EL TESTIMONIO DEL AGENTE QUE ESTABA DE GUARDIA

EL TESTIMONIO DEL AGENTE QUE ESTABA DE GUARDIA

El agente Vitelmo Moreno Clavijo, quien prestaba guardia en la entrada principal de la Estación de la Policía en Fontibón, narró los instantes que precedieron a la explosión del camión bomba:

19 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Como las 4:30 de la tarde se me acercó el capitán Barrera, encargado de la Estación, para decirme que le informara al teniente Pérez que debía retirar su vehículo porque se necesitaba el parqueadero urgente. También me ordenó que no dejara entrar ni motos ni carros de la Policía.

Veinte minutos más tarde llegó un vehículo que ellos estaba esperando. El capitán me dio nuevamente la orden de parar los vehículos que iban hacia Mosquera. El camión entró al parqueadero y yo me quedé ahí, de centinela.

Recuerdo que yo no me acerqué mucho porque ahí había unos cinco o seis señores de civil (oficiales de inteligencia).

Luego, mi capitán barrera me dijo que fuera y llamara al oficial de servicio. Fui y lo conseguí. El capitán le dio la orden de conseguir a diez auxiliares para que ayudaran a revisar el camión... pero como los bachilleres llegaban a las 5:30, entonces pidió que llamaran a varios patrulleros.

A mí no me dijeron qué tenía el camión, pero por mi mente pasó la posibilidad de que eran algunos guerrilleros capturados. Luego me di cuenta de que en la carpa del carro había escritas unas siglas de un grupo subversivo, creo que eran de las Farc.

Posteriormente, escuché a los señores de civil hablando de que llamaran una patrulla de estupefacientes. Ahí pensé que habían cogido narcóticos.

Pero así como yo me equivoqué, parece que ellos también se equivocaron. Parece que a ellos les dijeron que eran narcóticos y no explosivos. Es decir, nos metieron gato por liebre.

A los pocos segundos yo me encontraba entre el lindero de la calle y el parqueadero. Di un paso hacia el lado del camión y no sé por qué retrocedí cuando comenzaron a bajar algunos costales y unos rollos de alambre de púa.

Luego bajaron un talego parecido a los del cemento. Uno de los señores de civil procedió a abrirlo y pidió una varilla. Dio unos cinco pasos, cogió una barra y la metió entre el talego. Luego la sacó y la volvió a meter con más fuerza. Ahí vino la explosión, y un minuto más tarde yo estaba tirado en el suelo con mi fusil cargado , narró el centinela.

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