DESPUÉS DE SENDERO... A PROTEGER VICUÑAS

DESPUÉS DE SENDERO... A PROTEGER VICUÑAS

Aquí, en un puesto militar azotado por el viento del altiplano andino, 25 hombres se cuadran, con la mano sobre el corazón, ante un sargento instructor. Algunos de sus camaradas abandonaron nuestro campamento porque les faltaba valor para pelear por nuestra causa , grita el sargento. Pero ustedes han pasado la prueba . Se oye el disparo de un rifle y los soldados corean entusiasmados: Por Dios, por la patria, por la vicuña! .

13 de junio 1997 , 12:00 a.m.

Fogueados en las batallas de la larga guerra de Perú contra las guerrillas, este Grupo Elite de Infantería emprende ahora una nueva misión: proteger a la vicuña, todo un símbolo de la identidad peruana, presente en su literatura y hasta en su escudo nacional.

En sus años de mayor actividad guerrillera, Sendero Luminoso realizó interminables ataques contra la reserva de Pampa Galeras. Y por si fuera poco, durante la misma época, los cazadores furtivos aprovecharon la distracción de las Fuerzas Armadas para sacrificar miles de cabezas y traficar de manera descarada con las cotizadas pieles del animal, en peligro de extinción. A principios de los años 90, en Perú quedaban menos de 50.000 vicuñas. El país tiene las dos terceras partes de la cabaña mundial de la especie.

Hoy, la vicuña experimenta un fuerte resurgimiento gracias a una extraña combinación entre el éxito de la lucha contra la guerrilla y una ola de ecologismo. La aplastante reducción del número de guerrilleros por el Ejército peruano, junto con una campaña contra la caza furtiva, ha producido un sensible crecimiento de la cabaña, que en la actualidad ronda las 90.000 cabezas.

Las manadas de vicuñas se han convertido incluso en una parte del esfuerzo de reconstrucción económica: comunidades del altiplano devastadas por la guerra ganan dinero procesando su lana para fabricantes de ropa de lujo. La vicuña es nuestro aliado en la próxima guerra, la guerra contra la pobreza , dice Alfonso Martínez, encargado de las vicuñas en el Ministerio de Agricultura.

Valor casi mitológico Los peruanos siempre han tomado al animal muy en serio. En la época del imperio de los incas, las capas de piel de vicuña estaban reservadas para la familia real y matar una vicuña era un delito castigado con la muerte. Simón Bolívar _el legendario libertador de América Latina_ admiraba tanto al animal que decretó cuatro meses de cárcel para aquéllos que los cazaran ilegalmente. Agil, sedosa y delicada , es la definición del novelista peruano Mario Vargas Llosa. Con todo, pese a ser un animal astuto, su inteligencia no le protegió de las guerras de guerrillas en el Perú. En Ayacucho _el departamento montañoso que fue cuna tanto de Sendero Luminoso como de la vicuña_ la población de 30.000 vicuñas se redujo por la mitad durante los años 80.

Los primeros años de la década de los 90 fueron el momento crucial en la guerra para salvar no sólo al Estado peruano sino también a la vicuña. Los militares capturaron a los dirigentes de Sendero Luminoso y en el mismo período el gobierno hizo a las aldeas andinas dueñas de la vicuña. Privatizar la vicuña fue el primer paso para crear una industria renovable de la vicuña , dice Martínez del Ministerio de Agricultura.

En efecto, las comunidades del altiplano _que sufrían los estragos de la guerra_ necesitaban algo que les ayudara a salir de agujero. Este pueblo jamás recuperó del Día de Difuntos , dice Salustián Roberto Arias, teniente de alcalde de Lucanas. Se refiere al 2 de noviembre de 1987, cuando 20 senderistas llevaron a cabo un ataque, quemaron el ayuntamiento y media docena de tiendas. Luego, los maoistas sacaron de sus casas a un dirigente político local y siete comerciantes para matarlos a pedradas. Fue equivalente a asesinar a todos los habitantes , dice Arias, uno de los pocos que no se fueron después del ataque.

Ahora que la amenaza guerrillera ha disminuido, la gente ha vuelto a Lucanas y redescubierto los viejos ritos que tienen que ver con la vicuña. Desde 1994, Lucanas y otras comunidades andinas vecinas han resucitado una tradición incaica llamada el chaku, en que los campesinos forman una cadena humana de kilómetro y medio para acorralar a manadas de vicuñas. Entre risas y alcohol, los campesinos sujetan los animales y cortan su lana. Luego liberan las vicuñas, ilesas pero desprovistas de su lana espesa.

Lucanas ha llegado a un acuerdo para cambiar una parte de su cosecha de lana por una nueva central eléctrica que será construida por el gobierno. El procesamiento del resto de la lana ha creado 55 puestos de trabajo que Lucanas necesita desesperadamente. Si no fuera por las vicuñas, ya me habría mudado a la ciudad , dice Ana Senovia, una de estos empleados.

La lana de vicuña, hecha tela por un consorcio peruano-italiano, se vende a unos US$800 el metro, cinco veces el precio de la cachemira. Armani, Lagerfeld, Versace y otras empresas de moda europeas han comenzado a producir ropa hecha de lana de vicuña, aunque no todos pueden darse el lujo de comprarla. En Roma, un abrigo de vicuña puede costar US$10.000; una bufanda, US$1.000.

Sin embargo, en otros países como Estados Unidos, estos artículos no se pueden comprar, por una ley que protege especies en peligro de extinción. El gobierno peruano ha solicitado al Departamento del Interior de EE.UU. que permita la venta de lana de vicuña, siempre y cuando sea tomada de animales vivos.

Algunos ecologistas acusan al Departamento del Interior de demoras burocráticas y dicen que debe apurarse y respaldar al programa peruano. Esto es un ejemplo positivo del conservacionismo, con un final feliz para todos , dice Andrea Gaski, especialista en vicuñas del World Wildlife Fund.

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