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JULIAN BETANCUR

JULIAN BETANCUR

Física, pedagogía y juego. De ese triángulo se nutre su personalidad. También su obra más original: el Museo de la Ciencia y el Juego de la Universidad Nacional, único en el país. Fiel a los chispazos de inspiración que lo visitan inesperadamente, concibió la idea mientras dictaba clase de física en la universidad. Es una de sus tareas hace 15 años.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
18 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Pulió el proyecto en el laboratorio, donde se enclaustra por horas en estudios de crecimiento de cristales y producción de silicio. Y, hace más de un año, abrió las puertas del museo donde niños y grandes se divierten con 150 montajes de ondas, oscilaciones, percepción óptica y enlaces químicos.

Guiado por sus instintos de escorpión y por el idealismo de la generación de los sesentas, escribió hace dos años la primera historieta de difusión de la ciencia en el país: Kike. Además, participó en la Feria de Innovaciones Educativas, en la Didacta Interamericana y en Expociencia.

Académicamente formado en Colombia con master en física, se sumergió hace dos años en un proyecto con el grupo de Altas Temperaturas y Superconductividad de la Nacional: diseñar tres técnicas para preparar material superconductor, clave en la tecnología moderna de computación.

Es un trabajo en equipo que acaba de obtener el Premio Nacional de Ciencia de la Fundación Alejandro Angel Escobar.

Con parte del dinero que él recibe comprará obras de autores rusos y latinoamericanos, sus preferidos. Afición que comparte con su esposa, la tecnóloga química Esperanza Morales, y que intenta inculcar a sus dos hijos.

Ellos saben del desorden, el despiste y la dificultad para madrugar de Julián Betancur. Un bogotano que pudo dejar el cigarrillo luego de fumarse dos paquetes diarios, pero no la rumba. La salsa, sobre todo, la goza desde que era integrante del ballet folclórico de Delia Zapata.

Hoy, a los 42 años, conserva la nostalgia de la generación de la utopía, sus años de estudiante tira-piedra, y el idealismo combativo de los sesentas.

A ello, antes que a la superconductividad, dedicó su discurso al recibir este premio nacional.

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