RESTAURAR LA CONFIANZA

RESTAURAR LA CONFIANZA

Hace dos semanas una de mis ahijadas hizo su primera comunión. Como su sueño, aparte de recibir a Dios, era tener un perro, decidimos regalárselo.

13 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Mi señora se encargó de conseguirlo. Llamó a un criadero en Medellín y realizó el negocio con un señor Diego Londoño que anunciaba en los avisos clasificados la venta de cachorros de la raza que quería mi ahijada.

El tal señor Londoño le dijo a mi señora que apenas recibiera el giro bancario por el valor del cachorro, se lo enviaba. El giro se hizo pero el perro nunca llegó. Y el señor Londoño desapareció.

Mi señora dijo que eso le pasaba por confiar en la gente.

Unos días más tarde nos encontrábamos en pleno trasteo de oficinas. A la hora del almuerzo se aparecieron tres ladrones en la nueva sede, que se identificaron ante el vigilante como las personas encargadas de arreglar el tapete. Entraron como Pedro por su casa y sólo encontraron mi computador personal para robarse.

Cuando se le preguntó al vigilante qué había pasado, respondió con razón que todo se había imaginado, menos que esos individuos que se habían presentado con tanta seguridad, y a plena luz del día, fueran ladrones. Y agregó, lo mismo que mi señora, que eso le pasaba por confiar en la gente.

A mi señora y al vigilante les sucedió lo mismo que les ha sucedido a millones de colombianos: les menoscabaron la confianza, que es una de las bases fundamentales para el buen funcionamiento de cualquier sociedad.

Si las personas pierden la confianza en los demás; si la gente pierde la confianza en sus instituciones, en sus líderes o en el sistema de justicia; si pierde la confianza en su gobierno, en los medios de comunicación o en su fuerza pública, cómo puede esa gente vivir en sociedad? Le sucede lo mismo que a una familia donde los hijos pierden la confianza de sus padres, o los padres la de sus hijos; o a la empresa donde los trabajadores pierden la confianza de sus patronos, o los patronos la de sus trabajadores: familia o empresa, se destruyen.

Por eso es tan importante reconstruir la confianza entre los colombianos.

No es tarea fácil. Ni se puede hacer de un momento a otro. La confianza es como el prestigio. Se toma mucho tiempo en construirlo, pero se pierde en un minuto.

El famoso escritor e historiador Francis Fukuyama, en su libro sobre el tema, dice que ninguna comunidad puede realmente florecer si la confianza no existe. Hace un paralelo entre las sociedades orientales y las occidentales para demostrar cómo el éxito y el dinamismo económico de las primeras se deben primordialmente a la cohesión social y al trabajo en equipo que se nutren de la confianza.

Porque las normas de conducta de una sociedad no se determinan por las leyes, o los códigos de Policía. Se determinan por los hábitos, las costumbres y la responsabilidad ética y moral de cada individuo. Son las instituciones informales de que hablara el premio Nobel Douglas North.

Y eso es lo que explica que tengamos en Colombia una de las Constituciones más avanzadas del mundo en la protección de los derechos individuales, pero al mismo tiempo seamos el país donde más se violan.

El restablecimiento de la confianza tiene que hacerse con un liderazgo basado en el buen ejemplo, y con una educación que les devuelva a los principios su verdadera importancia. Y para que la gente vuelva a creer en el Estado, la simple lógica dice que lo primero que hay que hacer es ponerlo a funcionar. Si, por ejemplo, la Justicia comienza a operar adecuadamente, la confianza en ella también comenzará a desarrollarse. Y así sucesivamente. Son los círculos virtuosos que es preciso iniciar cuanto antes.

Todo esto apunta a la formación de un concepto que había mencionado antes, y cuya necesidad es más evidente cada día: la del capital social, definido como el conjunto de valores comunes que alimentan la cohesión social y hacen mucho más productiva la vida en comunidad.

De manera que la fe es a la religión lo que la confianza es a la sociedad. Por eso es tan importante hacer lo posible para recuperar la confianza, no sólo para que el tendero de la esquina nos vuelva a fiar, sino para volver a creer en nuestras instituciones. Porque si nadie cree en ellas, no pueden funcionar.

WWW.buengobi.org

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.