Tras las huellas de una heroína olvidada

Tras las huellas de una heroína olvidada

05 de enero 2013 , 12:00 a.m.

Melissa Serrato Ramírez Cultura y Entretenimiento "No hay que dejar las cosas en manos del destino, hay que actuar para cambiarlas". Son algunas de las palabras que rescató la escritora bonaerense Elsa Osorio de las memorias que escribió con su puño y letra Mika Etchebéhère, la militante y rebelde argentina que mandaba, literalmente, entre los 'rojos' de la Guerra Civil española.

Es difícil encontrar el nombre de esta combatiente en los libros de historia; de hecho, parece borrado, como si nunca hubiera existido o como si la cubriera un manto de olvido; por eso, Osorio decidió darle vida a La capitana, una novela que más que nada es un homenaje a esta mujer.

Eso sí, no hay que pensar que se trata de una biografía, a pesar de que Osorio pasó 25 años documentándose y persiguiendo cada pista y huella que había dejado Mika. De hecho, confiesa sin pudor que quedó "subyugada con esta mujer, todo un personaje, que no se hizo capitana porque supiera de tácticas militares, sino porque tenía capacidad para tomar decisiones y ejecutarlas.

¡Siendo mujer, allá en los años 30!", subraya.

Igualmente, hay que tener presente que existen algunos detalles que Osorio 'ficcionaliza', sin que eso implique que desmientan la historia.

Osorio supo por primera vez de Mika cuando el también escritor Juan José Hernández -miembro del grupo Sur- le contó su historia y le dijo, además, que todavía estaba viva. A Osorio la historia de una mujer argentina que había luchado en la Guerra Civil española y no en la de las Malvinas, por ejemplo, le sonaba increíble, y dudó de que fuera un personaje real.

Entonces, se dio a la tarea de averiguar por ella, porque asegura que admira a la gente que lucha. Y a medida que iba avanzando, se iba encontrando con una mujer valiente, aguerrida, fuerte y combativa que no se masculinizó para realizar sus tareas desde el mando. "Hay que ver lo que manda. Y sin gritos", escribe Osorio, y relata cómo les daba jarabe para la tos a sus milicianos (hombres y mujeres, a los que trataba por igual), les conseguía botas y comida, los abrigaba y les daba chocolate caliente. "Lograba mucho desde ese espacio típicamente femenino o maternal, que es dar de comer, sin que eso fuera en contravía con su posición. De hecho, en una entrevista que le hicieron y que yo logré leer decía: 'Los lugares hay que ocuparlos', refiriéndose a que tenía capacidad para mandar y por eso mandó".

La estructura La capitana está atravesada de principio a fin por una pregunta que se planteó Osorio desde que Hernández le habló de Mika: ¿Qué la llevó a ser capitana? Así, a medida que va avanzando en el relato de los orígenes y la incursión de Mika en la guerra, Osorio incluye intercaladamente fragmentos de su propia voz, que diferencia con letras cursivas. En ellos establece cercanía y un diálogo íntimo con ella. "Es como si yo, la autora, le hablara al oído a Mika", remata.

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