TIEMPO COMPARTIDO, OPCIÓN PARA VIAJAR

TIEMPO COMPARTIDO, OPCIÓN PARA VIAJAR

No alquile la habitación, compre el hotel; es más barato , fue la idea de Paul Dummier, un publicista francés encargado de promocionar las ventas de apartamentos y hoteles de baja ocupación hace 30 años.

12 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Su eslogan escondía la fórmula del turismo de tiempo compartido, una modalidad que resultó ser tan exitosa que hoy representa el segmento de mayor crecimiento en el mundo del turismo.

Según datos de la Asociación Estadounidense para el Desarrollo de los Resorts (Arda), la industria del tiempo compartido vende cerca de 5 mil millones de dólares (5 billones de pesos) al año en el mundo y el número de propietarios sobrepasa los 3 millones, lo que significa un incremento del 900 por ciento desde 1980.

El tiempo compartido es el término común para describir el método mediante el cual una persona compra un derecho en una propiedad para pasar en ella un período específico del año, en alta o en baja temporada. Lo usual es que se compre una semana, pero hay viajeros, especialmente latinoamericanos, que prefieren comprar dos y hasta tres semanas al año.

El propietario puede escoger entre una gama de ofertas que van desde apartaestudios que alojan a dos personas, pasando por apartamentos de una habitación para cuatro, o de dos habitaciones para seis, hasta villas o cabañas para doce ocupantes.

Las que más acogida tienen son las de dos habitaciones y la mayor parte de los propietarios son familias con hijos, pero en años recientes empezaron a ofrecerse paquetes para personas solas o parejas sin hijos, porque empezó a crecer la demanda. La mayor parte está en las afueras de las ciudades.

La mayor parte de los usuarios y de los establecimientos están en Estados Unidos (la Florida es el lugar preferido), seguidos de Europa y ahora empiezan a tener fuerza en el Caribe y algunos países latinoamericanos.

El costo promedio de un derecho o una acción por una semana, en un apartamento para seis personas, varía entre los 10.000 y los 19.000 dólares (entre 10 millones y 19 millones de pesos).

El propietario debe pagar una tarifa de mantenimiento anual, la cual cambia según el país y la clase de alojamiento, pero que puede ser del orden de los 300 a los 500 dólares al año (entre 300.000 y 500 mil pesos). Esto le da derecho a usar su semana anual sin hacer pagos adicionales, a menos que pida servicios extra como el de camarera que arregle las habitaciones.

La modalidad de comprar semanas de alojamiento no es la única que existe. Algunas organizaciones ofrecen un sistema de puntos que representan dinero y permiten intercambiarlos no solo por alojamiento, sino también por pasajes aéreos, alquiler de automóviles, entradas a espectáculos y parques recreativos.

Un ejemplo del sistema de puntos es el que ofrece el Club de Vacaciones de Disney. Esto puntos pueden ser intercambiados por semanas en el complejo donde se compró, o también por noches de alojamiento en hoteles como el Plaza de Nueva York, cruceros o entradas a los parques de la organización.

A diferencia de otros sistemas, la persona compra un derecho que no es a perpetuidad y que se extingue en el 2042. Los primeros compradores pudieron disfrutar de un máximo de 50 años.

Según explicaron directivos de Disney, la idea de darle una duración máxima de 50 años obedeció a que no se sabe cuánto van cambiar las costumbres de vacaciones de la gente en ese lapso.

Otra empresa que tiene propiedades vacacionales es Marriot, pero a la vez tiene un club para los clientes que ofrecen sus nueve divisiones y que les permite acumular puntos e intercambiarlos.

Los dueños de propiedades vacacionales sea por semanas o por puntos, pueden afiliarse a una compañía de intercambio por una suma cercana los 70 dólares anuales (unos 70.000 pesos). Esta funciona como una gran bolsa, en la cual todos los socios que quieran depositan sus semanas disponibles y a su vez toman las de otros socios en otro complejo, sin importar dónde esté situado.

Lo que cuenta, en términos generales, es que sean equivalentes en categoría y que la temporada coincida con la que compró el socio. Para ello, el usuario debe pagar una cuota adicional.

El mercado mundial está dominado por dos compañías de intercambio: Interval Internacional que tiene su sede en Miami, y RCI que tiene su sede en Indianápolis, ambas en Estados Unidos. Entre las dos, tienen cerca de 4.000 resorts afiliados en 81 países y 2,2 millones de afiliados.

Hay dos tipos de intercambio: interno que le permite al propietario cambiar su semana de vacaciones por otra semana en la misma propiedad o en una distinta que pertenezca a la misma compañía donde tiene su acción.

El externo se da cuando el propietario cambia su semana por otra en un complejo distinto al suyo y con el cual no tiene ninguna relación. Este tipo de intercambio es mayoritario en todo el mundo.

Lo usual es que la semana vaya de viernes a viernes, pues de otra manera es muy difícil poner de acuerdo a todos los socios para que entren y salgan de las habitaciones o los apartamentos en fechas coincidentes con las de los demás.

Las posibilidades que ofrece el intercambio también son múltiples y permiten acumular el tiempo de una temporada, o hacer las reservas a último momento, aunque lo recomendable es que no se deje todo para última hora porque hay que tener en cuenta que la confirmación de la solicitud está ligada a la disponibilidad de alojamiento.

Derechos de los compradores Luchar por la expedición de legislaciones particulares en todos los países donde haya desarrollos de tiempo compartido es una de las tareas de las empresas de intercambio y de la Asociación Estadounidense para el Desarrollo de los Resorts (Arda).

En una reciente reunión de Arda en Estados Unidos, Craig Nash, presidente de Interval International, les dijo a periodistas latinoamericanos que una de las mayores preocupaciones de la compañía que dirige es el hecho de que no en todos los países existen regulaciones precisas al respecto y cuando alguno de los complejos quiebra, los usuarios tienden a responsabilizar a la empresa de intercambios.

Por eso, insistió en que entre sus actividades está el apoyar la expedición de leyes propias de cada país que le ofrezcan seguridad al usuario de que está comprando un producto serio y legítimo, al tiempo que celebró que en Colombia ya se promulgó dicha ley.

En la misma reunión con periodistas, María Deligiorgis, abogada de Arda, dijo que esa legislación debe buscar que todos compitan en igualdad de condiciones y dejar por fuera del mercado las empresas que no ofrecen garantías a los compradores.

En su opinión los puntos básicos de protección al consumidor son: *Decirle exactamente y por escrito qué está comprando, a qué tiene derecho, y cómo debe usarlo, especialmente en los mercados nuevos, donde las propiedades vacacionales apenas están surgiendo. Es importante hacerlo leer la letra menuda.

* Darle el derecho de arrepentirse de la compra unos días después de haber hecho el negocio. En términos generales es de 7 a 10 días. En estos casos, dice Deligiorgis, a la gente le deben devolver su dinero y es precisamente aquí donde se han dado los casos de estafa a los compradores.

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