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CONSEJO DE DEFENSA, GRAN RECTOR DEL ORDEN PÚBLICO

CONSEJO DE DEFENSA, GRAN RECTOR DEL ORDEN PÚBLICO

Algo tímido, hincha del Santa Fe y miembro de la nueva generación de colombianos que arañan el encanto del poder. Se llama Rafael Pardo Rueda y es el Consejero Presidencial para la Seguridad Nacional. Ahora, tras impulsar el proceso que silenció los fusiles del M-19 juega sus cartas en otra aventura de marca mayor: reactivar, siguiendo directrices presidenciales, el Consejo Superior de la Defensa, una suprajunta que orientará el manejo del orden público.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

EL TIEMPO lo visitó, cuando apenas desempacaba sus trastos, para preguntarle sobre la tarea del Consejo, su visión de la guerrilla, el decreto de la autoconfesión...

Modesto, casi que al extremo. Amante de la música de los sesenta y de algunos boleros inolvidables: María Bonita, Madrigal, Como dos puñales. Es un buena gente sin remedio. Se trata de Rafael Pardo Rueda, el nuevo consejero Presidencial para la Seguridad Nacional.

Apenas está desempacando sus trastos en una pequeña oficina. Desde ahí, muy cerca del corazón del poder, cumple ya la tarea de aconsejar al Presidente en sus decisiones más importantes, las que tienen que ver con la seguridad nacional: narcoterrorismo, guerrilla, paramilitares...

Pero no es sola esa la labor de este hombre que visitó muchas veces el frío recodo sobre el que se levanta el villorrio de Santo Domingo, en Cauca, para cranear con Carlos Pizarro Leongómez, el ingreso del M-19 a la vida legal.

Su Consejería va más allá de la asesoría: cumplirá un interesante rol práctico con la reactivación del Consejo Superior de la Defensa: una suprajunta integrada por ocho ministros, el comandante general y el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas sobre la que va a descansar la responsabilidad del manejo de los grandes problemas del orden público de Colombia.

Pardo va a participar en tal organismo ocupando un importante asiento: la Secretaría Ejecutiva. El Consejo no es nuevo, nació con un decreto de Estado de Sitio hace 25 años. Sinembargo, su presencia en la vida nacional había sido hasta ahora intermitente.

