LA UNIÓN MONETARIA REQUIERE MÁS QUE VOLUNTAD POLÍTICA

LA UNIÓN MONETARIA REQUIERE MÁS QUE VOLUNTAD POLÍTICA

Mientras los políticos se esfuerzan por garantizar que la unión monetaria de Europa se inicie el primero de enero de 1999, como estaba previsto, todos los sectores a los que afecta cada una de las facetas de la unión se estrujan las manos con nerviosismo.

16 de junio 1997 , 12:00 a. m.

La Unión Monetaria Europea (UME) es, por encima de todo, parte de una iniciativa política cuyas raíces se encuentran en los escombros de la Segunda Guerra Mundial. La meta de la UME es la extensión del propósito original de la Unión Europea: garantizar una paz duradera integrando a los mercados y las economías del continente como un primer paso hacia lo que algunos vislumbran como una eventual unión política.

PERSPECTIVAS Pero aunque la voluntad política ha contribuido al avance de este proceso, los objetivos económicos del proyecto parecen cada vez más lejos de alcanzarse.

Aunque la semana pasada se esforzaron por limar sus desacuerdos, Francia y Alemania _los principales promotores de la UME_ avanzan en direcciones opuestas. Los franceses respaldan los salarios más altos y los programas de creación de empleos. Eso choca con la insistencia de Alemania en la ortodoxia fiscal. En un mundo con economías altamente integradas, los países no pueden continuar avanzando en direcciones tan divergentes , dice Bruce Kasman, jefe de economistas de J.P. Morgan en Londres.

Fragilidad De hecho, economistas como David Hale, de Zurich Kemper Investments Inc., en Chicago, advierten que la UME podría empezar y dos años después entrar en colapso . Al amarrar a 11 países con una sola moneda, EMU los priva de la capacidad de devaluar su moneda, una herramienta que funciona como un amortiguador en épocas de bajo crecimiento, baja productividad y crisis económica. Una moneda más débil puede hacer más competitivos los productos del país, fortalecer las ganacias de sus compañías y crear fuentes de empleo.

Cuando no se cuenta con esa válvula de escape monetaria, es necesario absorber los golpes de otra forma. Se llama desempleo , dice James Lister-Cheese, un economista de Independent Strategy, una firma consultora de inversiones.

Esto no sucedería si Europa tuviera otras formas de mitigar el impacto de los virajes de la economía, tales como una fuerza laboral móvil y estructuras tributarias y legales uniformes. Pero no las tiene. En Europa no hay movilidad laboral dentro de cada país y mucho menos de país a país, debido a las las barreras culturales y de lenguaje , dice Kasman, de J.P. Morgan. Por el contrario, el 17% de los estadounidenses se muda cada año, y de ellos el 40% se va a vivir a otro estado, señala Hale.

Además, el aumento de la productividad y los ciclos de los negocios en Europa se mueven en direcciones divergentes en momentos en que debería haber una convergencia, dice Thomas Mayer, un economista de Goldman, Sachs & Co. en Francfort.

Cuando se trata de la política fiscal, los aspirantes a participar en la UME podrían quedar atrapados entre la espada y la pared. Si se aplican con rigor las multas que se han propuesto para castigar a los países que continúan incurriendo en grandes gastos a pesar de su déficit, como pretenden los alemanes, las economías sometidas a mayor presión, que no logran sincronizarse con la mayoría, no podrán combatir el desempleo reduciendo los impuestos y elevando el gasto público.

Uno de los factores que pone en peligro la superviviencia de la UME es el hecho de que amenaza con afectar a extensas regiones _ probablemente a países enteros_ con un desempleo devastador , indica Robin Aspinall, un economista de National Australia Bank de Londres.

Lister Cheese, de Independent Strategy, agrega: Existe una tolerancia electoral limitada hacia el aumento del desempleo . Los desencantados electores podrían elegir a políticos que prometan abandonar la UME.

Pero no participar en la UME podría ser un error. La UME compromete a los países al exigirles que transfieran parte de sus reservas en oro y divisas al Banco Central Europeo, combinar sus sistemas financieros y reformular los contratos financieros: son muchos detalles técnicos difíciles de desarticular.

Retirarse sería muy difícil , dice Ravi Bulchandani, un economista de Morgan Stanley & Co. en Londres. Para restablecer su moneda, un país debe recuperar su credibilidad y en las primeras etapas los mercados no van a darle el beneficio de la duda .

Al mismo tiempo, muchos políticos europeos se oponen a postergar el lanzamiento de la UME. Horne de Smith Barney dice que hacerlo podría condenar al fracaso el proyecto por una generación .

Esto implica disyuntivas difíciles para los líderes de Europa: Si la UME se lanza sin una reforma microeconómica efectiva, habrá crisis de viabilidad recurrentes durante los primeros años del próximo siglo , advierte Hale, de Zurich Kemper. Pero si se pospone sin tomar medidas eficaces para reducir el desempleo y el déficit Europa podría entrar en un período de parálisis de sus políticas públicas y conflicto social tan severo que pondría en duda su capacidad para superar los desafíos que plantearea la internacionalización durante el siglo XXI .

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