DOS POEMAS DE RILKE

DOS POEMAS DE RILKE

La obra de madurez de Rainer María Rilke fue recogida en lo esencial en dos volúmenes de poesía: Los sonetos a Orfeo y las Elegías del Duino, publicados ambos en la Insel-Verlag de Leipzig en 1923. Sin embargo, los poemas allí reunidos habían sido elaborados a lo largo de más de diez años. Así, por ejemplo, la primera de las elegías había sido concebida a finales del año 1911 en el castillo del Duino, a orillas del Adriático, en donde el poeta pasaba una temporada como huésped de su maternal amiga la princesa von Thurm und Taxis. Según contaría luego, un atardecer, cuando salió a

15 de junio 1997 , 12:00 a. m.

observar el horizonte, conmovido acaso por la constelación de la hora crepuscular, escuchó el eco de su propia inspiración en las siguientes palabras: Quién si yo gritase me escucharía entre los órdenes de los ángeles? . Sería el primer verso del extenso poema que comenzaría a elaborar en enero del año subsiguiente, al que seguiría una intensa reflexión: Y si alguno de repente me tomara en su corazón,/ perecería yo por su existencia más fuerte/ pues lo bello no es más que el primer eslabón de lo terrible/ que todavía podemos soportar, y que admiramos/ porque tranquilamente rehúsa destruirnos... .

En Eros y civilización ilustra Herbert Marcuse con uno de los Sonetos a Orfeo su pensamiento, al contrastar la significación de Prometeo como héroe cultural del esfuerzo y la fatiga, la productividad y el progreso a través de la represión con la de Orfeo y Narcizo, cuya imago es la del gozo y la realización, no la voz que ordena sino la voz que canta, el gesto que ofrece y que recibe, el acto que es la paz y la finalización del esfuerzo de la conquista, la liberación del tiempo que une al hombre con Dios y con la naturaleza . Agrega que la literatura ha preservado su imagen: Y era casi una niña, y germinaba de esta dicha sin par de canto y lira y brillaba clara en su primaveral velo y se arrulló en mi oído.

Y en mí durmióse: y todo era su sueño.

Los árboles que admiraba, esa sensible lejanía, la sentida pradera y aquel asombro que a mí correspondía.

En ella dormía el mundo. Oh Dios cantor! Cómo la has concebido que no demandara primero despertar? Mira: nació y durmióse.

En dónde está su muerte? Oh, inventarás aún aquel motivo antes de consumirse tu canción? De otra parte, ya en un poema temprano de su libro Der Neuen Gedichte - Anderer Teil, selección de poesías editadas en 1908 con la dedicatoria: A mon grand ami Auguste Rodin (el gran escultor, que Rilke había conocido a comienzos del siglo, cuando lo visitó con el objeto de preparar una serie de conferencias sobre su obra, permaneciendo un lustro a su lado como secretario y confidente) alcanzaría el joven el nivel de su obra de madurez. En él manifiesta su asombro ante el torso de un Apolo arcaico que todavía hoy podemos admirar en el Louvre: No conocimos su rostro fabuloso en el que maduraron los ojos, pero su torso arde aún como un candelabro donde su mirada, apenas reducida, permanece y brilla.

No podría de otra forma asombrarte la proa de su pecho y en la curva silenciosa de los muslos no correría una sonrisa hacia aquel centro que portó lo fecundo.

Desfigurada estaría la piedra y abrupta la caída transparente bajo los hombros no centellaría cual pelaje de animal rapaz y no irrumpiría desde todas sus orillas como un astro: pues no hay allí ningún lugar que no te observe.

Debes cambiar tu vida.

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