BIENVENIDA LA APERTURA DE LA LARGA DISTANCIA

BIENVENIDA LA APERTURA DE LA LARGA DISTANCIA

El individuo actual y la sociedad en que vive dependen cada vez más de las Telecomunicaciones, pues estamos en un mundo rico en información y en servicios relacionados.

16 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Por eso es tan importante para el desarrollo de un país que existan buenos servicios de transmisión (de voz, datos, mensajes, fax, videos, etc.) a un costo razonable.

Hace más de 20 años, el mundo se dio cuenta del rápido avance de la tecnología informática y de la inevitable fusión de esta con las telecomunicaciones.

Por otro lado, era evidente que este sector, que operaba en un ambiente de monopolio estatal, evolucionaba muy lentamente. De ahí surgió la necesidad de abrirlo para que en un ambiente de competencia se pudiera adaptar a los rápidos cambios tecnológicos y a las necesidades evolutivas del creciente mundo cibernético e interconectado al que hemos llegado.

De conformidad con lo anterior, la apertura en las Telecomunicaciones no es un embeleco de los colombianos. Es una necesidad sentida a nivel mundial, a la cual han dedicado su atención la mayoría de los países en los últimos 15 años.

En Colombia se comenzó a hablar de este asunto hace casi 10 años pero, a pesar de que la legislación colombiana ha abierto la puerta para que se implante y de que la nueva Constitución prevé que el Estado debe promover la competitividad, la debilidad relativa del Gobierno y del Ministerio ante los sindicatos no ha permitido que el usuario se beneficie de las ventajas que va traer esta apertura.

Continuamos, especialmente en lo referente a larga distancia, sujetos al monopolio de Telecom y a la voluntad de sus trabajadores. Y los monopolios, públicos o privados, no traen nada bueno. Esto lo ha reconocido desde finales de los años 80 la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones) en su política que enfatiza, como objetivo principal, servicios de calidad, con tarifas razonables, que satisfagan al usuario final, característica esta que el sector, tradicionalmente monopólico, había ignorado.

En el mundo actual se impone para cualquier tipo de servicio que el usuario, a quien se considera el rey , pueda escoger libremente la empresa que le ofrezca el mejor servicio.

Está revaluado hoy día el criterio de que el Estado es el que debe administrar este tipo de servicios, en los cuales se considera que hay un monopolio natural . Esto fue válido hace 50 años cuando se creó Telecom. Dos factores han hecho que hoy día no sea válido ese presupuesto.

Primero, porque el Estado no ha sido un buen administrador. Decir que Telecom ha sido bien administrada porque produce utilidades es una falacia, ya que el negocio de larga distancia (gracias a los avances de la microelectrónica) es un negocio muy rentable en todo el mundo.

Desafortunadamente, en Colombia esa rentabilidad, producto de la tecnología, se ha malgastado en gran parte por mala gestión y en concesiones sindicales extraordinarias, fallas que admiten los expertos que recientemente conceptuaron al respecto.

En segundo lugar, el concepto de monopolio natural (que aplicaría más al caso de la telefonía local, para evitar que varias empresas destruyan independientemente nuestras calles) se ha desvirtuado para la larga distancia, pues la tecnología ofrece hoy día múltiples soluciones para este servicio: redes públicas, redes privadas, servicios de valor agregado, comunicaciones inalámbricas terrestres, enlaces satelitales (principalmente de órbita baja), redes de comunicación personal, Internet, trunking, etc., y es casi imposible para una sola empresa proveer eficientemente toda esta gama de servicios.

Afortunadamente, en medio de tanta noticia mala que recibimos los colombianos diariamente, nos hemos enterado de que el Tribunal Superior de Bogotá decretó que la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones (CRT) debe elaborar las reglas de juego para que la ETB pueda entrar a prestar el servicio de larga distancia; esta decisión del Tribunal seguramente abrirá las puertas para que otros aspirantes traten de entrar a prestar este servicio a nivel nacional e internacional.

Los expertos y funcionarios que aún defienden el monopolio de Telecom deberían más bien apresurarse a buscar soluciones apropiadas y económicamente satisfactorias para que los colombianos no veamos esfumarse una empresa que ha sido tan importante para el país.

Demorarse en aceptar la apertura, en enfrentar la competencia, es reducir progresivamente el patrimonio de Telecom que, como dice el eslogan, es de todos los colombianos.

La diversidad de soluciones tecnológicas, las necesidades particulares de los usuarios y las fuerzas del mercado, han ido minando el monopolio de Telecom. Aceptemos la realidad antes de que sea demasiado tarde.

Ingeniero director del Centro de Telecomunicaciones de la Escuela Colombiana de Ingeniería.

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