EL TIEMPO visitó al consejero presidencial en su despacho, para conocer sus impresiones sobre las áreas en las que sus opiniones deberán ser tenidas muy en cuenta. Cuál es en concreto la tarea de la Consejería? Asesorar al Presidente con elementos de análisis frente a los tópicos de la seguridad nacional, participar, siguiendo las instrucciones del Presidente, en las reuniones del Consejo Superior de la Defensa Nacional y del Consejo Superior de Policía. Todo en aras de un objetivo: devolverle al país la tranquilidad. Usted va a estar trabajando con militares, no se siente en el papel de una especie de piedra en el zapato? No. He encontrado muy buen ambiente en los organismos armados donde se va a cumplir una tarea de coordinación y asesoría. Además, varios militares activos, con mucha capacidad de análisis, van a acompañarme en esta Consejería. Con la reactivación del Consejo de la Defensa y del Consejo de Policía, además del Consejo de Seguridad, no se presenta una multiplicación burocrática de entes que bloquean la toma de decisiones? No, los integrantes son prácticamente los mismos. Se van a revisar las funciones de esos organismos y a simplificar las estancias de decisión. Eso quiere decir que con la reactivación del Consejo Superior de la Defensa desaparece el Consejo de Seguridad? Se va a evaluar esa situación, pero todavía no hay una decisión al respecto. Lo que está claro es que el Consejo Superior de la Defensa va a diseñar estrategias de respuesta frente a los problemas de violencia en todos su órdenes. Qué quiere decir en todos sus órdenes? Que además de plantear salidas frente a los grandes problemas guerrilla, narcos, terrorismo se van a abordar otros tipos de violencia que configuran también grandes perturbaciones de la vida nacional. Como cuáles? Como el secuestro que este año ya superó la cifra total de secuestros de 1989, mientras los índices de homicidios disminuyen. Ahí, hay que trabajar. Haciendo qué? Con la puesta en marcha de estrategias interinstitucionales desde el Consejo Superior de la Defensa, buscando más solidaridad ciudadana, mayor presencia de las autoridades. Lo fundamental para empezar es la conciencia de que el Gobierno no puede estar impasible frente a un fenómeno de esa dimensión. Qué otro ámbito de trabajo concreto habrá? Mire, hay agentes nacionales de violencia. Pero también hay patrones regionales. La violencia del Cesar es diferente a la violencia urbana de Medellín. Por eso hay que trabajar, sin descuidar los agentes nacionales, en una especie de regionalización de las respuestas, en una tarea que implique la participación de las entidades de cada zona. Además, y muy importante también, hay que diseñar planes para preservar las zonas de paz que hoy tiene el país: la región cafetera, buena parte de los Llanos Orientales, Boyacá... Y el Consejo Superior de Policía que tarea va a cumplir? Desde ahí se va a trabajar en el ámbito de la seguridad. Pero también en el rescate del acercamiento del policía al ciudadano con labores en defensa de la moral, la salubridad, la ecología... Además se buscará una policía que trabaje más en la prevención que en la represión. Usted viene de hacer la paz con el M-19, ahora se va a encontrar con la violencia del ELN. Qué cree que se debe hacer en ese frente de guerra? Es muy simple creer que solo hay guerra o paz. Lo que se busca es una política integral. Por eso hay múltiples ángulos de trabajo: vigorosa acción de la fuerza pública, presencia del Estado, alternativas a quien deje el delito... Sí, pero el ELN no da muestras de querer cambiar su posición de guerra. Si el ELN no cambia es necesario el ejercicio pleno de la autoridad. Pero tal vez ellos lleguen a entender que la opción de lucha armada no tiene futuro. Hay un consenso nacional en contra de la violencia, así lo demostraron los votos a favor del M-19 y de la Constituyente. Hoy la guerrilla es un freno real al desarrollo político de la izquierda civilizada, le quita espacio. Por qué? Vea, para hablar de la política petrolera, por ejemplo, el lenguaje no puede ser el de los atentados dinamiteros, eso le resta legitimidad y bloquea a quien desde la democracia tiene reparos a esa política. Hoy no hay un solo elemento del proyecto político de los alzados en armas que no sea posible de discutir desde el sistema democrático colombiano. De cara al fenómeno del narcoterrorismo, si cree que el decreto de la autoconfesión y no extradición, va a permitir que se entregue Pablo Escobar? El decreto no tiene nombre propio, forma parte de una estrategia mayor que tiene la intención de fortalecer la Justicia en Colombia para que la extradición no sea el mecanismo central ni único. Pero usted si cree que los grandes capos se van a entregar? Es posible que sí, el Estado dentro del marco de derecho ha ofrecido una alternativa. Pero le repito que el decreto no tiene nombre propio. Y si no se entregan y vuelve el narcoterrorismo? Mire, sobre hipótesis no se pueden construir políticas por anticipado. El Presidente ha dicho que la evaluación del decreto se hará sobre su marcha, todavía es prematuro entrar a calificar sus resultados. De la academia a la realidad Es un tipo bien, con la capacidad de despertar afectos y lealtades por donde va caminando. Nació en Bogotá, el 26 de noviembre de 1953. Forma parte de la generación de colombianos que crecieron al ritmo del Frente Nacional, la música de los Beatles, y los finales de infarto en la vuelta a Colombia en bicicleta.

Rafael Pardo ha tomado partido del lado de la cofradía de cerebros jóvenes empeñados en cambiar la realidad nacional, herederos del sector ascendente de la clase media y poco expertos en los intríngulis de la política.

La paz de Colombia y la vigencia de una democracia vigorosa son los presupuestos sobre los que trabaja, ajeno a cualquier obsesión.

Algo tímido, de voz pausada y acento que suena frágil frente a los micrófonos. Hincha del Independiente Santafe, devorador de churrascos y dueño de un espíritu sedentario. El descanso para él, es sinónimo de hogar, televisión, un libro, y la companía de su esposa Claudia de Francisco y su pequeña hija.

La dinámica de la vida lo ha obligado a pulir el que podría ser su principal talón de Aquiles: una visión muy académica del mundo y sobre todo de la realidad colombiana, tejida en los años de estudio de economía en la Universidad de Los Andes, durante su especialización en el Instituto de Estudios Sociales en La Haya, Holanda, y con su paso por la dirección del Centro de investigaciones sobre desarrollo social en los Andes.

Pero después el contacto frecuente con la otra Colombia, la del azadón y los rostros curtidos por el sol, la de las marchas campesinas, cuando dirigía la Secretaría de Integración Popular y cuando acompañaba a Carlos Ossa en la Consejería para la Paz, le han enseñado la otra cara de la moneda.

Sus frecuentes viajes a Santo Domingo (Cauca), para diseñar un espacio democrático para el M-19, han ampliado el círculo de su lectura de la realidad colombiana.

Ahora, entre militares y civiles, hablando del orden público con frecuencia, ampliará su perfil de estudioso de la problemática nacional y de sus alternativas de salida. Su rol, quiéralo o no, será protagónico en la administración que apenas despega.

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