CAÑÓN DEL DAGUA DEVORA AVIONES

CAÑÓN DEL DAGUA DEVORA AVIONES

Desde el aire, el cañón del río Dagua es un paraíso de verdes que termina a orillas del océano Pacífico. Pero en tierra, el paisaje es para algunos una copia del infierno.

15 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Los pilotos que sobrevuelan este cañón en la ruta CaliBuenaventura, describen el recorrido como una experiencia casi mágica. Sin embargo, consideran los 60 kilómetros de Dagua al puerto (la mitad del recorrido), como los más difíciles para la aviación por las constantes tormentas que obligan a cancelar muchos vuelos.

En ese tramo han caído siete aviones en los últimos 40 años, según datos de pilotos del Aeroclub del Pacífico. La suerte de estas aeronaves es un misterio que no han podido descifrar, en plenos albores del siglo XXI, ni la más moderna tecnología, ni equipos de localización por frecuencia, ni grupos de rescate. Todo ha fracasado en la búsqueda de los restos de las aeronaves en las selvas del Dagua.

El último accidente ocurrió el pasado 4 de febrero. A las 3:10 de la tarde se perdió el rastro de la avioneta Piper Apache HK-369, con destino Buenaventura y piloteada por el capitán Guillermo Caicedo.

Ingeniero industrial, con estudios de aviación privada, Caicedo llevaba más de 15 años como piloto. Esa afición la heredó de su padre.

Más de 20 aparatos, entre aviones y helicópteros particulares, de la Fuerza Aérea, de la Patrulla Aérea del Pacífico, del Aeroclub, de empresas y escuelas de aviación, intentaron durante 185 horas localizar la avioneta y al piloto.

También por tierra salieron comisiones, especialmente por los ríos Calambre, Calima y Dagua y recorrieron las zonas de Pepitas, San Cipriano, Cisneros, Anchicayá, Loboguerrero, y Buenaventura. La Cruz Roja, los bomberos y la Defensa Civil, además de familiares y allegados al piloto, participaron las operaciones de búsqueda.

En esas tareas los baquianos recorrieron unas 120 millas (unos 300 kilómetros en el Pacífico), sin resultados.

A estas selvas vírgenes no ha entrado ni la mano de Dios. Creo que Dante estuvo aquí para describir el infierno en su Divina Comedia. Esas montañas son el infierno, todo lo que cae ahí se lo traga la selva dice el coronel Francisco Agudelo, quien hizo parte del grupo de 20 pilotos que durante todo febrero sobrevolaron las montañas cercanas al cañón del Dagua en la búsqueda de la aeronave.

Cuenta Agudelo, con 45 años de experiencia como piloto, que hace 21 se cayó un avión con las esposas de dos generales, cuando regresaban de una obra social en Tumaco. Nunca se supo de ellas ni de la tripulación.

La Aerocivil reseña que el HK-182 con cinco ocupantes, cayó en la región del Dagua el 7 de diciembre de 1976 y que otro de matrícula HK-1598, también con cinco personas, siniestró en la misma zona el 27 de septiembre de 1994.

Los expertos y pilotos todavía buscan una explicación a las difíciles condiciones de la zona. Alvaro Nivia Guevara, geólogo de Ingeominas, dice que la región tiene una formación cretácica que data de hace 87 millones de años. Placas tectónicas chocaron con la capa suramericana dando origen a esas montañas, en las que en millones de años los ríos labraron profundos cañones.

Anota que los vientos del océano chocan contra las montañas y tienen que ascender, perdiendo temperatura y vapor de agua y dando origen a precipitaciones en el lado del Pacífico. El mal tiempo predominante en la región dificulta la aeronavegación. Son frecuentes las tormentas eléctricas, especialmente al cruzar hacia el lado del océano.

Para los pilotos lo ideal es volar con visibilidad a unos 6.500 pies, especialmente en las primeras horas del día, o cancelar el vuelo si hay mal tiempo. También pueden hacerlo con instrumentación a 10.000 o más pies, pero los tripulantes prefieren esperar que pasen las malas condiciones atmosféricas.

A mayor altura se aumenta el riesgo de formación de hielo sobre la superficie del avión y el peso deforma el perfil aerodinámico del aparato para sostenerse, explica Guillermo Pardo Borrero, presidente del Aeroclub del Pacífico.

Señala que los aviones que parten de aeropuerto de Cali no vuelan sobre el municipio de Dagua sino sobre el corregimiento de Loboguerro, en el kilómetro 60 de la vía al mar, donde empieza el cañón, por el que siguen.

Pardo opina que posiblemente la avioneta accidentada el pasado 4 de febrero no cayó en esa zona y que pudo desviarse de la ruta debido al mal tiempo. También puede haber fallado el motor, o el piloto haber presentado problemas de salud o chocarse con una montaña .

Sin embargo, concluye que si la avioneta cayó en esa zona, se la tragó la selva y era imposible verla desde las alturas. Allí los árboles tienen más de 30 metros de alto y son de un espeso follaje que cubre todo lo que cae.

La búsqueda por aire y tierra del capitán Caicedo no ha estado exenta de esperanzas y frustraciones. Por tratarse de montañas cortadas casi perpendicularmente y profundos cañones, desde la altura se divisan diversos puntos plateados y brillantes que hacen pensar en partes de aviones, pero en realidad se trata de resplandecientes cascadas que brillan en los pocos momentos de sol.

Nos sorprendemos con puntos plateados y brillantes. Han bajado comisiones desde helicópteros, para descubrir que se trata de árboles que por ciertas épocas del año se tornan entre blancos y plateados dice un piloto de la Aerocivil que participó en la búsqueda de la última avioneta accidentada.

Alvaro Andrés Salazar, bombero de Buenaventura, dice que esos árboles y rocas brillantes confunden las comisiones de búsqueda por tierra. De una montaña a otra se divisan esos puntos y se hace una larga y penosa travesía para un resultado desconsolador .

A la difícil topografía, de imprevistos desfiladeros, se suma el peligro latente de serpientes, temperaturas que en la mañana bajan a tres y cuatro grados centígrados y la presencia de los frentes 6 y 30 de las Farc en algunos puntos.

También avionetas del narcotráfico, con sobrepeso de coca y gasolina, han caído en el espeso cañón del Dagua, pero esto nunca se ha denunciado por tratarse de vuelos clandestinos. En todo caso, esta maraña de la naturaleza sigue siendo el más grande desafío para los pilotos colombianos.

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