LA ASPIRINA PUEDE SERVIR CONTRA EL CÁNCER

LA ASPIRINA PUEDE SERVIR CONTRA EL CÁNCER

Justo cuando se cumple el primer centenario del nacimiento del ácido acetilsalicílico, más conocido con el alias de aspirina, los científicos han comprobado su eficacia en la prevención y el manejo de problemas cardíacos y, lo que es sorprendente, el cáncer.

16 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Sir John Vane, premio Nobel de Medicina en 1982 por sus investigaciones sobre las prostaglandinas y sobre cómo la aspirina inhibe la síntesis de este compuesto, cree que este producto tiene muchas posibilidades de celebrar con orgullo sus 200 años de existencia.

Es difícil que a medio plazo exista un producto mejor que la aspirina en la prevención de las enfermedades vasculares , opina Vane. Con dosis bajas -se ha llegado a decir que, incluso, 10 miligramos diarios de aspirina son capaces de inhibir la agregación de las plaquetas en poco más de una semana- se pueden conseguir efectos preventivos.

El fármaco actúa, además, de una forma muy rápida (en sólo 20 minutos). Esto le confiere también un papel en el tratamiento del síndrome coronario agudo, tanto si el problema es un infarto de miocardio como una angina inestable. De hecho, en la lucha por conseguir la superaspirina, un fármaco que prevenga por un lado el infarto y, por otro sirva en el tratamiento del síndrome coronario agudo con más eficacia que el ácido acetilsalicílico, está involucrado un número muy amplio de laboratorios farmacéuticos.

Sin embargo, Vane no cree que estos esfuerzos vayan a tener un éxito rotundo. El científico asegura que la aspirina inhibe muy bien un enzima llamado ciclooxigenasa 1 (COX1), que está directamente implicada en la agregación de las plaquetas. Los fármacos que en el terreno preventivo vascular quieran competir con la aspirina no conseguirán un buen nicho de mercado , cree el científico. Va a ser difícil encontrar un producto que derrote a la aspirina en cardiología. Puede que se logren medicamentos que consigan resultados estadísticamente algo más significativos que los que obtiene la aspirina, pero tendrán un coste muy superior .

Prevención del cáncer Por otra parte, Vane está convencido de que la aspirina demostrará su papel en la prevención de algunos tipos de cáncer. Aunque los estudios que asocian el consumo de dosis elevadas de aspirina con la disminución del riesgo de padecer cáncer de colon son epidemiológicos, Sir John cree que hay razones científicas que permiten pensar que este producto obtendrá buenos resultados en los estudios controlados que se realicen con él en prevención del cáncer.

La aspirina, así como otros antiinflamatorios, inhibe también la ciclooxigenasa 2 (COX2), y sabemos que este enzima se encuentra en grandes concentraciones en las células de los tumores de colon , afirma el doctor Vane.

Puesto que el COX2 también está elevado en los tumores de mama, ya hay en marcha estudios para intentar probar si la aspirina tiene un papel preventivo en el cáncer que más preocupa a las mujeres. Vane, por el contrario, no cree que la aspirina pueda ser utilizada frente al sida. En círculos científicos se ha insinuado que el fármaco, al interferir también en la expresión de un gen denominado nef kappaB (involucrado en la replicación del VIH), pudiera tener algún papel en el tratamiento del sida, sobre todo en los países en los que los antirretrovirales no llegan por motivos económicos.

Habría que dar dosis muy elevadas de aspirina para inhibir la expresión del nef kappaB y eso es muy poco práctico, fundamentalmente por los efectos secundarios de dosis tan altas del producto , afirma el investigador.

Vane, de 71 años, está aún en activo. Asesora a un buen número de compañías farmacéuticas, sobre todo en el campo de los antiinflamatorios. La idea de muchas compañías es encontrar un producto que sea eficaz en el tratamiento de los problemas osteoarticulares pero que no tenga efectos secundarios importantes, tan frecuentes en los antiinflamatorios que se utilizan hoy en día.

Para ello, Vane estudia fármacos que tengan una gran capacidad para inhibir la COX2, que es la más relacionada con la inflamación, pero que no sean excesivamente activos frente a la COX1, para que así no exista la elevadísima incidencia de problemas gástricas que tienen los antiinflamatorios comunes.

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