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UNA FELIZ PAZ DE PAPEL

UNA FELIZ PAZ DE PAPEL

La paz temporal sobre la que cabalga Colombia puede explotar de la noche a la mañana en mil pedazos. Una lectura del cruce de hechos que han sucedido en los últimos días así lo anuncia. El intercambio de acusaciones entre autodefensas del Magdalena Medio y Pablo Escobar Gaviria que antes fueron aliados circunstanciales lo que señala es una nueva versión de la guerra sucia, en una región que ha sido escenario favorito de guerrillas, autodefensas, narcos y paramilitares.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Ahí, se cuece un conflicto: Escobar ha amenazado a los jefes de las autodefensas y estos se han declarado públicamente enemigos del capo.

De otro lado crecen la posibilidad de que Diana Turbay y compañía estén en manos del jefe del Cartel. Sí es así, con qué intención? Tal vez poner sus propias condiciones para solucionar el conflicto narcosGobierno.

Lo cierto es que si la hija del ex presidente Turbay está en poder del barón de la droga, éste demuestra que por ahora su voluntad no es, precisamente, la de entregarse a la Justicia de buenas a primeras, tal como lo sugiere el decreto 2047.

El Gobierno ha dicho que la medida es una determinación unilateral y que no irá más allá. Entonces, en esa diferencia de criterios se cocina otro choque, de alguna manera anunciado en una frase del último comunicado de la mafia: por ahora no estamos interesados en reactivar los atentados dinamiteros en ninguna parte del país .

Y el asunto aún no termina. Mientras el gobierno sigue izando la bandera del revolcón a la Justicia, ayer fue pusto en libertad un grupo de hombres al servicio del Cartel, casi que a la misma hora en que uno de los más temibles jefes narcoterroristas Jaime Eduardo Rueda escapaba de La Picota.

Ese sistema judicial, que dejó libres a los amigos de Escobar, es el mismo que empezaría a juzgar mañana a los capos que se entreguen. Y, ese sistema carcelario, burlado de nuevo, es también el mismo que cuidaría a los barones de la droga que confiesen sus penas.

Así, una justicia débil y unas cárceles de papel, permiten augurar que los capos manejarían los procesos a su antojo, y que, además, serían más bien los jefes de las prisiones a donde sean recluidos.

Para completar ese mapa tan poco alentador, el ELN sigue asesinando policía al norte de Colombia. Ojo, señor Presidente.

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