, trabajará sobre el proyecto de constitución más votado para presentar uno definitivo en tres meses.

Rusia está feliz pues hizo una demostración de poder en su zona de influencia y porque evitó el descalabro de un país estratégico en varios aspectos.

Políticamente porque Lukasenko ayuda contra la expansión de la OTAN al Este (ya amenazó con detener la evacuación de los 18 misiles intercontinentales que aún quedan en su suelo si la OTAN no confirma que no pondrá armas nucleares en Europa Oriental. Económicamente, pues es zona de tránsito privilegiado para el petróleo ruso hacia Europa. Regionalmente, porque su proyecto de Confederación con Rusia ha puesto a la CEI a marchar al ritmo de Moscú.

Pero la crisis no ha sido solucionada, sino pospuesta. Lograr consenso para una nueva constitución parece casi imposible, y el pacto logrado por Rusia ya comenzó a ser cuestionado en el Parlamento.

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