OPERACIÓN RESCATE

OPERACIÓN RESCATE

La explosión de una carga mortífera en la estación de policía de Fontibón y el recrudecimiento de las hostilidades en Urabá sacuden al país del encantamiento en que se hallaba inmerso con motivo de la devolución civilizada de los setenta soldados cautivos de las Farc.

19 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Los cadáveres de las víctimas de turno, sorprendidas mientras ejercían sus nobles funciones en las goteras de la capital de la República, así como los estragos de las minas quiebra-patas en aquella zona de guerrilla, recuerdan que un solo acto humanitario, tan importante como haya sido, carece de la virtud de sofocar el terrorismo y de poner término al largo y complicado conflicto. Aunque lucecillas y expectativas deje, el paréntesis se ha cerrado después de cumplida su misión específica.

Curiosamente en este caso sucede lo de aquel que mató el tigre y se asustó con el cuero. Mucho se habló de humanizar la guerra, si no era posible concluirla. De humanizarla en concreto y no tan sólo en la teoría. De eliminar los actos de crueldad y los de agresión a la población indefensa. De poner en vigor las normas del famoso Protocolo II.

No habiendo podido avanzar nada en la materia, el rescate de los soldados prisioneros ofrecía la oportunidad insoslayable de aplicar tales principios humanitarios mediante el acuerdo de las partes. La alternativa era la de liberarlos por la fuerza, impracticable por su dispersión estratégica y de todas maneras sumamente dispendiosa en términos de vidas. Quizá las de todos.

Desde luego, un costo era menester pagar. Por simple conmiseración no habrían de restituirse los soldados a sus filas y a la libertad. Dicho costo estuvo representado por el compromiso de desguarnecer varios municipios y de permitir el espectáculo ciertamente irritante de la entrega por las fuerzas irregulares de la guerrilla.

Se les fue la mano a éstas al hacerlos cuadrar todavía cautivos frente a los comandantes de la subversión. Pero ninguno abjuró de sus convicciones y obligaciones. Ninguno desertó. Ninguno se pasó a la causa de sus guardianes. Los discursos se aprovecharon para formular propuestas condicionadas de paz y ello era previsible. Por lo demás, si bien se sabe que por sus obras los conoceréis , siempre resulta útil conocer el planteamiento de los contrarios.

Factor de conflicto A veces parece olvidarse cómo se originó la cautividad de los soldados. Sesenta fueron tomados de rehenes en el asalto cuidadosamente planificado a la alejada y desamparada base militar de Las Delicias . Sus jefes y compañeros perecieron en lucha feroz y desigual, sin ahorrar esfuerzo ni heroísmo. Todos combatieron mientras pudieron físicamente. Ahí se apuntó un triunfo la guerrilla. El resto los forcejeos por la liberación de los cautivos vino por añadidura. Incluso el espectáculo propagandístico de su devolución.

La sangrienta acción subversiva se realizó, aparentemente, en protesta por las medidas contra los cultivadores de coca y contra los procesadores de la materia prima. El Ejército cumple con el deber irrenunciable de procurar la erradicación del narcotráfico. La guerrilla se proclama defensora de los campesinos, incluyendo a los cocaleros que se dan a cosechar el artículo de la máxima rentabilidad, sin escrúpulos por sus efectos terriblemente dañinos.

El problema de orden público en Caquetá da trazas de complicarse por la presencia de la coca, a falta de otras siembras competitivas y rentables. Cuando nos entusiasmamos por las perspectivas de paz, no nos detenemos a sopesar el influjo perturbador de este elemento, ni a reflexionar en la empresa necesaria de sustituirlo pronta y metódicamente. Tampoco en cuanto han significado la decadencia y el sacrificio del agro como fuente de empleo e ingreso.

Las fórmulas estrictamente políticas no funcionarían si este factor de disturbio continuara ensombreciendo el panorama. A juzgar por todos los testimonios de uno y otro lados, la coca es ineludible piedra de toque en el conflicto del Caquetá y de los departamentos periféricos. A esta situación no se le debe ignorar ni sacarle el cuerpo cuando en la paz negociada se depositan generosas esperanzas. Distinto es lo de Urabá y el Chocó, donde fueron aprehendidos diez infantes de marina.

Dentro de sus proposiciones de paz, cómo encuadran las Farc la brasa ardiendo de la coca y la cocaína? La respuesta contribuiría mucho a dilucidar el complejo problema.

Reacciones y prevenciones Explicables son las reacciones de los altos mandos militares ante el espectáculo montado por la guerrilla como precio inevitable por el rescate de los soldados.

Su oficio no es de deliberación y negociación sino de disciplina y lealtad a su función constitucional de preservar el orden público, los derechos y libertades. Tiene que indignarles verse reemplazados, así sea momentáneamente, por los autores del cruento asalto al cuartel de Las Delicias , con quienes han venido y van a seguir combatiendo. Haberse resignado estoicamente a que ejercieran autoridad y ante al mundo aparecieran llevando sus arreos.

No obstante, este trago amargo, este sabor de ceniza, se compensa con la recuperación, sanos y salvos, de sus hombres por largo tiempo cautivos, sin más derramamiento de sangre. De lo contrario, habrían seguido padeciendo los rigores del secuestro, expuestos a sus contingencias y en peligro de muerte. Porque no hubo opción distinta del desguarnecimiento temporal de un área considerable, el país celebra sus resultados. Como también el retorno de la Fuerza Pública al territorio de donde tácticamente y en virtud de la orden superior se apartó.

En el zapato del otro es bueno ponerse para comprender sus reacciones y prevenciones. Sin justificar, ni mucho menos, los procedimientos y fines de las Farc, cabe valorar los motivos de su recelo por la conversión a la civilizada acción política rememorando el aniquilamiento sistemático de que fueron víctimas, años atrás, los militantes de Acción Patriótica .

Eso jamás debe volver a ocurrir. Absolutas e igualitarias garantías deben otorgarse. No sin caer en la cuenta de que la violencia engendra contra-violencia y los atropellos contumaces la voluntad de oponerles diques del mismo género. En el camino de las pruebas ilegítimas de fuerza, sus autores corren el riesgo de trocarse en objetivo. La única solución es la paz, democrática, justa y estable.

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